Todo parece indicar que las visitas fugaces del Papa a Santiago de Compostela y a Barcelona van a salir cada una por varios millones de euros al contribuyente. Cuatro millones en Santiago de Compostela y seis en Barcelona, y serán visitas relámpago, es decir, de nula o ninguna repercusión internacional. ¿Qué ganan estas ciudades? Nada.
Que hay curas homosexuales es sabido. Se les ve y se les nota, por mucho que algunos quieran ocultar su condición. Hubo un tiempo en que, quizás, los seminarios y la propia Iglesia era la casi única institución en la que un homosexual podía serntirse a salvo de preguntas indiscretas y de presiones sociales que casi les obligaban a casarse.
España acogerá en los próximos meses dos visitas del Papa. La primera llevará a Benedicto XVI a Santiago de Compostela y Barcelona, donde bendecirá el Año Santo y consagrará el rehabilitado templo de la Sagrada Família, respectivamente. En agosto de 2011 la cita es en Madrid, donde oficiará una especie de Woodstock de la fe denominado Jornada Mundial de la Juventud. Hasta aquí, todo bien. El padre de la Iglesia católica es libre de viajar a donde le plazca, y los fieles son libres de expresar su devoción del modo que consideren pertinente mientras no afecten los derechos de terceros.
Se nota la crisis económica y la ciudadanía observa con descontento como los gobiernos occidentales se han visto forzados a recortar gasto público y prestaciones del estado de bienestar. El paro ha ido en aumento des del año 2008 en nuestro país. Los sindicatos y los datos del Instituto Nacional de Estadística constatan que, en un primer momento, afectará sobre todo a los hombres, ya que las actividades productivas de la construcción y la industria automovilística –tradicionalmente masculinizadas- fueron las primeras en reducir puestos de trabajo.






