VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

descarga1“Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: Chaparrón tenemos… Si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?” (Luc 12, 54-55). Es el ejercicio que nos propone Francisco en su Carta Pastoral Fratelli Tutti. Hoy seleccionamos algunas de sus orientaciones para “interpretar el presente”. En otro editorial posterior presentaremos sus propuestas sobre “lo que se debe hacer”.

“Si todo está conectado, dice, es difícil pensar que este desastre mundial no tenga relación con nuestro modo de enfrentar la realidad” (34). “La pandemia ha evidenciado que, a pesar de estar hiperconectados, existe una fragmentación que vuelve difícil resolver los problemas que nos afectan a todos” (7).

Algunos síntomas: “Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano que puede vivir sin límites… Vimos lo que sucedió con las personas mayores en algunos lugares del mundo a causa del coronavirus. No tenían que morir así, cruelmente descartados” (18).

Cuando se desató la pandemia, vimos hospitales desbordados, personal sanitario obligado a trabajar prácticamente sin ningún equipo de protección, residencias de ancianos convertidas en morgues, gente formando largas colas para hacerse test.

Presenta la parábola del Samaritano como imagen de lo que estamos viviendo: “Un hombre que cayó en manos de unos ladrones, quienes, después de despojarlo y herirlo, se fueron, dejándolo por muerto”. Los salteadores de la parábola: “Hemos visto avanzar las sombras del abandono, de la violencia utilizada con intereses de poder, acumulación y división” (72). Grandes mayorías despojadas de sus derechos y de la vida.

Y traza un diagnóstico de causas y responsables: “Los ancianos que murieron por falta de respiradores, en parte como resultado de sistemas de salud desmantelados año tras año” (35). “El mundo avanza hacia una economía que, utilizando los avances tecnológicos, procura reducir los costos humanos, los costes laborales y pretenden hacernos creer que basta la libertad de mercado para que todo esté asegurado” (33). “La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos” (168).

Un Comunicado de los relatores de la ONU sobre los derechos sociales denuncia: “El coronavirus revela los efectos catastróficos de la privatización de servicios básicos. La conversión de los servicios públicos en producto financiero ha resultado en un aumento de los precios, el deterioro de su calidad y la precarización de las condiciones laborales de sus trabajadores. Las empresas privadas se dedican a maximizar sus beneficios y no responden a los intereses públicos, sino a los de sus accionistas”.

Mecanismos de despojo que se consolidan con la globalización de las relaciones internacionales: “La inequidad no afecta sólo a individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales… La globalización se concreta, de hecho, en la libertad de los poderes económicos para invertir sin trabas en todos los países. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales” (12). «El derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso se ve fuertemente dificultado por el pago de la deuda que no sólo no favorece el desarrollo, sino que lo limita y lo condiciona fuertemente” (126).

En relación con la naturaleza, los bancos y grandes fondos de inversión están invirtiendo masivamente en tierras y recursos naturales: “Ese cuidado de la casa común no interesa a los poderes económicos que necesitan un rédito rápido. Frecuentemente las voces que se levantan para la defensa del medio ambiente son acalladas o ridiculizadas, disfrazando de racionalidad lo que son sólo intereses particulares” (17).

Lo que está provocando desposesión de tierras a las comunidades locales (al destinarlas al monocultivo y agricultura intensiva), envenenamiento del suelo, deforestación, pérdida de biodiversidad y la destrucción del medio ambiente, que está también en el origen de las pandemias

Nos encontramos ante dos lógicas, dos posturas ante la vida y ante la organización de las relaciones sociales y medioambientales: por una parte, la lógica del reconocimiento universal de los Derechos Humanos proclamados por la ONU en 1948 que dio lugar a los Estados de Bienestar. Por otra, la lógica de la acumulación de beneficios económicos por la desposesión de esos mismos Derechos Humanos reconocidos en las constituciones políticas.

Thomas Piketty documenta en El Capital en el siglo XXI este proceso de concentración de la riqueza y el aumento de las desigualdades: En treinta años (1978-2007) el PIB de EE. UU pasó de 2’5 billones a 14’7 billones. Pero, si en 1978 los ingresos estaban repartidos entre el 10% más rico y el 90% más pobre en una relación 33:67, en 2008 pasó a estar en una relación 50:50.

El mismo padre del liberalismo económico lo reconoce: “La tasa de beneficio del capitalista es baja en los países ricos y alta en los países pobres; y nunca es tan alta como en aquellos países que con la mayor celeridad se precipitan a su ruina… El interés del capitalista es siempre distinto al interés del público y con frecuencia abiertamente opuesto a él” (A. Smith, La riqueza de las naciones).

   
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