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Colectivo Noviolencia en Acción (NenA). http://colectivonena.blogspot.com/
A su llegada a las Islas Antillas, Cristóbal Colón escribió: . Nos trajeron loros y bolas de algodón y lanzas y muchas otras cosas más que cambia- ron por cuentas y cascabeles de halcón. No tuvieron ningún inconveniente en darnos todo lo que poseían… Eran de fuerte constitución, con cuerpos bien hechos y hermosos rasgos… No llevan armas, ni las conocen. Al enseñarles una espada, la cogieron por la hoja y se corta- ron al no saber que era. No tienen hierro. Sus lanzas son de caña… Serían unos criados magníficos… con cincuenta hombres los subyu- garíamos a todos y con ellos haríamos lo que quisiéramos.

.Nada más llegar a las Antillas, en las pri meras Antillas, en la primera isla que en contré, atrapé a unos nativos para que apren dieran y me dieran información sobre lo que había en esos lugares.

La Hispaniola es un milagro. Montañas y co linas, llanuras y pasturas, son tan fértiles co mo hermosas… los puertos naturales son in creíblemente buenos y hay muchos ríos an- chos, la mayoría de los cuales contienen oro…. Hay muchas especias, y nueve grandes minas de oro y otros metales…
.Los indígenas son tan ingenuos y generosos con sus posesiones que nadie que no les hubie- ra visto se lo creería. Cuando se pide algo que tienen, nunca se niegan a darlo. Al contrario, se ofrecen a compartirlo con cualquiera… (Concluyó el informe a Sus Majestades, y ofreció que, a cambio, en su viaje les traería) ”cuanto oro necesitase… y cuantos esclavos pidiesen”, (prodigándose en expresiones de ti- po religioso): “Es así que el Dios eterno, Nues tro Señor, da victoria a los que siguen su ca- mino frente a lo que aparenta ser imposible”

Así actúo Cristóbal Colón
.Colón no encontró oro, pero a su regreso a Es paña tenía que llevar algún dividendo, por lo que en 1945 realizó una gran incursión en busca de escla vos, capturando a mil quinientos hombres, mujeres y niños arawaks, les retuvieron en corrales vigila dos por españoles y perros, para luego escoger los mejores quinientos especímenes y cargarlos en na- ves. De esos quinientos, doscientos murieron du- rante el viaje. El resto llegó con vida a España para ser vendidos por el arcediano de la ciudad, que anunció que, aunque los esclavos estuviesen “desnudos como el día que nacieron” mostraban “la misma inocencia que los animales”.

Colón escribió más adelante: “En el nombre de la Santa Trinidad, continuaremos enviando todos los esclavos que se puedan vender”
.Colón desesperado por la necesidad de de- volver dividendos a los que habían invertidos dinero en su viaje, tenía que mantener su pro- mesa de llenar sus naves de oro. En la provin- cia de Cicao, en Haití, donde él y sus hombres imaginaban la existencia de enormes yacI mientos de oro, ordenaron que todos los ma- yores de catorce años recogieran cierta can- tidad de oro cada tres meses. Cuando se lo traían, les daba un colgante de cobre para que lo llevaran al cuello. A los indígenas que encon traban sin colgante de cobre, les cortaban las manos y se desangraban hasta la muerte. Los indígenas que huían eran cazados por perros y asesinados.

Entre los arawaks empezaron los suicidios en masa con veneno de yuca. Mataban a los ni ños para que no cayeran en las manos de los españoles. En dos años la mitad de los 250.000 indígenas de Haití habían muerto por asesinato, mutilación o suicidio.
Cuando se hizo patente que no quedaba oro, a los indígenas los hacían esclavos para las grandes haciendas o “encomiendas”. Se les hacía trabajar a un ritmo infernal, y morían a millares. En el año 1515, quizá quedaban cin cuenta mil indígenas. En el año 1550, habían quinientos. Un informe del año 1650 revela que en la isla no queda ni uno solo de los ara waks autóctonos, ni de sus descendientes.

La pareja en la sociedad indígena
La sociedad india trataba tan bien a las mujeres que los españoles quedaron atónitos. Fray Bartolomé de Las Casas describe las relaciones sexuales:
“No existen las leyes matrimoniales: tanto los hombres como las mujeres escogen sus parejas y las dejan a su placer, sin ofensa, celos ni enfado. Se reproducen a gran ritmo; las mujeres embara zadas trabajan hasta el último minuto y dan a luz casi sin dolor; al día siguiente se levanta, se bañan en el río y quedan tan limpias y sanas como antes de parir. Si se cansan de sus parejas masculinas, abortan con hierbas que causan la muerte del feto. Se cubren las partes vergonzantes con hojas o trapos de algodón, aunque por lo general, los indí genas -hombres y mujeres– ven la desnudez total con la misma naturalidad con la que nosotros mira mos la cabeza o las manos de un hombre”

La generosidad de los indígenas
“Los indígenas no dan ninguna impor tancia al oro y a otras cosas de valor. Les falta todo sentido del comercio, ni compran ni vende, y dependen entera- mente de su entorno natural para so brevivir. Son muy generosos con sus posesiones y por la misma razón, si de- seaban las posesiones de sus amigos, esperan a ser atendidos con el mismo grado de generosidad”

Las Casas habla del tratamiento de los indígenas a mano de los españoles:
“Testimonios interminables… dan fe del tempe ramento benigno y pacífico de los nativos… Pero fue nuestra labor la de exasperar, asolar; matar, mutilar y destrozar; ¿a quién puede extrañar, pues, si de vez en cuando intentaban matar a algu no de los nuestros?… El almirante, es verdad, fue tan ciego como los que le vinieron detrás, y tenía tantas ansias de complacer al Rey que cometió crímenes irreparables contra los indígenas…”

El control total conllevó una crueldad igualmen te total. Los españoles “no se lo pensaban dos ve ces antes de apuñalarlos a docenas y cortarles pa ra probar el afilado de sus espadas”. Las Casas ex plica cómo “dos de estos supuestos cristianos se encontraron un día con dos chicos indígenas, cada uno con un loro; les quitaron los loros y para su ma yor disfrute, cortaron las cabezas a los chicos”

Actos tan extraños a la naturaleza humana
Mientras los hombres eran enviados muy lejos, a las minas, las mujeres se quedaban para trabajar la tierra. Les obligaban a cavar y a levantar miles de elevaciones para el cultivo de la yuca, un trabajo insoportable:
“De esta forma las parejas solo se unían una vez ca da ocho o diez meses y cuando se juntaban, tenían tal cansancio y tal depresión… que dejaban de procrear. Respecto a los bebés, morían al poco rato de nacer por que a sus madres se les hacía trabajar tanto y estaban tan hambrientas, que no tenían leche para amAmantar los, y por esta razón, mientras estuve en Cuba, murieron
7.000 niños en tres meses. Algunas madres incluso lle garon a ahogar a sus bebés de pura desesperación… De esta forma, los hombres morían en las minas, las muje res en el trabajo, y los niños de falta de leche… y en un breve espacio de tiempo, esta tierra, que era tan magnífica, poderosa y fértil… quedó despoblada…. Mis ojos han visto estos actos tan extraños a la naturaleza humana, y ahora tiemblo mientras escribo…

Así empezó la historia
Cuando llegó a Hispaniola en 1508, Las ca sas dice: “Vivían 60.000 personas en las islas, incluyendo a los indígenas; así que entre 1494 y 1508, habían perecido más de tres millones de personas entre la guerra, la esclavitud y las minas, ¿Quién se va a creer esto en futu- ras generaciones?
Así empezó la historia de los pueblos indí- genas de América, una historia de conquista, de esclavitud y muerte. Pero en los libros de historia que se da a generación tras genera ción de estudiantes, todo empieza con una aventura heroica – no una sangría– y el 12 de Octubre se convierte en un día de celebra- ción.

   
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