Uno a veces siente el privilegio de leer o escuchar palabras tan profundas, de ver acciones tan comprometidas, que parecen estar destinadas a perdurar en el tiempo. Hoy ha sido para mí uno de esos días, al leer el texto ‘Pido la palabra‘ en el que Joxe Arregi nos describe una de las decisiones, sin duda, más difíciles de su vida.
Joxe Arregi fue condenado en enero, discretamente, a permanecer en silencio durante unos meses, por una disputa ante el nombramiento del obispo Munilla. Acató la orden religiosamente. Hoy nos enteramos, por una carta suya, que el obispo ha dado un paso más, pidiendo a las autoridades franciscanas que silencien a Arregi de una forma más definitiva, enviándole al destierro de ultramar. En su opinión, Arregi es “agua sucia que contamina a todos”. Esta vez, el humilde franciscano ha dicho ‘no’.








