Después de esto el Señor designó a otros setenta y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. 2y les dijo:
-La mies es abundante y los braceros pocos; por eso, rogad al Señor de la mies que mande braceros a su mies. 3¡En marcha! Mirad que os envío como corderos entre lobos. 4No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no os paréis a saludar por el camino. 5Cuando entréis en una casa, lo primero saludad: “Paz a esta casa”; 6si hay allí gente de paz, la paz que les deseáis se posará sobre ellos; si no, volverá a vosotros. 7Quedaos en esa casa, comed y bebed de lo que tengan, que el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.




