El episodio del Corpus Christi en Toledo, la semana pasada, merece una reflexión. Parece ser que las autoridades democráticas tuvieron que ceder ante la pretensión de los cadetes de “presentar armas” (sic) al Santísimo Sacramento, aunque la legislación vigente ya no preveía estos extremos un poco alucinantes. Nunca he entendido demasiado esa extraña ligazón que algunos establecen entre la religión y el ejército.
Las autoridades de la Iglesia “amonestaron” a un grupo de sacerdotes tercermundistas. Habían emitido un documento donde decían que “Jesús jamás condenó la homesxualidad”. A tres semanas de que el Grupo Angelelli –integrado por curas cordobeses tercermundistas—se pronunciara a favor del matrimonio gay, hoy se supo que el Arzobispo Carlos Ñáñez “citó a varios de ellos para que rectificaran sus dichos” y hasta los “amonestó”.
Joaquin Sabina lo tiene claro. Ante la crisis económica mundial, lo que haría falta es que “los parados y la clase obrera salieran a la calle a quemar televisiones” porque “es tremendo que cinco millones de personas estén ahí, por las tardes, viendo Sálvame”. Así opina el prestigioso cantautor que ha vendido en un mes hasta 200.000 copias de su último disco “Vinagre y Rosas”. En una entrevista concedida al diario 20 minutos, Sabina lamenta que “la izquierda de hoy esté hecha una mierda. Sin programa, sin alternativas, sin ideología”, y que la política que Zapatero esté haciendo ahora mismo “no sea de izquierdas”.




