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Miles de campesinos e indígenas de Chiapas se reúnen estos días con representantes del EZLN y ONG de medio centenar de países para hacer balance de los 13 años de zapatismo y políticas a favor de los derechos indígenas.

El 1 de enero de 1994, justo el mismo día en que el presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari anunciaba la entrada en vigor en el país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas para denunciar la situación de pobreza y marginación que vivían miles de indígenas y campesinos en regiones como Chiapas.

Poco tiempo después, el EZLN se retiró a las montañas de la Selva Lacandona y desde allí empezó a trabajar junto a las comunidades por un modelo diferente de Gobierno que tuviera en cuenta a la población con menos recursos. Ahora, miles de campesinos e indígenas de Chiapas, junto a más de 2.000 personas de colectivos de 48 países diferentes, se han reunido en la comunidad de Oventic para evaluar los logros y los retos que todavía quedan por hacer en la región.

Durante tres días se ha hablado de buen y mal gobierno, se ha recordado la necesidad de una política que mande “obedeciendo” y se han tratado temas relacionados con la educación, la salud y el papel de la mujer en la sociedad indígena y mexicana. Representantes de las cinco Juntas de Buen Gobierno y de los llamados Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas han presentado los avances en el número de escuelas y centros sanitarios, han recordado la importancia de formar a promotores de salud y educación en las comunidades y de fortalecer cuestiones aún pendientes como la educación sexual y la salud reproductiva.

Uno de los mayores desafíos es, según los representantes de las Juntas de Buen Gobierno, la igualdad de género. En los últimos años ha habido varios logros, algunos hombres ya comparten del trabajo en el hogar y las mujeres participan en la gestión de proyectos de la comunidad. “Uno de los retos más importantes es la participación de la mujer como autoridades. Cuando se crearon las Juntas de Buen Gobierno había sólo una mujer, pero después de tres años y medio de trabajo podemos decir que estamos casi parejo, aunque todavía falta un largo caminar”, explican desde la Junta de Bueno Gobierno de La Realidad.

Pocos avances en los derechos indígenas

El alzamiento de 1994 en Chiapas de hombres y mujeres vestidos con pasamontañas tuvo más eco nacional e internacional que cualquier declaración de denuncia hecha antes por comunidades indígenas. En su primera Declaración de la Selva Lacandona, el EZLN advertía que la población indígena no tenía “absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación”.

En todos estos años, el EZLN ha denunciado la violencia ejercida por parte de las autoridades mexicanas a las bases de apoyo zapatistas y las comunidades campesinas e indígenas, una presión que todavía hoy permanece, según el EZLN. En el encuentro de estos días, por ejemplo, representantes del municipio de Roberto Barrios han denunciado “el hostigamiento de los paramilitares en la zona o municipios autónomos” y han advertido de la existencia de “una guerra de baja intensidad contra el pueblo”.

Como explican desde el EZLN, la población que hace unos años estaba excluida lo continúa estando, no sólo en Chiapas sino también en otras regiones como Oaxaca. Este Estado mexicano ha vivido en los últimos meses un conflicto entre la población local, que pedía políticas más incluyentes, y la administración, que según ONG ha actuado con impunidad y violencia contra los manifestantes.

Para esclarecer lo ocurrido, estos días una comisión civil internacional está recogiendo testimonios de personas que han participado en las manifestaciones y que aún permanecen retenidas y de familias que tienen algún familiar desaparecido a causa del conflicto. Tras varios días de investigación, la comisión internacional habla de detenciones “de forma arbitraria” y “sin garantías legales” y de agresiones a personas detenidas “por parte de las fuerzas policiales y paramilitares”.

Historia del zapatismo en Chiapas

Situaciones como la de Oaxaca han sido denunciadas por el EZLN, que desde su aparición pública en 1994 para reivindicar los derechos indígenas en Chiapas ha mirado también al resto del país y al exterior, en busca de intercambio de experiencias y apoyo.

Tras el alzamiento en armas, el EZLN se retiró a la Selva Lacandona y empezó a trabajar junto a las comunidades por un modelo diferente de Gobierno. Durante los años siguientes, denunció la violencia contra la población indígena en Chiapas –como el asesinato de 45 civiles en Acteal, en 1997- y negoció con el Gobierno mexicano los llamados Acuerdos de San Andrés, que finalmente los zapatistas rechazaron porque, en su opinión, no incluían los derechos de la población indígena.

En 2001 miles de personas participaron en una megamarcha a favor de la dignidad indígena y, también desde ese año, empezaron a funcionar las Juntas de Buen Gobierno, en un intento de crear un modelo de política y gestión que tuviera en cuenta la opinión de la base popular y restara poder al EZLN.

Con la idea de dar un paso más, el movimiento lanzó a mediados de 2005 la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, que anunciaba la puesta en marcha de La Otra Campaña y la intención del EZLN de salir de Chiapas y recorrer todo México para encontrarse con otros movimientos sociales del campo y la ciudad y recoger propuestas para una nueva Constitución más inclusiva.

En el Primer Encuentro entre los Pueblos Zapatistas y los Pueblos del Mundo que el EZLN celebra estos días en Oventic, el movimiento repasa sus 13 años de existencia –que ya han visto nacer a una generación- y afirma que la autonomía que piden para los pueblos indígenas de México “fortalece la democracia” en el país sin que esté en contra de la soberanía nacional. “Algunos no sabemos sabemos leer ni escribir, pero sabemos pensar”, recuerdan.

   
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