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La Iglesia del Cardenal Rouco Varela prefiere el derecho al amor fraterno. Muchos años hace que Enrique Castro abrió de par en par las puertas de su templo para que lo invadiera la pobreza marginal del mundo. Quería construir una iglesia viva y nunca petrificada. No se trata de ladrillos vistos, sino de templo vivo. Y acogió a todo el que se acercaba. Sin pedir nada, sin exigir nada. Y esa iglesia, nacida del evangelio, del amor y la esperanza, emprendió su camino.
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Con ocasión de la Notificación de la Congregación para la doctrina de la fe sobre dos publicaciones de Jon Sobrino, varios grupos de cristianos y cristianas nos sentimos urgidos a expresar nuestra opinión.
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La consigna sonó fuerte en el acto donde los indígenas del Ecuador auparon a Rafael Correa a la presidencia de la República. Si sacamos la cuenta, entre izquierdistas y progresistas, son 12 los países que tienen gobiernos que se salen del canasto de las derechas latinoamericanas: Argentina, Brasil, Chile, Perú, Bolivia, Uruguay, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Honduras, Haití y República Dominicana. En Sudamérica es donde la cosa está más movida. Salvo Paraguay y Colombia, el progresismo ya llegó a todos los demás gobiernos de la región. No sería raro que en las próximas elecciones paraguayas un ex obispo progresista gane la presidencia y otro país se sume a la lista. Pero una cosa es que existan Ejecutivos que trabajen por los pobres y otra muy distinta que los pobres estén en el poder.
“El sacerdocio necesita vivir la vida matrimonial para renovar la iglesia”
El excomulgado arzobispo africano Emmanuel Milingo celebró en Brasil el casamiento de un ex sacerdote y una catequista, parte de su campaña para que la iglesia católica permita el matrimonio de religiosos. “Su casamiento es válido, es lícito porque es ante Dios”, dijo Milingo a los novios al celebrar la ceremonia el sábado por la noche en una pequeña capilla de un centro de convenciones del sur de Brasilia.
Mucho habría que conversar, para que esta semana sea menos triste y tétrica en lo religioso. Lo esencial: la pasión de Jesús es la consecuencia de un camino derecho, transparente, libre y realmente libertador en medio de un mundo corrupto y abusivo.
La decisión tomada por el Arzobispado de Madrid de cerrar nuestra parroquia nos hace pensar que la entreverada esperanza de que el Papa actual diese signos de apertura y confirmase el caminar renovador de una iglesia posconciliar, se ha ido desvaneciendo. Ahí están las recientes alarmas teológicas de Roma contra Jon Sobrino y otras que se están produciendo en diversas partes de la Iglesia.
Ya ha saltado a los debates en ATRIO la palabra “cisma”. Pienso que sería un error plantear con ese término la salida de la actual dramática crisis de la iglesia. Y que perjudicaría a los conatos de superación de la institución en la que, bien que mal, muchos nos hemos topado con Jesús, el gran “secularizador” de toda religión.
¿Elegirán lo africanos a Ségolène Royal como la primera mujer presidente de Francia? Desde el siglo XIX, muchos votantes africanos han influido notablemente en las elecciones francesas, pero en estas presidenciales sólo las islas de Reunión y Mayotte, en el Océano Índico, podrán votar. La campaña ya es feroz. En los dos territorios de ultramar de Reunión y Mayotte, la población discute airadamente quién sería el mejor candidato a presidente de la República Francesa. ¿Deben votar por el ministro del Interior Nicolas Sarkozy, la candidata socialista Ségolène Royal o al centrista François Bayrou? Son los últimos africanos que pueden influir en si Royal se convertirá en la primera mujer en gobernar Francia.
Malos tiempos augura este momento para los católicos. Porque el Papa no hace lo que parecía que iba a ocurrir al mostrar hace pocos años la intención de acomodar la estructura de la Iglesia a los nuevos deseos razonables de los creyentes católicos.
El Papa considera innegociables cosas hasta ahora discutidas teológicamente
Y no está ocurriendo así.
Querido Ellacu: Pronto se reunirán los obispos en Aparecida, y Dios sabe qué ocurrirá. Lo que es claro es que hay que “revertir la historia”, como dijiste en tu último discurso en Barcelona diez días antes de tu muerte. Ciertamente hay que revertir la historia del continente, y también, en buena medida, la historia de la Iglesia.
En Medellín estuvo el dedo de Dios. Lo agradeciste y lo pusiste a producir entre nosotros los jesuitas y en la espiritualidad de San Ignacio, en la UCA y en el país. Pronto se generó una reacción, pues un Dios de los oprimidos molesta.
“Ai de vosaltres escribes i fariseus, hipòcrites! perquè pagueu el delme de la menta, de la matafaluga i del fonoll, i us salteu allò que fa realment el pes de la Llei: la justicia, la misericòrdia i la bona fe (Mateu, 23, 23). Cuando el arzobispo de Valencia -buen conocedor, sin duda, de los evangelios- se despacha en su carta pastoral con un llamada sobre el peligro de “dilapidar los bienes alcanzados y reabrir viejas heridas con una utilización de la memoria histórica guiada por una mentalidad selectiva” (LMV 23-3-2007), simplemente le traiciona -en el mejor de los casos- el subconsciente.