VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 
Milenio, México (Publicado en Atrio)
Entrevista a José Barba, víctima y acusador de Marcial Maciel.

Nueve años después, justo el día de la condena vaticana al padre Maciel, la productora del programa de CNI/Canal 40 sobre los abusos sexuales del fundador de los Legionarios de Cristo entrevista a uno de los acusadores más emblemáticos de entonces y de hoy.

Lleva una década dando públicamente esta batalla. Y una vida marcada por la memoria de los abusos de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Por eso llama la atención que José Barba se muestre tan cauto con la decisión del Vaticano de sancionar a Maciel. Pero así ha sido él todo el tiempo en esta historia. Por eso afirma que no se hizo justicia completa y anuncia la intención del grupo de trasladar el caso a los tribunales internacionales.

¿Cómo valora el comunicado que emitió el Vaticano sobre el padre Marcial Maciel?

La determinación emitida por la Santa Sede constituye un señalamiento que debe ser cuidadosamente evaluado. Es una lástima que la forma en que se ha presentado esta salida pueda parecer a muchos un simulacro de justicia y sugerir que la Iglesia está practicando, como otras veces, el doble discurso. Además, no es una condena, pues solamente se le ha invitado a retirarse a meditar.

Pero sí se le suspenden sus privilegios sacerdotales.

Se le limitan. La preocupación de evitar el escándalo se nota en el hecho de que le prohíben decir misa en público, confesar o distribuir la comunión. A un sacerdote inocente no se le prohíbe esto.

Pese a la sanción impuesta, el Vaticano decide no abrir un proceso jurídico en su contra.
¿Por qué?

Porque el proceso formal conllevaría seguramente la condena. Con un proceso formal tendría el Vaticano, además, que alargar el juicio durante la enfermedad de un hombre ya muy mayor y, por ello, probablemente podría no concluirse. Pero, sobre todo, quedaría la Santa Sede comprometida al tocar al jefe de una congregación internacional poderosamente contribuyente. Tendría que habérsele juzgado. El no hacerlo ha introducido la evidencia de una acepción de personas, que lo exime de la posición de hombre bajo la ley, como todos los otros hombres.

Por lo visto, entonces, el castigo del Vaticano no cumple sus expectativas.

Ante todo, en términos jurídicos, no se puede hablar de castigo. Lo que aparece es que la Santa Sede, a través de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ha invitado a Marcial Maciel a retirarse, a meditar. En la forma se ha pretendido hacer justicia, pero jurídicamente se ha jugado con medidas ambiguas que pueden paliar temporalmente el compromiso de la Iglesia con los derechos humanos, pero que dejan abiertas cuestiones muy graves, que seguirán haciendo daño a la misma Iglesia y a la sociedad.

¿No se hizo justicia?

No siento que se haya hecho justicia. Los mismos demandantes hemos sido utilizados como informantes simplemente. El Vaticano dio a conocer un boletín de prensa a la sociedad sin tener la menor consideración ante las víctimas que presentaron la demanda. Además, la acusación fundamental, que daba título a nuestra querella, es De absolución del cómplice, y este delito conllevaría, ipso facto, la excomunión.

¿Para ustedes el Vaticano no tuvo ni una palabra?

Ni una.

¿Qué impresión le deja la respuesta de los Legionarios de Cristo, afirmando que Maciel acepta la sanción impuesta por el Vaticano?

Ese comunicado manifiesta ya una de las consecuencias creadas por la ambigüedad que ha introducido el mismo documento vaticano: esa voluntad de simular el ejercicio de la justicia, al mismo tiempo que evitar la confrontación social, deja aberturas aprovechables por parte de quienes quieran probar lo contrario de la intención vaticana, que cualquier analista inteligente podrá descubrir.

El boletín de la Santa Sede deslinda a la congregación de los Legionarios de Cristo, e incluso hace un reconocimiento a su apostolado.

Este punto es relativamente más controversial. Sin embargo, al haberse castigado a Maciel, retirándolo del contacto con la Legión de Cristo y de la labor pastoral, queda manifiesto el cercenamiento del tronco, que queda separado del resto del árbol. En términos lógicos y botánicos, ¿cabe pensar que el tronco cercenado por malo no afectó a la propia obra fundada y creada por él?

¿Qué reacciones esperan de los poderosos que han apoyado a Maciel en México?

Variadas. Sabemos que ha habido grandes desilusiones entre personas, poderosas o no, que confiaban en el padre Maciel. Los hombres inteligentes de nuestra sociedad sabrán leer los presentes acontecimientos con capacidad analítica y sacarán conclusiones racionales.

¿Cabría esperar todavía una disculpa pública de Maciel con ustedes, sus víctimas, sus
denunciantes?

Nosotros tenemos evidencias más que suficientes para saber que ni Marcial Maciel ni los Legionarios de Cristo ofrecerán disculpas jamás. Y menos por los abusos sexuales de Maciel sobre tantas víctimas inocentes dentro de la Legión: el ofrecimiento de una disculpa equivaldría a un reconocimiento de sus propios errores y culpas. Y tanto él como ellos están psicoconstitutivamente incapacitados. Me refiero a los representantes de la jerarquía interna de la Legión.

¿Es ésta la derrota definitiva del padre Maciel?

La derrota mayor de un hombre no está en la dimensión social o en el fracaso de sus ambiciones, está en la quiebra interior de su espíritu. Y en su ámbito interior hace mucho, muchísimo tiempo de su vida, que Marcial Maciel ha sido derrotado por su propio coctel de vicios.

¿Es el fin del caso Maciel para ustedes?

El largo camino recorrido y el esfuerzo sostenidos por cada uno de nosotros como acusadores y demandantes, con responsabilidad social y eclesial, han fortalecido nuestra voluntad y purificado nuestras intenciones. Creemos que nuestra lucha es un doloroso, pero necesario servicio a la sociedad y a los mejores elementos de la Iglesia. Nos queda por delante luchar en el ámbito de la jurisprudencia internacional hasta persuadir a la trinidad Iglesia-Santa Sede-Vaticano que, además de ser fieles católicos, somos también ciudadanos con derechos humanos que la Iglesia tiene que respetar, aceptar y adoptar.

¿Entonces veremos que el caso Maciel pasará de los tribunales eclesiásticos a las cortes internacionales?

Sí, definitivamente.

Marisa Iglesias

   
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