Adital

Ser parte del cristianismo de liberación es, entre otras cosas, sentirse comprometido con, o impelido a participar en las más diversas formas de actuación en la sociedad para defender la dignidad fundamental de todas las personas y luchar por otra sociedad más justa y humana.

La fuerza que nos mueve en esta dirección tiene su fuente en la experiencia de fe personal, pero esta “energía espiritual” necesita ser, con la ayuda de los discursos teológicos, contextualizada y “canalizada” para que se encarne en la historia y produzca frutos.
Los discursos religiosos y teológicos que articulan los temas bíblico-teológicos con los problemas del mundo contemporáneo trabajan al mismo tiempo con por lo menos tres niveles distintos de aproximación a la realidad social y de la comprensión de la experiencia de fe. El primero es el nivel de principios teológico-epistemológicos, principios que orientan el propio proceso de conocimiento y de análisis.

Yo pienso que una breve lista de estos principios en el cristianismo de liberación debería incluir por lo menos los siguientes: a) la opción por los pobres que nos lleva a mirar la realidad desde la perspectiva de “libertad-liberación” de los pobres y de todas las víctimas de la historia; b) la crítica a la idolatría, que nos lleva a prestar atención a los procesos de absolutización de cualquier institución humana (como la absolutización del mercado o de alguna otra institución social, política o religiosa); c) la fe en la resurrección de Jesús Crucificado que genera la esperanza de que la vida renace en medio de la muerte y, por eso, nos lleva a estar siempre atentos a lo “nuevo” que está surgiendo en medio del pueblo.

El segundo nivel se refiere a los grandes principios éticos-políticos. Son principios que están en la base de los análisis y de las propuestas concretas. Estoy pensando, por ejemplo, en la discusión sobre si la desigualdad social es inevitable, o no, en sociedades amplias y complexas y, si la respuesta es sí, cuál es el nivel de desigualdad que debe ser tolerada y en qué medida ella es benéfica o maléfica para la dinámica social. Otra cuestión importante sería sobre el tipo de propiedad que mejor sirve a una sociedad con justicia social, lo que implica también una discusión sobre lo que es justicia social hoy. Estas cuestiones no pueden ser respondidas solamente con el estudio de las tradiciones bíblicas y teológicas. Es preciso entrar en diálogo también con teorías que estudian estas cuestiones de fondo.

El tercer nivel se refiere al de los análisis y decisiones más operacionales y concretas. Es el nivel donde se discute, por ejemplo, cuáles son los mejores procedimientos político-económicos para superar los graves problemas sociales. La discusión sobre los procedimientos no debe ser confundida con los objetivos o metas. Por ejemplo, mejorar la educación y la distribución de renta no es una cuestión de procedimientos, sino de metas a ser alcanzadas con determinados procedimientos. En este nivel necesitamos dialogar con ciencias más aplicadas o prácticas, como teorías económicas, administrativas y otras ciencias y tecnologías que están directamente orientadas hacia la intervención en el campo administrativo, económico, social, político y ambiental.

Una de las grandes dificultades en los discursos de los diversos sectores del cristianismo de liberación está en la confusión entre estos tres niveles. Por ejemplo, muchas veces se pasa directamente de una conclusión, a partir del análisis de un texto bíblico, de la justicia en favor de los pobres (primer nivel) a la exigencia de un tipo específico de reforma agraria (tercer nivel); o hacia una crítica genérica al neoliberalismo (segundo nivel), pensando que esto es suficiente para producir cambios operacionales en el campo social (tercer nivel).

La Teología de Liberación, en sus dos primeras décadas, dialogó con la teoría de la dependencia de matriz marxista y con el propio análisis marxista, pero nunca confundió sus opciones y teorías teológicas con las teorías sociales usadas como “instrumentos”. Sin embargo, el desmoronamiento del bloque socialista y la crisis de las teorías sociales de origen marxista (crisis por sus equívocos y por sus insuficiencias en relación con aspectos fundamentales de la vida, como las relaciones de género y étnicas) crearon una situación en la que sectores del cristianismo de liberación quedaron privados de discursos religioso-teológicos que articulen, de modo más sistemático, claro y adecuado en los tempos actuales, los tres niveles que vimos arriba.

Así, muchos de nuestros discursos y prácticas en el campo eclesial y social que mantienen el compromiso con la “libertad-liberación” de los pobres y de las víctimas corren el serio riesgo de tornarse confusos e ineficaces en nuestra lucha.

La contribución específica del cristianismo actualmente, y en particular del cristianismo de liberación, se da en el primer nivel. Es el de nuestra apuesta de vida, nuestra fe, el nivel de la fe en la resurrección de Jesús que fue muerto por el Imperio, de la opción por los pobres y de la crítica a la idolatría y de la confesión de que el Dios de la Vida está más allá de las instituciones humanas. Pero este nivel necesita ser articulado con otros dos para que pueda ser encarnado en la sociedad. La no articulación o la mala articulación de estos niveles da como resultado una fe desencarnada (no-cristiana) o en discursos y acciones confusos e ineficientes.

Espero que el documento de la V Conferencia del Celam, como también nuestros discursos teológicos, tengan el cuidado necesario para distinguir estos niveles y presente a las personas y grupos de buena voluntad los valores fundamentales que nos mueven y, en vez de adoptar un tono “profesoral”, invite a las personas de buena voluntad a considerar seriamente estos valores y a entrar en diálogo sobre los otros dos niveles, en búsqueda conjunta por una sociedad que sea más humana y justa.

(Este es el cuarto artículo de una serie que estoy escribiendo sobre el tema del “cristianismo de liberación” como una contribución para los debates en vista de la V Conferencia del CELAM)

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

* Jung Mo Sung es Professor de pós-grad. em Ciências da Religião da Univ. Metodista de S. Paulo e autor de Sementes de esperança: a fé em um mundo em crise

   
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