Hay una posibilidad real de acceder a la esfera de lo verdaderamente humano (Saramago)
Decidme cómo es un árbol, de Marcos Ana, no te va a dejar indiferente. Es un testimonio apasionado y apasionante, un testigo palpitante de nuestra reciente historia. Se presenta como Memoria de la prisión y de la vida, lo que ya previene suficientemente al lector sobre el paisaje donde se le invita a entrar. No es precisamente ningún paraíso terrenal primigenio. En realidad, es justamente su reverso. Contrariamente al paraíso del Edén, éste es un Gulap, un Guantánamo o un Abu Greib cualquiera. No se trata de ninguna utopía o ficción literaria. Es real como la vida misma. Este infierno existió en la España dominada por la dictadura franquista. Aunque, como se puede constatar en Marcos Ana, también existió paralelamente la utopía. Esa otra dimensión irrenunciable y velada de la vida que ni el infierno puede extinguir. Marcos Ana emerge en esta historia como testigo indomable de esta doble cara de nuestro mundo: como víctima de todos los Guantánamos de la historia y como referente luminoso de esa utopía grande como el mundo mismo: las muchas vidas victimadas por y para los demás.









