Dos jóvenes que participaron en el 15-M visitan a Pedro Casaldáliga, obispo emérito y voz de los sin voz.
Tras tres meses estudiando en Río de Janeiro, atravesar el Mato Grosso es como adentrarse en otro continente. El estado se extiende por el centro del país, una planicie árida de tierra roja, casi el doble del tamaño de España. La impresión inicial es la de estar en la sabana o incluso en Castilla, y no en la selva tropical que en el imaginario de tantos es Brasil.










