1. Andando por el camino
El domingo 22 de junio salimos un grupo de nueve misioneros de Altamirano, a una comunidad que se llama La Codicia. El grupo está conformado por un diácono, un candidato al Diaconado y su esposa, una coordinadora de grupo de mujeres, una religiosa, un catequista, una joven voluntaria que vino de Guadalajara a prestar servicios en el Hospital San Carlos en Altamirano, Chiapas, un Principal y un sacerdote: el que esto escribe.

En camioneta llegamos hasta un pequeño poblado, Nuevo Morelia, y de ahí caminamos unos 40 minutos hasta llegar a La Codicia. La tarde del domingo y la mañana del lunes las empleamos en convivir con la comunidad, palpar su vida, ver los trabajos de los servidores y celebrar la Eucaristía.

Ya por la tarde continuamos nuestra caminata por una vereda lodosa que trepaba por el monte entre pinos, cedros y otros arbustos. Íbamos cargando nuestra mochila y nuestra esperanza y, en lo ojos, un poco de asombro. Llegamos a la comunidad, Santa Cecilia, y platicamos con los servidores de la comunidad. En esta ocasión, todos varones.

Ahí estuvimos hablando de sus problemas, del desánimo y pasividad de la comunidad que no responde, y de las posibles medidas que se pueden tomar para avanzar. Después de celebrar la Eucaristía al día siguiente, continuamos hacia San Rosemberg, con el mismo esquema de trabajo y un poco más lodo en las veredas. Hicimos unas dos horas de caminata. Al día siguiente partimos hacia 20 de Noviembre. Caminamos entre lodo, trepadas, olor a resina y cantos de pájaros. Desde este lugar finalmente salimos, acompañados por una ligera lluvia, a Rancho Mateo, donde íbamos a tomar de nuevo una camioneta para regresar a Altamirano. Cerrábamos así el círculo de cinco días de trabajo. Esta visita a las comunidades la vamos a continuar por varias semanas más, dado que son cuarenta y cinco comunidades las que vamos a visitar en esta ocasión.

Esta itinerancia por las comunidades de este equipo misionero, integrado por diversos servidores y servidoras, me recordaba la itinerancia de Jesús con sus apóstoles por las comunidades de Galilea, la itinerancia de Pablo y Bernabé, de Pablo y Marcos por las comunidades de Asia Menor. Era volver a los orígenes de la predicación de Jesús, era volver al principio de la misión de anunciar el Reino de Dios que predicaron Jesús y sus seguidores. Este fue el origen de la Iglesia, el estilo de la misión y la manera de ser Iglesia con Pablo y Bernabé (Hch 12,24-13,3)

En Hechos 15,36 leemos: “Pasados algunos días, dijo Pablo a Bernabé: Volvamos para visitar a los hermanos, en todas aquellas ciudades donde hemos anunciado la Palabra del señor, para ver cómo se encuentran”. También está el ejemplo de los discípulos que huyeron de Jerusalén a la muerte de Esteban y llegaron a Antioquia a predicar (Hch 11,19-26).

Eran grupos itinerantes, sin casas fijas, sin instalaciones. No eran centro de nada, caminaban por las comunidades. No tenían oficinas, dependencias, instituciones… (Fragmento de volver a los orígenes: la itinerancia
Juan Manuel Hurtado López – Misión Ocosingo-Altamirano)*

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LA COMUNIDAD DE LOS DISCÍPULOS DE JESÚS DE NAZARETH…

Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán (Jn. 15,20)

Montevideo 22 de mayo de 2009 – Gabriel Sánchez

En primer lugar la experiencia que se nos esta contando, forma parte de una Iglesia, que podíamos llamar de a pie, o de abajo…en México, es la Iglesia de las comunidades, con una praxis liberadora, profundamente comprometida con las luchas del pueblo en su liberación…Pero eso le ha atraído poderosos enemigos, por eso se ha vuelto a la vez que Iglesia comprometida en medio de su pueblo, en Iglesia perseguida por todos los poderosos, de adentro y de afuera…

Esta experiencia que sin lugar dudas, se vive mucho más allá de las fronteras del entrañable México y que se extiende por gran parte de Latinoamérica, nos esta volviendo una iglesia itinerante, como sinónimo de iglesia a la intemperie, no se tiene nada seguro, excepto la persecución constante del Poder y cuanto más comprometida, más perseguida, seria injusto no destacar la labor de algunos obispos, que la acompaña, la apoyan y se condena igual que ella a ser objeto de persecución y desconfianza, incluso por algunos estamentos de la jerarquías vaticanas…

Pero esa Iglesia, que se reúne en las casas, tiene una profunda vivencia de confrontación entre su realidad histórica y el evangelio y desde sus luchas y vivencia, el Evangelio ilumina su compromiso y su compromiso enriquece el sentido de la comprensión del Evangelio…

Entonces la mística del compromiso, ayuda a vivenciar desde lo más hondo la celebración, que se vuelve celebración de la vida…allí junto al pan y al vino, están la lucha cotidiana, los rostros de los hermanos más desposeídos y la necesidad de comunicarse con Dios, con gestos sencillos, comprensibles y significativos…Entonces ese diálogo entre Jesús Resucitado y la Asamblea, es un compartir despojado, en donde la ritualidad toma la forma de la cotidianidad, porque en la lucha, las esperanzas y los sueños cotidiano se descubre la presencia de Jesús de Nazareth, que desde abajo y desde adentro de la historia, se hace pan compartido y empuja con nosotros por la liberación, rumbo al Reino…

En el Acteal, entraron a la capilla y ellos estaban rezando y allí hombres, mujeres y niños…fueron asesinados…entre el altar y el atrio…diría el evangelista…Entonces la Eucaristía, se vuelve memoria y sueños compartidos y compromiso…que da sentido a la vida, hasta tal punto, que toda ella se vuelve entrega y servicio…a pesar de nuestras miserias y oscuridad…Reconocemos muchos en ella la Iglesia de Jesús de Nazareth…intentamos en ella ser sus discípulos, comunitaria, pobre a la intemperie, como nos dice Juan Manuel “sin casas fijas, sin instalaciones. No eran centro de nada, caminaban por las comunidades. No tenían oficinas, dependencias, instituciones…”

Tal vez, la Iglesia, deba despojarse de tanta cáscara cultural y volver a ser la Iglesia en la casa del pueblo…

* Agradecemos a Amerindia, el habernos hecho llegar esta entrañable reflexión de Juan Manuel Hurtado Lopez.-

(Información recibida de la Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base)

   
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