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El silencio de la opresión cayó sobre Birmania. Después de la rebelión de los monjes budistas y del pueblo birmano, ¿qué cabe esperar hoy?
Los monjes budistas han sabido demostrar que se comprometían para el bien del pueblo birmano y, sobre todo, que no les faltaba audacia para manifestarse sin armas y sin protección. Estos monjes daban ganas de ir a reunirse con ellos para luchar allí donde estemos, en solidaridad con ellos.
La condena no se ha hecho esperar. Un sacerdote de 41 años de la Diócesis de Padua ha sido suspendido “a divinis” por haberse enamorado de una mujer.
El sacerdote alega en su defensa que no hay ninguna norma en la Iglesia que impida amar, sin por ello tener que romper sus compromisos como sacerdote célibe.
Una vez más surge la cuestión de lo que la Iglesia entiende por celibato, anteponiendo imposiciones contrarias a la naturaleza humana al sentido común de las personas.
Ciertamente, el celibato no deja de crear conflictos al interior de la Iglesia católica, que exige a sus ministros un comportamiento contrario a la teología de la castidad demandada en el sacramento del Orden.
Piden a los birmanos que “no tengan miedo porque hacemos esto por el futuro de la nación”
Los monjes budistas volvieron ayer a las calles del epicentro de la revolución azafrán birmana: Pakokku. Un centenar de ellos desfilaron desafiantes en esta ciudad, situada 600 kilómetros al noroeste de la capital. Ningún civil se unió a la marcha pacífica, pero desde el portal de sus casas inclinaron la cabeza a su paso en señal de veneración.
El país ha sido testigo de un nuevo atentado a la más mínima e imprescindible responsabilidad social y ética de un medio de comunicación masivo: el canal de televisión “Chilevisión”, que ayer 29 de octubre a las 22 horas en su programa “Chile anónimo”, se dedicó a esparcir sin tapujos el veneno de los prejuicios, los estereotipos y la xenofobia en contra de la comunidad inmigrante peruana, con la incontestable consecuencia de despertar en la población chilena las pasiones y discursos más egoístas y destructivas, los anti-valores y las actitudes irreflexivas de tipo chauvinistas y anti inmigratorias del todo peligrosas socialmente.
La Iglesia católica ha llevado a cabo una beatificación masiva, con descalificaciones al Gobierno, banderas anticonstitucionales y demás parafernalia fascista incluida, justificándose en homenajear a las víctimas que dieron su vida por la fe, y negando el revanchismo, aunque se excluya a las víctimas católicas de izquierdas que dieron su vida por la fe y por la democracia.
La Iglesia, con gran despliegue de medios, ha ensalzado a 498 personas; todas de su bando y fusiladas por el rojerío republicano. Juan XXIII y Pablo VI se negaron a celebrar este acto tan marcado de tintes políticos. El actual Vaticano -controlado por el Opus- y la Conferencia Episcopal Española -adscrita al PP- se han salido con la suya.
Se habla mucho de que las cosas han cambiado de forma vertiginosa. Se afirma que los valores han empeorado y que la sociedad se está fracturando. Estas afirmaciones pueden presentarse de forma más o menos catastrofistas u optimistas y la valoración de su intensidad depende mucho del punto desde el que se miran Hace falta una cierta neutralidad a la hora de analizar la realidad actual para poder acertar en el diagnóstico y poner soluciones eficaces en lo que haga falta actuar.
¿Quién tiene que financiar a la Iglesia católica? En un Estado aconfesional, como es el español, parece lógico que deberían ser los propios fieles. Sin embargo, esta institución sigue conservando algunos de los privilegios que tuvo durante la dictadura franquista.
I.-Nuestras experiencias en Moceop
1.- La experiencia de Iglesia que vivimos en nuestros grupos-comunidades base marcha por estos derroteros:
a) Frente a la Iglesia Institucional que insiste en la adhesión personal a la verdad racional, intelectual… nosotros estamos en búsqueda, individual y en comunidad, de Dios con todo nuestro ser racional, afectivo, sentimental
b) Ante una Iglesia que se muestra oficialmente como institución jerarquizada a través de la cual llega a los hombres y mujeres la salvación por los sacramentos, nosotros nos desenvolvemos en comunidades de experiencia de vida y de fe, relacionadas en redes, coordinadoras… forman-do movimientos en los que compartimos el evangelio, las celebraciones y los compromisos