Juan Antonio Estrada, catedrático de filosofía de la Universidad de Granada, en Diario de Cádiz.
Afirmar que la religión islámica genera violencia y que hay que contraponer la racionalidad a la religión para que ésta no degenere, ha provocado una reacción global en muchos grupos islámicos. La quema de iglesias, las amenazas de muerte, el asesinato de una monja y la proliferación de discursos sobre una cruzada contra el Islam han proliferado en los últimos días. Estos grupos radicales, sin pretenderlo, han dado la razón a los que denuncian a las religiones en general y el Islam en particular como causa de violencia.
El Centro Interreligioso de Barcelona presentará, a partir del próximo martes de octubre, un ciclo de conferencias titulado “Cruce de creencias”. Ente el 3 de octubre de 2006 y el 18 de junio de 2007 se desarrollará un programa de charlas que ofrecerán una panorámica de las distintas religiones que conviven en la ciudad de Barcelona. El ciclo se completará con una serie de visitas a varios centros religiosos de la capital catalana.
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Los obispos aseguran que han renunciado a mucho en la negociación
El acuerdo Gobierno-Iglesia que elevará en el 2008 la recaudación del 0,52% al 0,7% del IRPF tiene su letra pequeña. Los más de 170 millones de euros que recaudará el Ministerio de Hacienda e irá entregando cada mes a cuenta a la jerarquía católica no serán fiscalizados por la Intervención General del Estado.
Grupos católicos piden análisis para confirmar las causas del deceso
Cuenta Jordi Casabella en El Periódico que el 29 de septiembre de 1978, el mundo católico se despertó sobresaltado por el anuncio de la muerte repentina de Juan Pablo I, el pontífice elegido 34 días antes para relevar a Pablo VI. El infarto de miocardio agudo que, según la versión oficial, fulminó a Albino Luciani la noche anterior, mientras revisaba unos papeles en la cama, nunca fue corroborado por la autopsia, que el grueso de los cardenales creyó innecesaria.
La figura del obispo Milingo, a quien acaban de excomulgar por haber ordenado, sin permiso de Roma, a cuatro obispos, en USA, forma parte de mi historia. Conviví con él algunas semanas, a comienzos del año 1985, cuando celebraba sus cultos de sanación en la Iglesia Argentina de Roma. Era un hombre distinto: una encarnación de los mejores sanadores (sus enemigos le llamaban “hechicero”) de la cultura africana, un obispo que tomaba al pie de la letra el evangelio y que, al parecer por eso, había sido depuesto de su sede episcopal y de su cargo de presidente de la conferencia episcopal de Zambia. Su historia me resulta dura y cordial, apasionada y dolorosa y así quiero evocarla cariñosamente, llamándole mi hermano



