Según el Diccionario de la RAE, la fe es “la primera de las virtudes teologales: luz y conocimiento sobrenatural con que un ser se cree lo que Dios dice y la Iglesia propone”. En este sentido, tener fe es aceptar una serie de verdades. Es, por tanto, esencialmente un acto intelectual. Pero, cuando hablamos de la fe, no nos referimos sólo a eso. Porque tener “fe en alguien” es “fiarse” de esa persona.
Arregui se va. De la Orden franciscana. No queda claro si se seculariza o no. Sí las razones que le llevan a ello. José Manuel Vidal opina que “gana Munilla y pierde la Iglesia”. No termino de estar de acuerdo. Creo que Munilla no gana, sino que pierde. En comunión y en su intención, avanzada en su homilía de toma de posesión, de ser “obispo de todos”.
Sí, deberíamos celebrar la Vida, que se convierte así en mayúsculas cuando está preñada de mil minúsculas vivencias cotidianas. Humildes intentos de ser lo que somos, lo que nos llega y no quisiéramos, las contradicciones personales y ajenas, lo que nos hace gozar y nuestros dolores: la vida, La Vida.
Se va el teólogo franciscano José Arregui. Se va “con dolor y vértigo, pero con paz”. Se va sin reproches. Deseándole lo mejor al “hermano obispo José Ignacio Munilla”. Se va sin hacer sangre. Y podía haberla hecho. Y mucha, me consta. Se va con espíritu franciscano. Con espíritu franciscano profético, se va haciendo un servicio al Evangelio: denunciando el sistema, la falta de libertad en la Iglesia, en la que presumimos que “la verdad nos hace libres”. Se va un gran teólogo. Valiente y crítico. Gana Munilla o eso parece. En el fondo, pierde el obispo de San Sebastián, porque pierde la libertad y pierde la Iglesia entera.






