Editorial
El silencio de la Jerarquía ante las causas de la crisis
Al comienzo pudimos creer que la crisis había aparecido como algo inevitable como un fenómeno de la naturaleza. Después hemos ido sabiendo las causas, los principios sociales y económicos que la han guiado, la perversidad de los acuerdos, la crueldad de sus agentes a pesar de ser conscientes de los efectos malignos de sus decisiones, la inmoralidad de un sistema que abandona a millones de personas al paro o sin vivienda, a jóvenes sin esperanza y a los sectores mas frágiles de la población sin subsidios ni servicios. Con la crisis ha crecido con velocidad pasmosa lo que Juan Pablo II llamó “estructuras de pecado”. Pero nuestros obispos callan.
Quizá también creímos que, como la tormenta, la crisis afectaría a todos por igual. Después hemos visto que hay quien saca provecho con el desastre colectivo. Los hemos podido identificar con sus nombres y vinculaciones a los grandes negocios, empresas, bancos (p.ej., los que forman Ibex-35). Ni ellos mismos se privan de publicar cómo a pesar de la desgracia de la mayoría, se aumentan el sueldo, incrementan escandalosamente sus beneficios y algunos siguen robando (el fraude fiscal calculado en España oscila entre los 40.000 y 80.000 millones de euros, aproximadamente la misma cantidad de los recortes). Además de lo estructural hay, pues, también responsabilidades individuales. Estamos hablando de situaciones inmorales y delitos graves. Ante esto los obispos callan igualmente.
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