Observamos con cierto estupor como a lo largo de estos días se nos ha venido convocando, a través de las parroquias, obispados y diversos medios de comunicación, para concentrarnos y manifestarnos “en favor de la familia cristiana”. Ya se había hecho con anterioridad, y esta reiteración aún nos preocupa más, si cabe, pues no teníamos conciencia de que estuviésemos en peligro. Es más, no sabemos muy bien de qué o de quién debemos defendernos y, con cierto desconcierto, nos hemos planteado: ¿quién nos ataca?
A pesar de las expectativas que había levantado, entre los asistentes y, sobre todo, entre los obispos, la intervención en directo desde Roma del Papa, Benedicto XVI ha dado un nuevo revés a los clérigos agitadores que esperaban que criticase al Gobierno de Zapatero. El pontífice también evitó los reproches al Ejecutivo en el V Encuentro de las familias celebrado en Valencia en julio de 2006 y sigue sin atacar a ZP. Ha sorprendido más la aparente moderación en la intervención del cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, que tampoco ha lanzado duras críticas hacia el Gobierno. No obstante, los ataques al Ejecutivo socialista han sido una pieza importante en los discursos de diversos clérigos en el Encuentro en defensa de la familia cristiana celebrado hoy en Madrid.
Ésta es nuestra estimación de la asistencia a la concentración “Por la familia Cristiana” celebrada hoy en Madrid. Como siempre, ponemos un área justificada por una serie de fotografías de control, tomadas a la hora a la que empezó la comunicación en directo con el Vaticano. Dadas las características de la concentración, en la que se dispusieron pantallas a lo largo del recorrido para seguir el evento, se formaron grupos espaciados entre sí para ver la transmisión.
Por tanto, la distribución de los asistentes queda como sigue:
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El gobierno conservador de Madrid cede la plaza de Colón y permite la instalación de un vídeowall para la manifestación a favor de la familia tradicional. Se hace a petición de la jerarquía eclesiástica que cree que la familia está en peligro, aquí y en toda Europa. Sobre todo ahora que están cerca las elecciones y no mandan ellos.
Uno tiene derecho a reivindicar lo que quiera e incluso a creer que la familia está amenazada. Todos tienen derecho a reivindicar el matrimonio, digo, aunque lo digan quienes no han tenido nunca uno.
El problema nace donde los intereses públicos se solapan con las creencias particulares.
Miles de personas se han congregado en la madrileña Plaza de Colón para asistiral acto litúrgico Por la familia cristiana que está presidido por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco.
El acto ha comenzado con las palabras del cardenal Agustín García-Gasco, arzobispo de Valencia, que ha criticado “la cultura del laicismo”, que ha calificado como “un fraude” que “sólo conduce a la desesperción por el camino del aborto, el divorcio express y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes”, y por lo que “nos dirigimos a la disolución de la democracia”.
“¿Qué hacemos con la Iglesia?”. En octubre de 2004, siete meses después del triunfo electoral, la espinosa cuestión de las relaciones Iglesia-Estado había ya adquirido un cariz tan inquietante que José Luis Rodríguez Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco se sintieron obligados a reunirse en un cónclave monográfico. El asunto era inaplazable, entre otras razones, porque los colectivos militantes católicos más beligerantes ya habían empezado a distribuir folletos con el listado de acusaciones que compondrían los particulares “siete pecados capitales” del Gobierno socialista: el aborto, el divorcio, la eutanasia, las células madre, el matrimonio homosexual, la educación y la financiación de la Iglesia.
En la familia de la Iglesia no todos los hermanos se llevan bien. Tras una legislatura tensa con el Gobierno, que incluso ha llevado a la organización a temer por su solvencia económica, la jerarquía católica cierra el año con un acto en la plaza de Colón de Madrid que se prevé multitudinario. El objetivo: hacer gala de que la familia de los cristianos permanece unida.
No lo consideran así los cristianos de base, que interpretan el acto que ha convocado el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, como una forma de evadir sus miedos. “Piensan que la familia está amenazada de muerte con las nuevas leyes del Gobierno socialista”, dice en su web el grupo Redes Cristianas.
Las declaraciones del obispo de Tenerife, Bernardo Alvarez, asegurando que algunos menores incitan al abuso sexual y comparando la homosexualidad con la pederastia, han suscitado un rechazo general en Asturias.
Eduard Mariot, portavoz de las Redes Cristianas de Asturias, comentó que “también hay mujeres adultas que pueden provocar, pero no por eso el adulterio es aceptable para la religión católica. Un menor no está formado como persona y una relación de ese tipo le puede provocar graves daños. Las ideas del obispo son retrógradas, nos sitúan al nivel de la lapidación de las mujeres en otras religiones”.
La Juventud Socialista de Cataluņa (JSC) ha pedido al cardenal de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, y al cardenal emérito, Ricard María Carles, que exijan al Vaticano la excomunión del obispo de Tenerife, Bernardo Alvarez, por comparar la homosexualidad con las agresiones sexuales a niņos.



