Una iglesia desbordante de fieles, un coro con esa fuerza espiritual heredada de los ancestros esclavos y una comunión inclusiva que permitió a mujeres tomar parte en el oficio de la misa, y a los niños subir al altar en concordancia con los palabras de Jesús: “Dejad los niños que vengan a mí”, hizo vibrar a los presentes y colocó al Caribe como ofrenda.
El arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia Anglicana, Rowan Williams, presidió una ceremonia de eucaristía ‘secreta’ para clérigos homosexuales de ambos sexos.
Durante el servicio religioso, celebrado, según el diario ‘The Times’, en la iglesia de All-Hallows-by-the-Tower, Williams habló de ‘la realidad actual y posibilidades futuras para lesbianas y gays en el seno de la Iglesia’.
Por Cuicuizcatl (golondrina viajera)*
Tenía 21 años cuando ingresé a una casa de formación, para ser religiosa. Me sentía segura y confiada en que ese era mi camino. Había dejado en el tercer semestre una carrera de administración de empresas; había dejado, con mucho dolor, un maravilloso grupo de campismo llamado Atma Omnium (Universo en armonía), dejé a mis papás y dos hermanas solteras (soy la mayor), había regalado mis libros, mis discos, mi ropa.
Con frecuencia se confunden dos términos, que si bien proceden de la misma raíz, en realidad tienen significados muy diferentes. Una cosa es la espera y otra bien distinta la esperanza.
Ambas parecen formar parte de la espiritualidad del Adviento y, sin embargo, apuntan a actitudes que no siempre se pueden conjugar desde los criterios del Evangelio.
Desdoblamiento en máscara de todos. Los juegos peligrosos (1962)
Ningún acercamiento teológico serio al tema crucial de las identidades y las espiritualidades latinoamericanas puede reclamar integridad si no incorpora la importancia central que en las creaciones culturales de nuestros pueblos y sus principales artistas tienen las diversas religiosidades que han habitado la imaginación colectiva, incluyendo en palco prominente, qué duda cabe, la fe cristiana.
Hay tantas luces en nuestra ciudad,
se desprende tanta luminosidad artificial
que nos es muy difícil llegar a ver,
ya no digamos las estrellas
del firmamento,



