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Miren Aranzazu Eguiguren nació en Bidania (Guipúzcoa) en 1947. En 1971 se trasladó a Venezuela para trabajar como misionera seglar con la etnia indígena en La Guajira. Tres años después se instaló en los cerros de Caracas, en un barrio llamado Petare, dentro del municipio de Sucre.
Reconozco que me ha gustado la reflexión que ha hecho Benedicto XVI en la Audiencia General de los miércoles citando a Priscila y Áquila, un matrimonio colaborador de S. Pablo en Corinto.
Ha dicho muy claramente que la Iglesia no tenía templos durante los 3 primeros siglos del cristianismo. Y que era en las propias casas de los primeros cristianos que se reunían para escuchar la Palabra y para celebrar la Eucaristía, donde los nuevos creyentes celebraban su fe y donde nacían los nuevos cristianos.
Un grupo de católicos rezó para que la murga Los Yogurines no cometiera sacrilegio con su copla.
Un puñado de metros separa el Teatro Garnelo de la iglesia de La Encarnación. Los dos edificios están en Montilla (Córdoba) a menos de un minuto de distancia. Pero ayer les separaba un universo. Se reía y cantaba en el teatro. En el templo, se rezaba en silencio. En uno, hubo coplas carnavalescas y, en el otro, un maratón de padrenuestros.
Aunque la abstención superior al 50% invalida el ’sí’ registrado ayer en el referéndum, Portugal verá despenalizado el aborto. Así lo ratíficó anoche el primer ministro socialista, José Sócrates, quien se siente «legitimado» por el resultado para sacar adelante el proyecto por vía parlamentaria, donde cuenta con mayoría absoluta. «Hay que respetar la voluntad expresada por los ciudadanos», sentenció durante una breve intervención pública tras el recuento.
Hace tiempo que la Conferencia Episcopal (CEE) perdió la fascinación por la unanimidad. Se conforma con que sus acuerdos causen los menores estropicios, internos y externos. Para ello, nada mejor que tomarse los documentos con reposo, para facilitar digestiones o aflojar enfados.
Pero el momento de las decisiones llega inexorable. Lo asumieron el jueves los máximos dirigentes de la CEE -tres cardenales, dos arzobispos, un obispo y el jesuita Martínez Camino como responsable de la comunicación interna y externa-, reunidos durante horas para decidir si renovaban contrato a sus estrellas en la Cope, Federico Jiménez Losantos, César Vidal e Ignacio Villa.
En varias ocasiones he presidido una Eucaristía, en Japón, acompañando a los familiares tras un suicidio. Limitarse a un responso rápido habría sabido a poco. En un país con más de 30.000 suicidios anuales, la sensibilidad pastoral y comprensión humana hacia estas situaciones está a flor de piel entre la comunidad cristiana.
Cuando los obispos japoneses escribieron su carta del milenio, Mirada sobre la vida, hablaron así del suicidio: 1) Evitaron expresarse en términos de pecado. 2) Recomendaron no juzgar ni condenar a la persona que se quitó la vida, sino encomendarla a la misericordia divina. 3) Insistieron en acompañar a la familia. 4) Recomendaron plegarias, misa y exequias religiosas, acediendo a la petición de la familia.
Según informa El Mundo (5, dic., 06) “Sanidad autoriza que tres familias conciban un hijo para salvar a un hermano”. La expectativa de procrear una criatura que nazca dando vida será buena noticia para los progenitores.