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Por estos días, unos 20 millones de hindúes participan de la fiesta de Ardh Kumbh Mela, a las orillas de uno de los ríos más importantes del mundo. El río Ganges suele ser representado por una voluptuosa y bella mujer montando un cocodrilo con cola de pez. La mujer carga una olla de la que brota agua para simbolizar la fertilidad y la abundancia, que a su vez nutren y mantienen el equilibrio del universo.

Este torrente de vida nace en el glaciar Gangotri, en las alturas imbatibles del Himalaya, y antes de su desembocadura en la bahía de Bengala ha descendido 7.750 metros. Esta avenida de aguas impetuosas es la misma que por esta época, y durante 45 días, forma en la ciudad de Prayaga una inmensa concentración religiosa: el Ardh Kumbh Mela, que cada seis años reúne a ¡20 millones de hinduistas!

Tras recibir las aguas heladas de varios afluentes que también se descuelgan de la cordillera más alta del mundo, el Ganges atraviesa las planicies del norte de India. Y antes de llegar al mar se encuentra casi de frente con el gigantesco río Brahmaputra.

El río mide unos 2.500 kilómetros y en su cuenca habita una quinta parte de todos los seres humanos. Solo en India viven mil millones de personas, y muchísimos de ellos son los que se verán en las próximas semanas en el Kumbh Mela. Por eso no es raro ver a cientos de miles de peregrinos y mendigos desnudos que desfilan a lo largo del Ganges y se bañan en él, con la esperanza de lavar sus pecados.

Un río para todos

Lo verdaderamente llamativo es la inigualable diversidad cultural que se reúne en la cuenca del río: en la India la mayoría es hinduista, pero también tiene asiento una enorme minoría de musulmanes, los sikhs, cuyo centro queda en la ciudad de Amristar, en el noroccidente.

Bután y Nepal, que desde la cordillera miran a la cuenca del Ganges, son budistas. Estos países son también un mosaico de lenguas, que comprende dravídicas, como el tamil en el sur, y el hindi; en total son más de 14 idiomas. Uno de los motivos para tal diversidad es una sucesión de invasiones de indoarios, mongoles, musulmanes e ingleses.

La desembocadura del Ganges es un destino perfecto para el visitante que busca algo poco convencional. Se trata de un laberinto y un trabalenguas con decenas de brazos con nombres impronunciables que se entrelazan en un delta que cada segundo arroja 14.270 metros cúbicos de agua al Océano Índico.

Esta región se conoce como los sundarbans o ‘bosques hermosos’ y ofrece la oportunidad de recorrer extensas zonas de manglares, ricos en flora y fauna exóticas, y de conocer el mayor hábitat natural del archifamoso tigre real de Bengala. La cuenca es hogar de una notable variedad de animales silvestres, entre los que se destacan dos especies de delfines y un raro tiburón de agua dulce.

Un río para el espíritu

Gracias a las frecuentes inundaciones que cada año traen los aguaceros monzónicos y a los deshielos de verano en el Himalaya, la cuenca del Ganges es muy fértil, lo que se refleja en copiosos cultivos, principalmente de arroz.

Sin embargo, más que por su fauna y sus cultivos, el Ganges es famoso por ser el río sagrado de la India, en el que terminan los despojos mortales de millones de hinduistas que, luego de morir, buscan una mejor vida. En el complejo mapa divino del hinduismo el río es la materialización de la diosa ‘Maa Ganga’, ‘Madre Ganges’, madrastra de Karttikeya, hijo de Shiva y Parvati.

Según la leyenda, el sudor de los pies de Vishnu fue recogido por Brahma para crear el Ganges, pero el río solo bañó la tierra gracias a Bhagiratha, hijo de Sagara y Dilip, quien quiso lavar las almas de sus 60.000 hermanos medios que perecieron por despertar a Kapila. El río simboliza la fertilidad y la vida, y también recibe las cenizas de quienes han fallecido para garantizar una mejor reencarnación.

Hay que reconocer que el río está muy contaminado debido a las ceremonias fúnebres, los desechos industriales y un deficiente sistema de alcantarillado en varias ciudades ribereñas. En todo caso los sitios más venerados por los hinduistas son Haridwar y Varanasi, a donde todo el año llegan numerosos peregrinos para bañarse y meditar.

El sagrado Ganges tiene una larga historia de veneración en la India, de la que también son parte turistas extranjeros. La voluptuosa mujer que monta un extraño animal es una invitación a aventurarse a la diversidad de la India, pero también el llamado a explorar un torrente interior que clama por ser descubierto.

   
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