El pasado día 2 de febrero estuve en Roma. Allí me informaron que, a las 17,30, se celebraban en la basílica de San Pedro unas solemnes Vísperas “presididas por el Santo Padre”. En la festividad de la Presentación del Señor en el Templo y de la Purificación de María, popularmente la fiesta de la Candelaria, se celebra “el día de la Vida Consagrada”, según el vocabulario vaticano. Gustosamente quise participar en tan solemne celebración litúrgica. Ante el Santísimo expuesto y presidido por el papa, el acto resulto fastuoso. Dos cosas me llamaron especialmente la atención.
Estudiará la posibilidad de sacar la clase de Religión del horario lectivo
“Propone una estrategia sin privilegios ni distinciones entre las diferentes confesiones religiosas”
Rubalcaba y Chacón se plantean revisar las relaciones con la Iglesia Católica
Primeras declaraciones Alfredo Pérez Rubalcaba nuevo Secretario General Psoe.
Revisará los Acuerdos si el Gobierno del PP aplica retrocesos de “30 años”, como lo es, a su juicio, modificar a la baja la ley del aborto
En Holanda: “Desde 1945, entre 10.000 y 20.000 menores fueron víctimas de agresiones que oscilaron entre la violación (un millar) y los tocamientos no deseados. Ocurrió en internados, orfelinatos, colegios y seminarios, y los autores fueron unos 800 religiosos adultos. Al menos 105 de ellos siguen vivos
Una asociación reclama la inconstitucionalidad de los acuerdos Iglesia-Estado de 1979
Agosto de 2011. Benedicto XVI visita Madrid. La ciudad se vuelca con el papa, al menos aparentemente. No todos están conformes con las Jornadas de la Juventud que protagoniza, y de hecho el acontecimiento se convirtió en el acicate para que una asociación decidiera reclamar el cumplimiento de dos derechos fundamentales, la aconfesionalidad del Estado y la igualdad ante la ley.
Cada español tira 163 kilogramos de comida al año
La basura es el destino de un tercio de los alimentos que se producen
Europa desperdicia un tercio de los alimentos
Una señora mayor, encorvada, se acerca al montón de frutas que se amontonan en los pasillos de un céntrico mercado de Madrid. Son las que se van a tirar porque están pasadas y ya no se pueden vender. No importa, la mujer, con una bolsa colgada del brazo y las manos enfundadas en unos guantes de plástico, inspecciona el género y selecciona las piezas que se llevará a casa. A la bolsa.








