La crisis actual no es solo una crisis de escasez creciente de recursos y de servicios naturales. Es fundamentalmente la crisis de un tipo de civilización que ha colocado al ser humano como «señor y dueño» de la naturaleza (Descartes). Ésta, para él, no tiene espíritu ni propósito y por eso puede hacer lo que quiera con ella.
Varios colectivos cristianos se indignan ante la guía publicada por la diócesis de Alcalá de Henares
“Las declaraciones pasadas, presentes o futuras de Juan Antonio Roig, y sus actuaciones contra los homosexuales, y las de otros miembros de la jerarquía católica ayer, hoy o mañana, no son de ninguna manera la representación del sentir de la mayoría de los cristianos.
Uno de los lugares comunes en el diálogo entre católicos tiene que ver con la falta de vocaciones al sacerdocio, dando por hecho que todas son pocas, y, sobre todo, que hay diferencias muy importantes entre unas iglesias locales y otras. El caso “vasco”, donde soy sacerdote, es definitivo. La pregunta inmediata es por qué. Pues bien, ésta es la cuestión que escuché hace unos días al final de cierta “conferencia” y que, otro día, viví de primera mano en una conversación “vocacional” a la salida de misa. Escuché una “confesión de intenciones todavía no cuajadas”, estábamos varios, y guardé silencio ante las motivaciones. No era el momento.
“Creyentes o no creyentes, todos deberíamos hacer un esfuerzo por engrasar las junturas de nuestra convivencia, si no queremos deslizarnos por una pendiente que podría terminar en una catástrofe sin precedentes. Este cuaderno sitúa en el ámbito de la relación con los otros, el lugar privilegiado de encuentro con Dios, siendo la contemplación en el seno de la relación interhumana una de las especificidades del cristianismo.”
…¿Has leído nuestro nuevo cuaderno? ¿Qué te parece? Pulsar aquí
Se constata cada vez más en Kinshasa, capital de la R.D.C. un fenómeno social que nadie parece considerar en toda su gravedad y peligro: Se trata del tráfico de niños.
Este fenómeno, hace unos años, inimaginable, está tomando unas proporciones alarmantes sin que la opinión pública ni las autoridades reaccionen y se den cuenta de las consecuencias que está teniendo en muchos niños y familias congoleñas. Podría pensarse que estamos delante de una novela policiaca, si no fuera porque se trata de un hecho real.





