Xavier Pikaza

Uno de los mayores problemas de la Iglesia ha sido la separación entre las “comidas normales” de los cristianos (que se reúnen para orar y compartir los dones de la vida) las “comidas eucarísticas especiales”, donde ya no se come, sino sólo se reza y se comparte, simbólicamente, un poco de pan y un poco de vino. Fue una separación gradual, que tardó quizá un siglo en producirse del todo, pues, en principio, la eucaristía formaba parte de la misma comida. El Cuerpo de Cristo era la misma Comunidad Reunida, compartiendo el pan y el vino de Jesús, toda la comida.

Libro de los Hechos: la fracción del pan

La Iglesia de Jerusalén era básicamente una “comunidad de comida” en la que podían distinguirse, quizá, dos “eucaristías”: (a) La eucaristía o comida diaria en la que se comía básicamente pan (y otros alimentos), pero no vino (pues el vino es caro, no es de cada día). (b) La eucaristía de las fiestas (domingos) con el pan y el vino. Aquí no queremos plantear el tema histórico de fondo, que sigue ocupando a los especialistas, y que yo mismo he planteado en Fiesta del pan, fiesta del vino (Verbo Divino, Estella 2006). Por eso, me limito a presentar el tema, citando un pasaje principal donde e libro de los Hechos presenta en compendio la vida de la iglesia primitiva, destacando en ella la fracción del pan:

(Resumen de la vida cristiana):
Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles,
a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones…

(Continuación)
Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común;
vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos,
según la necesidad de cada uno…
partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón
Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo (Hech 2, 42-47).

El texto es complejo y empieza con un resumen del cristinismo, pues contiene cuatro elementos distintivos de la vida cristiana: enseñanza, comunión, fracción del pan y oraciones… Es muy posible que la palabra comunión (=koinônia) aluda a la posesión comunitaria de bienes y la fracción del pan a la comida compartida, con sentido eucarístico.

Entre la koinonía y la fracción del pan hay una relación esencial: no puede darse comunión de bienes sin comunión de pan y viceversa. Estos dos momentos aparecen más claros en la continuación del relato, donde hemos distinguido el plano de economía (tener las cosas en común) y la fracción del pan, que se refiere, sin duda a la comunión alimenticia de los cristianos. Lucas define así la iglesia más antigua en claves de doble comunión, económica y alimenticia, es decir, de bienes y mesa. Es evidente que la eucaristía, que aquí está evocada con el término genérico del “pan compartido”, constituye, a su juicio, la esencia de la iglesia, una Eucaristía que es inseparable de toda la comida.
Esa relación entre comida normal y eucaristía está en el centro de todo el Nuevo Testamento, como indican muchos testimonios básicos de los evangelios: multiplicaciones, textos de la Última Cena y relatos pascuales. Ésta es una relación que se ha roto después, cuando la eucaristía propiamente “sacramental” se ha separado de las “comidas comunes” y cuando el cristianismo ha dejado de ser religión “de comunidades” para convertirse en religión de comidas particulares.

Un camino eclesial: Didajé

El problema anterior sigue estando en el fondo de la Didajé o doctrina de los apóstoles, que constituye e primer testimonio de la Eucaristía fuera del Nuevo Testamento, a finales del siglo I d. C. Las oraciones que ofrece este libro parecen bendiciones de mesa, proclamadas en las reuniones fraternas de la comunidad, en las comidas que son, al mismo tiempo, comidas normales y “eucaristías”. No había todavía distinción entre comidas comunitarias (como las de otros grupos parecidos de aquel tiempo) y liturgias eucarísticas propiamente dichas, en el sentido posterior de la palabra, en la línea de lo que Pablo llamaba Cena del Señor (cf. 1 Cor 11, 17-34). Lo que más tarde será misa o celebración sacramental estricta no se había extendido todavía. En el fondo, toda comida compartida entre cristianos era Eucaristía. Así lo supone el texto

He aquí lo referente a la acción de gracias:

Debéis decir la eucaristía así:
Te bendecimos Padre nuestro,
por la vida y el conocimiento que nos has hecho conocer
mediante Jesús, tu servidor.
A Ti la gloria por los siglos de los siglos. (Amén)

Sobre la fracción (del pan):

Te bendecimos Padre nuestro,
por la vida y el conocimiento que nos has hecho conocer
mediante Jesús, tu servidor.
A Ti la gloria por los siglos de los siglos. (Amén).
Como este par partido,
esparcido antes por las lomas,
ha sido recogido y se ha hecho uno,
así tu Iglesia sea reunida en tu reino
desde los confines de la tierra.
A Ti la gloria y el poder por los siglos. (Amén).

Que nadie coma ni beba de vuestra eucaristía si no está bautizado en el nombre del Señor. A este propósito el Señor ha dicho: No deis lo santo a los perros.

Después de saciaros, diréis así la eucaristía:

Te bendecimos Padre santo,
por tu santo nombre,
que has hecho habitar en nuestros corazones;
y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad
que nos has hecho conocer,
a través de Jesús, tu siervo.
A Ti la gloria por los siglos. (Amén).
Tú, Seño Todopoderoso, has hecho todas las cosas
a la gloria de tu nombre,
y has dado comida y bebida a los hijos de los hombres
para su disfrute y para que te bendigan.
Pero a nosotros nos has dado el don
de una comida y bebida espirituales y de la vida eterna
por mediación de Jesús, tu servidor.
Por todo te bendecimos; porque eres poderoso.
A Ti la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,
para liberarla de todo mal
y perfeccionarla en tu amor.
Reúnela, santificada, desde los cuatro vientos,
en tu reino, que Tú le has preparado.
A Ti el poder y la gloria por los siglos. Amén.
Hosanna a la casa de David.
El que es santo, lléguese. El que no, arrepiéntase.
Marana tha. Amén
(Texto en D. Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, BAC, Madrid 1974)

Dejamos así el texto (con sus dificultades: como la referencia a los “perros”, que aparece en otros textos del Nuevo Testamento: Mt 7, 6; Flp 3, 2; Ap 22, 25). Que los lectores sepan gozarlo y entenderlo (interpretarlo) a la luz de los capítulos precedentes de este libro. No queremos trazarles un camino, imponerles una repuesta. Que ellos mismos la descubran y puedan así recorrer mejor el camino eucarístico que hemos querido ofrecerle a lo largo del libro, del que aún queda la conclusión o capítulo final.

   
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