Raro es el día que no nos llegan noticias que nos dan cuenta de la violencia de las religiones.
Violencia de guerras, de atentados terroristas, de odios y actos humillantes relacionados con la religión. Pero hay una forma de violencia religiosa que se lleva la medalla de oro en todas las olimpiadas que organizan los dioses.
Me refiero a la violencia de los que han sido calificados como “los guardianes del recato”. Se trata de la “policía” clandestina, que han organizado los judíos ultraconservadores en los asentamientos de Cisjordania, para velar por la pureza y la castidad más estrictas.
Como dije ayer, el año 2002 Ariel Álvarez Valdés vino a Salamanca perseguido por “nueve acusaciones” de las que debía responder ante T. Bertone. Le dieron una pausa para que estudiara, pensando que las cosas podían olvidarse. Pero Ariel terminó su tesis y volvió a Santiago del Estero (el año 2004)… y las cosas estaban donde estaban.




