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Cuenta Sanjuana Martínez en La Jornada que, en medio de gran hermetismo, el interrogatorio del cardenal Norberto Rivera Carrera se realizará hoy, a las nueve de la mañana, en las oficinas de la arquidiócesis de México.

El purpurado ha preferido mantener en secreto los detalles del procedimiento que se sigue en su contra en la Corte Superior de California, ubicada en Los Angeles, pero los abogados que participan en la declaración jurada que se realizará en el Distrito Federal han confirmado a La Jornada que la trascendental cita con la justicia del cardenal Rivera Carrera será en sus oficinas, ubicadas en la calle de Durango número 90, colonia Roma.

En el lugar estarán, además del purpurado mexicano, tres abogados del equipo liderado por Jeff Anderson, dos abogados del cardenal, encabezados por Steven R. Selsberg, un camarógrafo que la parte demandante ha contratado para grabar toda la comparecencia, dos intérpretes y un reportero bilingüe.

Mike Finnegan será el encargado de dirigir el interrogatorio en inglés. El traductor de la parte defensora le hará las preguntas en español al cardenal y sus respuestas serán simultáneamente traducidas por el intérprete contratado por los abogados de la acusación.

La declaración de Rivera Carrera puede durar entre seis y ocho horas. Su contenido pretende dilucidar los detalles del presunto encubrimiento que el prelado brindó al cura pederasta Nicolás Aguilar Rivera, acusado de violar a unos 90 niños en México y Estados Unidos.

Al día siguiente se iniciará el interrogatorio contra el obispo de Tehuacán, Rodrigo Aguilar Martínez, también acusado de 12 cargos en su calidad de actual responsable de la diócesis donde sucedieron parte de los hechos que se persiguen.

El día 9 será interrogado también Joaquín Aguilar, víctima del cura Nicolás y demandante ante el tribunal estadunidense. En este caso, los abogados de Norberto Rivera Carrera ya realizaron un interrogatorio por escrito de 25 preguntas y ahora se concretarán a asuntos más específicos.

Todas las comparecencias se harán bajo juramento de decir la verdad. En el derecho anglosajón, el perjurio está penado con cárcel, por lo que las respuestas deberán ser plenamente claras.

En febrero pasado el cardenal Rivera Carrera presentó una declaración jurada por escrito ante la Corte Superior de California, en la cual aseguraba que existe un “código secreto” dentro de la Iglesia que permite identificar a los sacerdotes con “conductas inapropiadas”.

El purpurado mexicano negó entonces que hubiera protegido al cura pederasta Nicolás Aguilar, prófugo de la justicia.

Sin embargo, su declaración se contrapone a la de su homólogo, el cardenal Roger Mahony, arzobispo de Los Angeles, quien ha sostenido ante las autoridades estadunidenses que fue Norberto Rivera quien le envió al sacerdote pederasta, sin notificarle de sus delitos ni avisarle de su peligrosidad.

De haberlo sabido, aseguró Mahony, no le hubiéramos permitido ejercer en esta arquidiócesis.

Por primera vez en la historia de los litigios por abusos sexuales del clero, dos cardenales se enfrentan en sus versiones con el propósito de salvarse cada uno de las acusaciones que les hacen las víctimas. Con tal de exculparse, los purpurados se imputan recíprocamente.

Mientras el cardenal Rivera Carrera se niega a abrir sus archivos para determinar el número de curas pederastas y sus respectivos paraderos, el cardenal Roger Mahony, presionado por más de 500 denuncias en contra del clero angelino, decidió colaborar con la justicia abriendo los archivos de más de 200 sacerdotes y prometió la presentación de cientos de documentos más en el transcurso del presente año, luego del reciente acuerdo multimillonario entre las víctimas y el purpurado.

El abogado del cardenal Rivera, Steven R. Selsberg, ha informado que la próxima cita del purpurado mexicano ante la Corte Superior de California será el próximo 11 de septiembre.

Será el momento más importante de este proceso civil. La transacción alcanzada por la arquidiócesis de Los Angeles con los abogados de las víctimas ha dejado al cardenal Norberto Rivera, la arquidiócesis de México y la diócesis de Tehuacán solos ante el peligro: la Iglesia estadunidense se ha salido del caso, ha extendido un cheque multimillona rio y ha eludido con ello una eventual condena judicial.

El cardenal Mahony ha asumido un gran costo económico, pero sin duda se ha ahorrado enormes daños adicionales, de imagen y de credibilidad, ante los fieles católicos y ante el resto de la opinión pública estadunidense.

Ahora es el turno de la Iglesia mexicana. Confrontados ante el mismo dilema: ¿preferirán Rivera y la jerarquía transar, como acaban de hacer sus homólogos del otro lado de la frontera, o seguirán apostando por la negación de todo por el todo?

De ganar, el cardenal Rivera Carrera dejará a las víctimas desasistidas, pero se ahorrará mucho dinero. De perder, el costo será no sólo multimillonario: la proyección pública de la Iglesia católica mexicana habrá quedado estigmatizada por la mancha indeleble del escándalo relacionado con el abuso a menores, que en términos enérgicos proscribe y condena el mandato evangélico.

   
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