Grup de rectors del dissabte
Los sacerdotes en parroquias populares y obreras, que formamos “el Grup de rectors del dissabte”, queremos que la visita del Papa a València, con motivo del “V Encuentro Mundial de las familias”, sea una Buena Noticia para el Pueblo de Dios y para nuestro mundo, tan deseoso de signos de espe-ranza. Para ello necesitamos ser confirmados en la fe por el sucesor y continuador de Pedro y, tam-bién, queremos ayudarle a ejercer evangélicamente su propio ministerio, de forma que alimente la esperanza y el amor.

Esperamos que el Papa CONFIRME:

• Nuestro empeño en evangelizar las distintas formas y situaciones de familia que existen en nuestra realidad. Para ello, le pedimos: Ayúdenos a saber acompañar también, com-pasiva y misericordiosamente, a las familias monoparentales, a las familias rotas, a las familias reconstruidas, a las familias del mismo sexo, a las familias trasnacionales y a aquellas que viven alguna situación de enfermedad, pobreza o especial precariedad. Necesitaremos todo el coraje evangelizador para que, en las nuevas formas de convivencia familiar, se pueda hacer la experiencia del amor incondicional de Dios, Padre-Madre, que lleve a toda la humanidad a vivir como la gran familia de hijos e hijas de Dios.

• Nuestra indignación ante los procesos migratorios que causan tantas muertes y sufrimiento a los hermanos más necesitados y sus familias. Sentimos como crimen contra Dios Padre que cerca de 10.000 personas hayan muerto en nuestros mares en busca de un paraíso creado por las ondas. Más en concreto, sentimos como vergüenza que, bajo los puentes de nuestro río Turia y en lo más crudo del invierno, hayan pernoctado y pernoc-ten tantas personas inmigrantes sin protección legal. Nos impresiona que sobre un puente de dicho río se esté levantando ahora la grandiosa plataforma en la que el Papa presidirá la Fracción del Pan o Eucaristía. Para ello, le pedimos: Ayúdenos a defender siempre la dignidad de toda vida humana, a denunciar valientemente cuantas leyes, nacionales y europeas, denigren dicha dignidad, y a que nuestras comunidades cristianas sean siempre espacios de acogida y refugio para los pobres de la tierra, a quienes se les niega patria y papeles.

• Nuestra esperanza en el final de la violencia que ha traído tanto sufrimiento, especial-mente a muchas familias. Queremos colaborar con nuestra plegaria y esfuerzo para que toda la Iglesia de los pueblos de España se sienta llamada a ser mediadora en el proceso, tanto si se le requiere como si no. Para ello, le pedimos: Ayúdenos a que amanezca la paz, tan profundamente deseada por este país y por todas las víctimas (en cualesquiera de las violaciones sufridas) y que la Iglesia sepa ser siempre, entre las personas y pue-blos, artífice de reconciliación y de perdón.

• Nuestra ilusión en la ampliación de las libertades civiles, siempre que ello comporte re-ducir los sufrimientos personales y colectivos. Para ello, le pedimos: Ayúdenos a no te-ner miedo a la libertad ni a las situaciones en las que la Iglesia tenga que buscar nuevos espacios de opción personal y comunitaria, más allá de la protección de las leyes, y tam-bién a testimoniar que sabemos caminar en la confianza y la libertad de hijos e hijas de Dios, en una sociedad plural, multicultural y secular.

Queremos, también, AYUDAR al Papa en el ejercicio del ministerio petrino:

• Queremos ayudarle en su compromiso por “liberar a la religión de toda complicidad con el mercado”. Su reciente e impresionante llamada en Colonia a la des-mercantilización de la religión resuena estos días con especial intensidad ante la obscena insistencia de los medios de comunicación sobre cifras, costes y éxito previstos para el Encuentro de las Familias. Creemos necesario subrayar que hay que ayudar al Papa a ser coherente. No queremos que ignore que su visita está convirtiéndose en un reclamo turístico y que se está instrumentalizando mercantilmente al servicio de intereses espurios a la fe y a la pastoral (algo denunciado en la encíclica “Deus caritas est” nº 31). Hagamos lo posible para que las visitas del Papa potencien la sencillez y posibiliten la personalización de la fe, evitando, en la medida de lo posible, la masificación y la fastuosa espectacularidad que para este encuentro se adivina.

• Queremos ayudarle en su compromiso por mantener la autonomía de la Iglesia frente a cualquier opción política. Al Papa le será fácil advertir las alianzas hegemónicas que se están dando con la opción conservadora. Incluso su visita está siendo negociada con des-igual suerte con cada una de las configuraciones políticas: mientras que a las fuerzas po-líticas autonómicas y locales (de signo conservador) se les está dando todo el protago-nismo, a las autoridades estatales (que son de otro signo) se les ponen trabas para colabo-rar o tener alguna relevancia, bajo el pretexto de que forman parte de una fuerza política “laica”, y pasando por alto el hecho de que en su seno hay gran número de creyentes. Aseguremos la libertad de la Iglesia para que el anuncio del Evangelio pueda llegar sin prejuicios a todos los seres humanos.

• Queremos ayudarle en su compromiso por acercarse compasivamente a los necesita-dos. Su encíclica “Deus caritas est” ha abierto cauces para la presencia solidaria de la Iglesia, como prioridad ministerial. Muchos están empeñados en convertir su viaje en una visita de poder y grandeza de Jefe de Estado. Dejemos al Papa ser Papa. Dejemos que se acerque a los excluidos que carecen de las necesidades mínimas –a pesar de que el artificial escenario de la València del siglo XXI se lo va a hacer muy difícil-; y que los desplazados de sus tierras y familias encuentren en él un defensor de sus derechos, para que así, el pueblo experimente no la lejanía, sino la proximidad real y afectiva del Pastor.

   
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