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Era un acto litúrgico pero se convirtió en toda una reivindicación de la familia tradicional cristiana, en una cerrada defensa del matrimonio exclusivamente entre hombre y mujer y, sobre todo, en una fuerte censura del aborto y del divorcio express.
El encuentro, organizado por el Arzobispado de Madrid, se desarrolló ante un multitudinario auditorio en la Plaza de Colón (Madrid). Hubo oraciones, una procesión de la Virgen de la Almudena y hasta conexión con el Vaticano para escuchar al Papa Benedicto XVI.
Andrés Muñoz (64 años) era sacerdote en activo hasta que se secularizó en 1979. En ese momento se sentía “muy encorsetado en la Iglesia, sin libertad para ejercer el ministerio”, recuerda en su casa de Getafe (Madrid). La otra motivación para colgar alba, estola, casulla y cíngulo tras 12 años de sacerdocio se explica en un nombre de mujer, Tere Cortés, su esposa desde 1981.
Y al séptimo día Dios descansó. No así muchos de sus seguidores más radicales y sectarios, quienes se concentraron ayer en la madrileña plaza de Colón para manifestarse a favor de la familia cristiana. El presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Ricardo Blázquez, acotó el término: la familia se forma por el matrimonio entre un hombre y una mujer”. Algo que, como zanjó el Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, “ningún gobierno ni Estado puede cambiar”. La declaración de una de las oradoras sirve para ejemplificar el modelo de familia y el papel de la mujer y esposa que defiende la Iglesia: “las mujeres tienen que ser como María, la Virgen, ama de casa para el bien de la familia”.
“A la desesperanza por el camino del aborto y el divorcio exprés”. “A la disolución de la democracia”. Y en dirección contraria “a la Declaración Universal de los Derechos Humanos”. A eso se dirige España por culpa del Gobierno socialista, en opinión de los obispos españoles, que ayer convocaron en el centro de Madrid a decenas de miles de fieles -dos millones según los organizadores, 160.000 según el cálculo de este periódico- para reivindicar “la familia cristiana” y arremeter contra el Ejecutivo, sin citarlo. El papa Benedicto XVI los saludó a todos, en directo, desde el balcón de san Pedro del Vaticano.
La Jornada
La filosofía política nos permite realizar una hermenéutica filosófica de narrativas contenidas en textos religiosos. Lo que se llama Navidad es una festividad de las culturas del Mediterráneo y de otros pueblos en la que se celebraba al 21 de diciembre, el día más corto del año, porque desde ese día el sol habría de ir “creciendo”. Era el solis natale . Desde el tercer siglo dC, el cristianismo adoptó esa fiesta, que no era ni judía ni cristiana, y celebró el nacimiento de Joshúa de Nazareth. Las circunstancias de ese nacimiento pasan frecuentemente desapercibidas, fetichizadas bajo sentidos completamente superficiales.
Estrella Digital
Es sintomático que el año pasado, por estas mismas fechas, el título de mi colaboración, en la que resumía lo más sobresaliente del año 2006, fuera “El retorno de la religión a la política”. Y que hoy, un año después, cuando se observa la evolución del mundo a través de una óptica gran angular que, sin perderse en los detalles pequeños o locales, permite analizar los contornos generales de la actualidad política internacional, vuelva a ser el factor religioso el que se muestra como tema dominante y cuya evolución encierra aspectos de gran preocupación para el futuro.
Alai-amlatina
Se dio por celebrada la Misa del Gallo en la madrugada del 25 de diciembre. El padre Alfonso se dejó contagiar por la aflicción de los fieles, ansiosos por regresar a sus casas y disfrutar de la cena antes de que se acostaran los niños. Abrevió la homilía, se saltó algunas oraciones, deseó a todos una Feliz Navidad y les dio la bendición final. Una decena de feligreses se juntó en la sacristía para darle a él también las felicitaciones. Los regalos se fueron juntando en un rincón: camisas, calcetines, libros… esas cosas apropiadas para un hombre de Dios.
Todavía es posible encontrar sacerdotes y obispos que impugnan el uso del preservativo. Evidentemente todos ellos tienen una visión muy estrecha y estática de la moral y pertenen mayoritariamente al clan de los que, como la mujer de Lot, se complacen en mirar siempre hacia atrás sin tener en cuenta los signos de los tiempos.
Dados los estragos que el sida está ocasionando en los países en vías de desarrollo, no es de extrañar que ante una actitud así vuelva a tomar actualidad la queja profética de Bonhoeffer cuando decía: “la religión y la moral pueden convertirse en el mayor obstáculo de la venida de Dios a los hombres”. ¿No se encarnó Jesucristo por nosotros los hombres? ¿Cómo permitir entonces que se amontonen tantos caídos en los bordes de los caminos de la historia en nombre de unos principios moralizantes que no han sabido evolucionar adecuadamente?. “Desde que Dios se hizo hombre, el hombre es la medida de todas las cosas” (K. Barth).
¿Por qué la fiesta de fin de año provoca tanta locura?¿Qué hay de especial en el cambio de año? Nada, excepto la convención numérica, una invención indoarábiga que nos permite codificar el tiempo en horas, minutos y segundos y establecer, según el movimiento de nuestro planeta en torno al sol y a las fases de la luna, calendarios que distribuyen el tiempo en años de doce meses, meses con casi 30 días y días con 24 horas exactas.
Una cuarentena de entidades, la mayor parte de inspiración cristiana, han enviado un manifiesto al cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, en el que reclaman que detenga el desalojo forzoso de un colectivo formado por 17 hombres mayores de 65 años que viven muy humildemente en un piso próximo a la plaza de Sant Jaume propiedad de la parroquia de Sant Just i Pastor.
La parroquia, cuya dirección fue confiada hace dos años por el cardenal a la pujante comunidad de San Egidio que lidera el italiano Andrea Riccardi, reivindica el inmueble para poder llevar a cabo labores de “catequesis y preparación al matrimonio”, según los firmantes, pero estos sospechan que lo que pretende San Egidio es fijar allí su nueva sede en Barcelona.
El obispo de Buyumbura Evariste Ngoyagoye apeló a la paz en Burundi durante su sermón de Navidad. “Un alto el fuego sería el mejor regalo de Navidad para el pueblo burundés”, dijo durante la celebración en la catedral Regina Mundi aludiendo al gobierno y al único grupo rebelde que aún está activo en el país, el Frente de Liberación Nacional (FNL).
El cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha clausurado el acto por la familia cristiana que se ha celebrado hoy en la plaza de Colón al que ha asistido miles de personas, y en el que se han podido oír fuertes críticas al Gobierno por sus políticas en materia de familia, tales como el matrimonio homosexual o el llamado divorcio express, que, en palabras de Rouco, suponen “una marcha atrás en los derechos humanos”.
Por primera vez en su historia, el reloj de la Puerta del Sol dará este Fin de Año las doce campanadas adaptadas a personas sordas, en una estrella proyectada en la fachada de la Real Casa de Correos, donde irán apareciendo los números a medida que suenen las campanas.