VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

untitled2La elección de un nuevo Parlamento y un nuevo Gobierno en la coyuntura actual no debería ser un ejercicio rutinario, irresponsable y banal. El pueblo español (y por extensión el de la UE) necesita recuperar la soberanía que se ha dejado arrebatar por los poderes fácticos.

Por más que se quiera ignorar, una simple mirada al momento presente no puede evitarnos un “ejercicio de amargura”: con un planeta parcialmente devastado y masas de personas convertidas en residuos,  se diría que el sistema ha declarado la guerra a la vida.

No se precisa mucha agudeza mental para detectar las raíces más hondas de esta situación. La propiedad privada se ha impuesto como dogma casi absoluto sobre la propiedad pública; la economía especulativa, sobre la productiva;  y el mercado libre, para el que todo es objeto de compra-venta, convierte en mercancía  hasta los más nobles sentimientos. El trabajo humano está perdiendo su dignidad: trabajar ya no es un derecho de la persona frente a la prepotencia y usura del capital,  y, en este estado de fragilidad, de poco o de nada sirve la impotencia solidaria de clase para defenderlo. La política, por su parte, ni está ni se la espera. En su mayor parte se ha convertido en  la máscara de un poder superior, el dinero, al que religiosa y reverencialmente se somete y sirve contra los intereses de la ciudadanía.

Las consecuencias saltan a las vista. En España  se acrecienta a diario la brecha de una brutal desigualdad que se impone sobre personas y regiones, nativos y extranjeros, clases sociales y hasta las religiones. El PP deja una tierra arrasada en casi todos los campos: social, laboral, económico y en el de las libertades. La Constitución del 1978 ya no es suficiente para mantener la igualdad jurídica de las personas, las instituciones y las Comunidades Autónomas ante la ley; tampoco para mantener la cohesión del país. El apego a las propias identidades y hechos diferenciales se está imponiendo irrefrenablemente sobre la riqueza y los derechos de la alteridad, de la diversidad y de la semejanza. La razón de la fuerza que se manifiesta, entre otras,  en las lacerantes vallas que cierran el paso en nuestras fronteras o en la mordaza con que se pretende acallar el grito en las calles parece ser el único argumento disponible ante los conflictos y las diferencias. [La brutal guerra emprendida en Europa contra un terrorismo del que se quiere ignorar conscientemente su origen, haría palidecer al mismo Talión]. Se ha perdido la confianza en las instituciones públicas y en las mediaciones políticas: en las primeras por haberse convertido en nidos de corrupción y en las segundas por haberlas convertido en agencias para el engaño y la mentira.

Necesitamos un cambio de rumbo para recuperar la soberanía ciudadana. Dejada a su capricho, la hegemonía del mercado  está causando demasiados estragos: cuando crece devasta y, cuando no crece, devasta también. Necesitamos un ejercicio de cordura para pasar de una relación  interesada y mercantil con el cosmos y con la sociedad a otra basada en la gratuidad y la donación;  para defender la vida, todas las vidas, no basta la razón instrumental, es preciso contar antes con la razón emocionada y cordial. ¿Necesitaremos volver, como piensan algunos analistas, a las preguntas básicas que fundamentan el sentido de la vida para contrarrestar este ejercicio de amargura y hasta de locura colectiva?

Si esto tiene solución, como creemos, no deberíamos seguir irresponsablemente dejando hacer por nosotros. No podemos seguir confiando, en una situación tan grave, el cambio de rumbo en manos de quienes nos han llevado a estos límites. La sabia leyenda que recibe al senderista en una de las praderas de Siete Picos —uno de los lugares más idílicos del Parque Nacional de Guadarrama—, puede servirnos de advertencia:  “aparte de respeto, no necesito nada de lo que  tú traes”. Sería suicida seguir tropezando más veces en la misma piedra. Pero ya no bastan las  palabras, generalmente propagandistas y engañosas. Hoy necesitamos hechos. Y la memoria nos advierte que los nuevos proyectos, cuando han entusiasmado a la gente, ha sido cuando se han atrevido a brindar un mundo diferente, aunque aún no aparezca suficientemente dibujado.

   
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