Jn 6, 51-58
“En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. Disputaban entonces los judíos entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Querido Andrés: Estas últimas semanas me ha rondado la extravagante idea de que el oficio de teólogo -tu oficio, tu vocación- se estaba convirtiendo en una actividad de alto riesgo. Que las noticias amenazantes que a muchos nos inquietaron hará un mes hayan quedado -afortunadamente- sólo en eso, no ha logrado quitarme de la cabeza tan extraña ocurrencia.
Padre nuestro del cielo
Se dice “Padre nuestro que estas en los cielos”
No se trata de Dios, sino de Padre. Jesús dijo “A nadie llaméis padre sobre la tierra porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo”. Este Padre no está en ningún sitio, en ninguna nación o pueblo. Este Padre es el origen de la vida, de toda Vida, el origen de todo ser vivo, y es el que Vive, no el que está, sino el que Es, el que Vive, el que sigue dando Vida. Es Padre para todos los pueblos y personas, es Padre del Universo, un padre universal.






