
Las alarmas se han disparado en la multimillonaria industria del diamante. La película Diamantes sangrientos, que explica cómo el contrabando de piedras preciosas ha financiado los más brutales conflictos africanos, ha puesto en jaque a los comerciantes de un lado y otro del océano, conscientes de que esta nueva entrega de Hollywood les puede hacer mucho daño.
En Amberes, la ciudad belga por la que pasa el 80% de los diamantes brutos que se venden en el planeta, los comerciantes trabajan a destajo para minimizar las pérdidas en una industria que representa el 8% de las exportaciones de Bélgica.
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(Sl 37,11)

