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No sé si se puede hablar del Paraguay sin antes pedir, humildemente, disculpas por el etnocidio que las tropas de la Triple Alianza (Brasil, Argentina, Uruguay) perpetraron durante los cinco años de guerra. Hubo un brutal genocidio en el que perecieron en batalla o pasados al filo de la espada más del 90% de los hombres adultos, entre ellos muchos niños. Es una deuda ética que todavía tenemos que reparar.
Estados Unidos tiene el poder de convertir los más grandes crímenes en espléndidas gestas (no importa el autor).
Hace días que venimos oyendo la denuncia de la transgresión de Derechos Humanos en China. Los juegos olímpicos han sido ocasión estupenda para airear lo que para muchos estaba oculto y no darle justificación bajo ningún pretexto. La injusticia y la opresión son lo que son, hay que llamarlas por su nombre y, cuando se dan , deben ser publicadas, rechazadas y corregidas.
Pero, no es este el problema.
Llegan voces desde todos los ángulos del Planeta. La mayoría elogiosas, otras, cortas de miras, en contra de un ciudadano, que ha apostado por responder en conciencia, más allá de reglas canónicas y de actitudes políticamente correctas.
Según el testimonio de uno de los campesinos, desde las 5 de la mañana de ayer, un grupo de 15 personas atacaron la vivienda de un labriego, matándolo de inmediato, hiriendo a un segundo que posteriormente murió. Una menor de 12 años salió ilesa.
Una masacre ocurrió este domingo en la comunidad de el Silín, Trujillo, a unos 450 kilómetros al norte de Tegucigalpa en el oriental y caribeño departamento de Colón, y hay registradas al menos 12 personas muertas, aunque la cifra podría ser mayor.
Lo que era de todos, quedó para unos pocos
Con ilusión el 30 de julio decidí, en unión con cuatro amigos/as más, visitar Panticosa. Hacía unos quince años que no subía a esas alturas de unos 1700 m. Abajo, a unos 8 km. se encuentra el pueblo de Panticosa. Serpeamos la carretera que nos elevaba entre paisajes de acantilados y montañas, anticipo de la maravillosa vista que se desplegaba al final.
Anduve, en julio, por Venezuela y Bolivia. Dos países gobernados por figuras singulares en búsqueda de alternativas al neoliberalismo: Hugo Chávez y Evo Morales. Los dos, elegidos democráticamente (Chávez reelegido).
Una primavera política sopla sobre América Latina. Tras décadas de dictaduras militares (made in USA) y gobiernos neoliberales corruptos (made in Consenso de Washington) –Collor en Brasil, Menem en Argentina, Fujimori en Perú, Andrés Pérez en Venezuela y Sánchez de Losada en Bolivia– los electores optan por elegir políticos de extracción social popular y/o identificados con movimientos sociales progresistas.
Era un lugar paradisíaco. ¿Estaría yo soñando o bajo el efecto de alguna droga involuntariamente ingerida? Yo caminaba pausadamente en aquel simulacro de Jardín del Edén. Allí no había pecado y ninguno de sus efectos: miseria, violencia, inmundicia o miedo. Todo absolutamente clean: el brillo de las luces, la belleza de los objetos, el refinamiento high-tech de los servicios.