El Correo

Este verano, la influyente revista de referencia de los jesuitas, ‘Civiltà Cattolica’, se preguntaba si hoy en día «hay ciber-espacio para Dios» y proponía evangelizar en Second Life, el mundo virtual de Internet. Meses antes, en febrero, el salón de la sede de la revista celebró un convenio sobre el rock pues, según explicó uno de los ponentes, gente como Bruce Springsteen o Tom Waits «hablan al alma». Los jesuitas siempre se colocan en la vanguardia del catolicismo, atentos a estar al día y llegar a las últimas fronteras, tanto viajando como pensando. Su fuerte es la enseñanza -suya es la prestigiosa Universidad de Georgetown, en Washington, desde 1789- y los quince años de estudio que se necesitan para ser ‘soldado de Cristo’, con una profunda formación humanística y científica, les dan esa fama de élite intelectual. Aunque también el tópico peyorativo del personaje astuto y taimado.

La historia de la orden es apasionante y muy entretenida, porque desde su fundación en 1540 han sido protagonistas de la vida de la Iglesia, para bien y para mal. Su expansión por el mundo, especialmente en Asia, fue formidable, pero cuando les fue mal tampoco fue menos espectacular. Les expulsaron de varios países, entre ellos España, y la orden llegó a ser suprimida por el Papa durante 40 años en el XVIII. Precisamente, con Juan Pablo II han vivido uno de esos momentos cíclicos de bajón. En los sesenta. la Compañía dio un vuelco de planteamientos. De ser vistos como retrógrados, pasaron a ser la ‘izquierda’ de la Iglesia. La Teología de la Liberación es en gran parte jesuita.

Travesía del desierto

Wojtyla no los comprendía demasiado y mucho menos los sectores conservadores de la Iglesia. En octubre de 1981, Juan Pablo II intervino con un golpe de mano para acomodar más a su línea la cúpula de los jesuitas, en pleno vacío de poder por la trombosis que acababa de sufrir Pedro Arrupe. Sólo permitió una congregación dos años después, en la que salió elegido el actual general, el holandés Peter-Hans Kolvenbach.

Estos 24 años de Wojtyla los jesuitas han vivido pasando su particular travesía del desierto ante el ascenso del Opus Dei y el resto de los movimientos conservadores. Sin embargo, con Benedicto XVI las cosas han empezado a cambiar. Ratzinger, profesor y erudito crecido en la universidad, sintoniza muy bien con la pasión por el debate y la reflexión de los jesuitas. Eso no quita para que les siga parando los pies si lo cree necesario. Son jesuitas tres de los cuatro teólogos advertidos por la Santa Sede en los últimos cinco años por poner en duda la doctrina sobre Jesús: Jacques Dupuis, Roger Haight y Jon Sobrino.

El relevo de Kolvenbach

Con este Papa se han visto gestos de aprecio y señales de cambio de aires. El más claro y simbólico es el portavoz del Vaticano, el jesuita Federico Lombardi, que sustituyó a Joaquín Navarro Valls, del Opus Dei. Sin embargo, los jesuitas afrontan un momento muy delicado. Su número total ha bajado; en enero de 2007 eran 19.216, y la media de edad es de 57 años. En España son 1.600, y hay sólo 19 novicios.

Con la misión de abordar estos problemas y afrontar esta nueva época, Kolvenbach dio la sorpresa en febrero de 2006 al anunciar su renuncia y convocar una congregación general, el máximo órgano de decisión, para enero de 2008. Era la primera vez que eso sucedía, pues el ‘Papa negro’ sólo abandona con su muerte, pero Ratzinger le dio permiso. Llevaba diez años pidiéndolo, pero Wojtyla le decía siempre que continuara.

La renuncia del ‘Papa negro’ podía avivar el debate sobre la del Papa de verdad. Kolvenbach cumplirá pronto 80 años y está cansado. Dentro de mes y medio los jesuitas elegirán en Roma a su sucesor y se abrirá otro capítulo en la historia de la Compañía.

   
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