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Es viernes a mediodía y acaba de presidir el Consejo de Ministros, donde ya se ha hecho una reflexión sobre la histórica sentencia del 11-M. Es la primera vez que el presidente del Gobierno detalla su opinión sobre el fallo de la Audiencia Nacional y que juzga cómo ha quedado la llamada “teoría de la conspiración”, que consistía en poner de manifiesto supuestos agujeros negros en la investigación y en la instrucción. De sus palabras se deduce satisfacción por haber conseguido el objetivo de celebrar un juicio como éste y que, finalmente, pueda haber sentencia. La conversación dura más de dos horas.
Hace unas semanas pasé un día en familia en un conocido parque de atracciones. Fue un grave error no comprar el pase VIP que nos hubiera evitado hacer colas interminables en cada una de las atracciones. Además, tuvimos que organizarnos el día para poder comer sentados y no coincidir con el resto de visitantes en las horas punta. Pero valió la pena, porque pudimos disfrutar en carne propia lo que se siente cuando te dejan caer al vacío desde cien metros de altura, o en que consiste pasar de cero a ciento treinta y cinco kilómetros por hora en tres segundos.
La cosa está clara. Mucha gente, quizá con más ingenuidad que lucidez, se imaginaba que, después de la sentencia del juicio por el atentado del 11 M, las cosas iban a quedar claras y los que, durante cerca de cuatro años han repetido mentiras e injurias, terminarían por reconocer su equivocación y las aguas del agitado mar de la sociedad española volverían a estar tranquilas. Pero no ha sido así. Todo lo contrario. Porque, a la vista de lo que dicen los políticos de uno y otro bando, se tiene la impresión de que la tensión es ahora más fuerte que antes de conocerse la sentencia. Y me temo que será más fuerte aún después de las elecciones generales, sea quien sea el vencedor en las urnas.
Yo lo conocí como a la palma de mi mano
venía de una familia obrera y trabajadora
no pudo seguir sus estudios universitarios
porque tuvo que dedicarse a trabajar
para ayudar a mantener a sus cuatro hermanos.
En relación con el encuentro organizado en el marco del diálogo inter-ruandés, de la plataforma Bélgica, Holanda y Alemania, en Amsterdam, del 12 al 14 de octubre del 2007, los participantes del diálogo inter-ruandés venidos de Alemania, Bélgica y de Holanda.
Se inscriben en las recomendaciones de reunión de directivas precedentes. (Estellencs 2004, BCN 2006).
Hay demasiados ruidos a nuestro alrededor. El corazón se sobresalta, afloran los nervios, se atolondra la mente.
Es el televisor encendido casi todo el tiempo, con su flujo incesante de imágenes absorbiéndonos en un incesante carrusel de fotos; la radio en diálogo inclemente, con música rítmica desprovista de melodía, el sonido alojándose en los orificios auditivos; el teléfono reclamando supuestas urgencias; el celular que invade todos los espacios, con sus musiquitas que perturban en teatros, cines, templos, ceremonias y eventos, algunos usuarios con sus pinganillos colgados de las orejas, publicitando en voz alta conversaciones privadas.
Tras un largo silencio discográfico, los anawim presentan un nuevo CD: Barrio Esperanza. Un disco cargado de novedades tanto en el fondo como en la forma.
En el fondo, 10 canciones para otro Mundo y otra Iglesia posibles, como ellos mismos afirman en el libreto –por cierto, un diseño gráfico sorprendente y cuidado-.