EFE-El Mundo.es

Casarse en la India sigue siendo una losa para miles de mujeres que, al no poder pagar las altas cantidades que exige la dote, una tradición ilegal pero aún vigente, se suicidan o mueren a manos de sus maridos. Los últimos casos de jóvenes muertas por esta causa -cuatro en poco más de un mes- han puesto en evidencia que la costumbre de la dote, lejos de extinguirse, sigue a la orden del día más allá de barreras de clase o casta.

Uno de los asesinatos más recientes, recogido por toda la prensa local, tuvo lugar a finales de abril, cuando la hindú Mukta Chandolia, de 29 años, murió un día antes de su boda al ser empujada por la ventana de un quinto piso en Nueva Delhi por el que iba a ser su esposo, en medio de una acalorada discusión.

La razón fue la exigencia, en el último momento, de aumentar en 500.000 rupias (casi 9.000 euros) la dote ya acordada, algo a lo que la novia y sus familiares se negaron en rotundo.

“La dote es una parte integral de nuestro sistema”, reconocía el hermano de la joven fallecida en declaraciones al diario ‘The Times of India’, que consideró que el problema fue que el novio de Mukta “se volvió demasiado avaricioso”.

Sólo unas semanas antes de esta muerte, otra mujer, Divya Soundiyal, apareció sin vida en su casa en lo que todos creyeron un suicidio, hasta que su marido, Sumit, confesó que la había asesinado, porque rechazaba seguir dándole dinero en concepto de dote.

Polémico debate

El suicidio de la madre de una novia por no poder cumplir con las exigencias de su futura familia política y el caso de otra joven que se ahorcó en su habitación por el mismo motivo se suman a los últimos casos aparecidos en medios locales, lo que ha reavivado el debate sobre esta costumbre.

Según la Comisión de Mujeres de Delhi (DCW), son aún muchas las muertes por este motivo que pasan desapercibidas: sólo el año pasado se denunciaron más de 9.800 casos relacionados con violencia por la dote, según datos de la Policía de Delhi difundidos recientemente por ‘The Times of India’.

La tradición no se limita al mero desembolso económico en el momento de la boda, ya que, en los meses y años siguientes, es posible que el marido y su familia sigan pidiendo dinero o bienes a la esposa en concepto de gastos vinculados al matrimonio, o como confirmación de un cierto estatus social.

A raíz de los chantajes, extorsiones y maltratos, el pago de la dote se prohibió en la India en 1961 con la llamada ‘Dowry Prohibition Act’, aplicable cuando una mujer casada muere en extrañas circunstancias: en ese caso, el acusado, normalmente el marido, es considerado culpable hasta que no demuestre lo contrario.

Esta ley sólo ampara a las mujeres desde el momento en que contraen matrimonio hasta siete años después, un plazo en el que se considera que son más vulnerables de sufrir abusos relacionados con la dote.

Pero la prohibición no ha acabado con esta costumbre, sino que, a lo sumo, la ha disfrazado de “regalos” para los familiares del novio o, simplemente, la ha convertido en la obligación moral de la familia de la novia de correr con los gastos de la boda.

En una familia media, el desembolso puede ascender a entre 300.000 y 400.000 rupias (entre unos 5.400 y 7.100 euros, algo exorbitante en un país en el que la renta per cápita asciende a poco más de 2.700 euros al año), ya que la “organización” de la boda incluye joyas, vestidos y bienes materiales tanto para la novia como para la familia del novio.

“Es una forma de garantizar que, en los malos tiempos, tendrán un ‘colchón’ económico”, se justifica el padre de una joven delhí casada hace dos años y que asegura no haber pagado dote, sino “sólo” haber cubierto los gastos de la boda -con joyas, vestidos y banquete incluido-, lo que le supuso unas 350.000 rupias (6.400 euros).

“El padre del novio no exigió nada. Bueno, sólo que la boda se celebrara en Delhi y no en nuestro pueblo natal, lo que resultó mucho más caro”, ha reconocido este oficinista, que quedó endeudado durante una buena temporada.

Y no son pocas las familias que, en virtud de esta costumbre, han quedado virtualmente arruinadas en el afán de casar a sus hijas y ahuyentar el fantasma de la soltería, considerada aún un fracaso por la mayor parte de la conservadora sociedad india.

   
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