Algunos miembros de CCP de Andalucía hemos tenido la paciencia y el tesón de leer completo y hasta releer el documento episcopal titulado “Teología y secularización en España”. Otras personas hemos leído los pasajes más significativos y algunos resúmenes y comentarios. En conjunto, hemos llegado a unas conclusiones compartidas que formulamos aquí.

El documento es largo y farragoso, con 18 páginas de texto y hasta 200 notas. Está claro que no va dirigido al gran público, que pasa de estos temas. Pero tampoco va dirigido al conjunto de personas creyentes, porque la inmensa mayoría ni lo entiende ni lo soporta. Pensamos que se trata más bien de un documento para sacerdotes y teólogos, como aviso de navegantes. Y siempre teniendo muy a la vista la Congregación para la Doctrina de la Fe a la que se cita más de 60 veces.

A medida que se va leyendo el texto, es difícil superar el desaliento y la desesperanza. El documento rompe todos los puentes de diálogo con la cultura moderna, con otras religiones, con otras confesiones cristianas y hasta con los sectores católicos medianamente críticos. Desde esta perspectiva, su lectura es desoladora. En términos castizos, podemos decir que se han pasado más de seis pueblos.

Queremos manifestar nuestra discrepancia contra en el ataque injustificado que lanzan contra los muchos y diversos grupos cristianos de base y teólogos progresistas. Revindicamos nuestro derecho a disentir, a pensar de manera crítica con respecto a la Jerarquía. Por el hecho de pertenecer a la Iglesia, podemos expresarnos, entender de otro modo las cosas y exigir desde dentro otro modelo más evangélico.

Pensamos que los obispos se encuentran desbordados. Están asustados porque cada día se sienten más incapaces de controlar al personal. Hasta hace poco, temas complejos como el Jesús histórico, la exégesis bíblica, fundación de la Iglesia, virginidad de María y otros muchos se debatían en revistas especializadas que quedaban fuera del alcance de cristianos corrientes. Pero estos temas van saltando cada vez más a la opinión pública, aún con el riesgo de sensacionalismo que es casi inevitable en una sociedad mediática.

Por otra parte, ha aumentado el número de seglares, mujeres y hombres, que han estudiado teología y que pueden hablar de estos temas con conocimiento de causa y sin control institucional. También crece el número de personas inquietas, que se interpelan y buscan. Leen, discuten, reformulan su fe cristiana y la proponen públicamente a los demás como instrumento de reflexión y debate. Por añadidura, los obispos ya no controlan buena parte de las publicaciones religiosas.

A partir de estos datos, los obispos pierden pie. En los números 48-51 del documento y en otros muchos lamentan “el disenso” en tantas manifestaciones y afirman que estos fenómenos provocan desconcierto en un sector de creyentes. Hubiera sido muy acertado manifestar también la preocupación hacia otros sectores que se alejan de la Iglesia precisamente porque la ven incompatible con un mínimo espíritu crítico.

La respuesta de los obispos es el enroque. Se atrincheran en lo que siempre se ha dicho. Vuelven a remachar las verdades de fe como formulaciones absolutas e inmutables. Por supuesto, se confirma la estructura jerárquica machista, excluyendo a la mujer, y, además, por voluntad divina. Se reitera la fijación casi obsesiva en los temas de la sexualidad, etc. Ningún resquicio para dejarse interpelar por los rápidos y profundos cambios sociales. La culpa es siempre de los demás, sean de dentro o de fuera.

De manera especial, nos hacemos eco de los profesores jesuitas José Mª Castillo y Juan Antonio Estrada a quienes se cita en la nota 133. Se les expulsó de su cátedra de teología hace ya más de 15 años y hasta la fecha no se les ha dado la mínima razón que justificara una decisión tan extrema. Denunciamos el atropello continuado de los derechos humanos hacia estas personas, pisoteando su honor personal y su prestigio profesional como teólogos.

Desde aquí manifestamos nuestro respeto, nuestra admiración y nuestro cariño hacia estas dos personas. Y queremos dejar muy claro que ellas, como otras muchas que se encuentran en “entredicho episcopal”, siguen alimentando nuestra fe cristiana y siguen estimulando nuestra esperanza. Algo que rara vez encontramos en los obispos.

Pero lo que más sobrecoge, entristece y preocupa del documento episcopal es su absoluto silencio sobre la realidad social en la que estamos inmersos: la exclusión social, la inmigración, el paro, la opulencia y el hambre, la injusticia estructural, etc., etc. Todo ese mundo de sordidez y esperanza donde Jesús de Nazaret se esforzó en insertar el Reinado de Dios. De todo esto… ni una sola palabra. Aquí es donde llegan al máximo el desconcierto y la desolación.

Vemos a nuestros dirigentes incapaces de dar respuesta a las nuevas situaciones, sin creatividad ni capacidad de ilusionar, oficiando ceremonias litúrgicas de gran boato y riqueza, procesiones, romerías, actos de populismo religioso…al amparo de los grupos religiosos más conservadores (Opus Dei, Kikos…) y apoyando explícitamente a los grupos políticos que representan al capitalismo de la derecha más feroz.

Por fortuna para quienes seguimos enganchados con el mensaje evangélico, los hechos y las palabras de Jesús mantienen su interpelante sencillez y su cautivadora fascinación. El manantial sigue ahí, cristalino y borboteante, para quien quiera beberlo.

Finalmente, respecto al documento episcopal, nos permitimos una sugerencia. Lo mejor es no leerlo. Ganaréis un tiempo precioso y os evitaréis muchos malos ratos.

Secretariado de las Comunidades Cristianas Populares de Andalucía.

Y en su nombre:
Domingo Gómez Leiva
26449964X.
Tf.958156038.
C/. Pedro Temboury 10-26
18013-Granada

   
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