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Católicos y Ortodoxos aúnan fuerzas contra amenazas a religión
El papa Benedicto XVI y el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, firmaron hoy una declaración conjunta que muestra la intención de católicos y ortodoxos de aunar fuerzas contra las amenazas a la tradición cristiana y a la libertad religiosa.
Primer domigno de Adviento (Lc 21,25-28.34-36). El filósofo Ortega y Gasset decía ya hace tiempo “Dios a la vista”. La Biblia y la liturgia dicen en otro contexto: ¡Hombre a la vista!, pues la humanidad está preñada de Dios. Por encima del inemso miedo que amenaza a gran parte de nustra tierra se despliega el arco iris de un Hijo/a de Hombre/Mujer (de madre/padre, hermano/a, amigo/a), hecho de corazón, rebosante de amor. ¡Que no se emboten vuestros corazones!. Éste es el tema que abre hoy el Adviento, nuevo tiempo de esperanza. Por eso he querido poner como imagen del día el arco iris de la paz futura sobre una mujer embarazada, promesa de vida, con un fondo de cielo y mar encapotado. Así se entiende mejor el evangelio
Del miedo al gozo: Nace el Hombre
Aunque no es el mayor ni el primer acuerdo en la archidiócesis católica de Los Ángeles (California), el compromiso al que llegó ayer con 45 personas que sufrieron abusos sexuales por parte de sacerdotes proporciona a cada uno de los afectados la mayor cuantía económica pagada hasta ahora por la Iglesia de Estados Unidos. La indemnización asciende a 60 millones de dólares (45 millones de euros).
El Patriarca Ecuménico, Bartolomeo I, se mostró hoy ‘convencido’ de que la visita oficial de Benedicto XVI a Turquía, además de ser ‘histórica’, ha tenido un ‘valor incalculable’ en el ‘proceso de reconciliación’ entre las iglesias católica y ortodoxa, separadas desde hace casi un milenio.
Los informes sombríos sobre el estado de la Tierra y sobre el futuro desalentador de la especie humana nos sugieren la urgencia de una nueva morlidad. Más y más nos damos cuenta de que esta situación dramática se vincula a la forma insensata y hasta inmoral con la que nos relacionamos con la naturaleza, depredándola sin remordimiento a través de un modo de producción que hace del lucro su única ley y religión. Solamente ahora, cuando la alarma ecológica ha llegado a las páginas de la economía, empiezan los gobiernos y las grandes instituciones internacionales a tomarla en serio. La crisis no viene: ya estamos dentro de ella, y alcanza a millones de personas.
Jesús, no puedes venir si no nos dejamos deslumbrar, si ya no queda nada que nos cause asombro, si el corazón no se enternece ante el dolor para dar a luz una vida auténtica.
Jesús, no puedes venir si no allanamos las colinas del odio, si no ayudamos a construir puentes de cordialidad, si la ternura y la sencillez no se apoderan de nuestra vida.
Jesús, no puedes venir si no descubrimos en nuestro interior la otra parte que tantas veces nos falta, la feminidad o la masculinidad que completa y da sentido a nuestras vidas como personas.
El rostro del Crucificado era casi negro, desencajado, como el del pongo (1) … Renegrido, padeciendo, el Señor tenía un silencio que no apaciguaba. Hacía sufrir; en la catedral tan vasta, entre las llamas de las velas y el resplandor del día que llegaba tan atenuado, el rostro del Cristo creaba sufrimiento, lo extendía a las paredes, a las bóvedas y columnas. Yo esperaba que de ellas brotaran lágrimas. (J. M. Arguedas, Los ríos profundos)