Somos Iglesia Andalucía

El año 1832 el teólogo italiano C. Rosmini publicó su polémico libro Las cinco llagas de la Iglesia que pronto sería puesto por Pío IX en el índice de libros prohibidos. Rosmini señalaba los cinco fallos que veía en la Iglesia de su tiempo: la división entre clero y pueblo en el culto, la insuficiente educación del clero, la desunión de los obispos, el nombramiento de éstos y la esclavitud de los bienes eclesiásticos. Por una de esas paradojas de la historia el autor de esta obra pronto va a ser beatificado. Un hecho parecido a lo ocurrido con el dominico Sabonarola. Pasó de la hoguera de la Inquisición a los altares.

El Centro de estudios promovido por la Compañía de Jesús en Cataluña, titulado Cristianismo y Justicia ha publicado últimamente un bello y sugestivo cuaderno titulado ¿Qué pasa en la Iglesia? Los autores son cuatro jesuitas: Xavier Alegre, Josep Jiménez, José Ignacio González Faus y Josep María Rambla. Nos describen las cinco llagas de la Iglesia de hoy: 1ª. El olvido de la centralidad de los pobres. 2ª. El jerarcocentrismo en detrimento de una Iglesia como pueblo de Dios. 3ª. El eclesiocentrismo que olvida la necesaria apertura al mundo, a sus aspiraciones y sus problemas. 4ª. La división de los cristianos. 5ª. La helenización del cristianismo de la que surge la intolerancia, esto es, la angustia de no tener razón.

Con una gran dosis de sinceridad nos manifiestan que en modo alguno pretenden ser la única palabra en el seno de la comunidad creyente, ni esperan la aceptación universal de todo lo que han dicho. Queremos ser en la Iglesia sólo una palabra por la cual reivindicamos el derecho de ser pronunciada, el respeto y que no se vea desautorizada simplemente por el simple hecho de ser molesta. Está claro que la sabiduría, la prudencia, la honradez con que ha sido escrito el cuaderno, no hacen más que dar aliento a tantos cristianos que viven con angustia ciertas actuaciones de la jerarquía. Les damos gracias por su sinceridad. ¿Sería posible que cardenales, obispos, el propio Papa, cuantos dirigen la Iglesia, meditaran estas confesiones de auténticos cristianos con la misma honradez con que han sido escritas?

Es interesante destacar los seis grupos de cristianos con los que los autores nos dan una visión panorámica del cristianismo europeo en este comienzo de siglo: 1.- Existen movimientos o grupos de excelente voluntad que viven replegados sobre sí mismos y al margen de la marcha de la historia. Con cierto espíritu de gueto. Cuando se les dice que en nombre del evangelio deben abrir los ojos al mundo, responden que ellos no son una ONG. 2.- Existen otros movimientos con un fundamentalismo difícil de disimular y que pretenden salvar la Iglesia recurriendo al poder y al dinero. Para ellos el soplo del Espíritu sólo sirve para robustecer la institución, en vez de ponerla al servicios de los que buscan y sufren. Si el grupo anterior tendía al gueto, éstos tienden a la secta.

3.- Hay grupos y comunidades que ante la crisis eclesial, han tomado la valiente decisión de no avergonzarse de ser cristianos, convencidos de las enormes riquezas que el cristianismo posee y puede aportar. Pero no se plantean la necesaria reforma de la Iglesia, hay que quererla tal como es. Sus planteamientos son muy conservadores y a veces fundamentalistas o integristas.

4.- Hay además infinidad de cristianos sociológicos que lo son más por inercia que por auténtica opción, que se limitan a un cumplimiento más bien externo de ciertas prácticas religiosas pero que no se sienten llamados a la generosidad del evangelio

5.- Aparecen también muchos cristianos en crisis, que ya no saben si creen o no. Y soportan solos la enorme dificultad de ser creyentes en medio de una sociedad más bien hostil o alejada de lo religioso.

6.- Hay, finalmente, grupos heterogéneos de creyentes descontentos con la institución eclesial. Y entre ellos se dan las mejores vetas de calidad cristiana. Pero quizás podemos caer en el peligro de desautorizar más una verdad oficial de la Iglesia que una verdad oficial del progresismo ambiental. Lo cual no es bueno en absoluto.

Nosotros queremos seguir el ejemplo de personas como Blondel, Teillard, Congar, Romero, Rahner, Ellacuría, Arrupe, etc., que, aunque fueron tachados como rebeldes, supieron mostrar con sus vidas y con sus sufrimientos que amaban a la Iglesia hasta el final, y que su rebeldía era sólo el resultado de una fidelidad a veces a prueba de martirio. Ellos fueron capaces de sufrir con amorosa humildad a manos de la misma Iglesia. Ojala cunda su ejemplo.

   
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