Comunidades del futuro
¿Dios fuera de los templos? –Una conferencia del rabino Sergio Bergman, el presbítero Rafael Braun y un comentario del padre Belderrain hablan de nuevas búsquedas de Dios que recuperan lo institucional ya no desde una aproximación teista de la fe.
En argentino desde 1983 hay un incremento sostenido y muy importante
del número de personas que se consideran religiosas, particularmente
en la década que va del ‘84 al ‘94.

Se destaca como muy alta la importancia de la religión en la vida de las personas: la mitad de los entrevistados así lo declara. Esa cifra aumenta si le sumamos el 37% que la considera “bastante importante”. En consecuencia, un 87% da un valor positivo a la religión. Del estudio también se desprende que los argentinos establecen una comunicación personal con Dios, rezan con suma frecuencia, y seis de cada diez lo hacen al menos una vez por
semana.

El 78% manifestó su adhesión al catolicismo, y en el primer
año del milenio hubo un pequeño aumento de adeptos a otros credos o
confesiones, con preeminencia del evangelismo. Las demás
manifestaciones religiosas –protestante, judía y musulmana– presentan
estabilidad numérica. Sin embargo, es bajo el grado en que los
argentinos practican su culto. Sólo el 21% de los encuestados asiste
al templo semanalmente. Un 30% no va nunca, o sólo concurre en ocasión de bodas, funerales y otros rituales.

Casi la mitad de la población asiste sólo una vez por año. Hay, pues, gran diferencia entre adherentes y practicantes. Le pedimos en primer término al rabino Sergio Bergman que nos dé su percepción sobre lo que se está viviendo.

¿Este fenómeno tiene que ver con una redefinición de roles, jerarquías o autoridades dentro de las instituciones religiosas? ¿Se trata de un momento particular donde la relación personal prevalece sobre lo institucional? ¿Qué es lo que la gente busca y no encuentra, y por eso resuelve sostener una relación personal con Dios, y no a través de las instituciones?

Braun

A mi juicio, la intuición del Concilio Vaticano II acerca de la
Iglesia como misterio y como pueblo de Dios (en vez de concebirla como una institución que se perpetúa a través de una jerarquía de poder), no ha impregnado suficientemente la cultura de la Iglesia local. Y esto en un doble sentido. Primero, porque dentro mismo de las estructuras eclesiales ese clericalismo se manifiesta con fuerza,
negando autonomía y participación a los movimientos laicos. De ahí que en aquellos más ligados a las estructuras de la propia Iglesia (la Acción Católica, por ejemplo) se observa una notable disminución, en presencia y número, con respecto a lo que fue en los años ‘50.

Surgen entonces nuevos movimientos o nuevas formas que tratan de evadir ese control, que algunos llaman masculino. Yo creo que es clerical.
Segundo, porque muchos laicos sienten la falta de libertad respecto de su presencia en la vida política, económica y social, mientras el
magisterio de la Iglesia se cree en la obligación de opinar sobre
todo, quitándoles a los laicos la legítima opción, a partir de la
misma fe, de tener compromisos distintos en aquellas materias. Empero
tenemos una ventaja en nuestro país: no hay ningún partido político
ligado más o menos estructuralmente a la Iglesia católica y los
católicos están distribuidos en todos.

Esta falta de autonomía pesa, sobre todo en la des institucionalización. Lo que no se puede hacer dentro se hace afuera en alguna ONG, con autonomía. Por último, me parece que hay muchas estructuras obsoletas, que lejos de incluir, están fuera del ritmo de la vida urbana. Por ejemplo, las parroquias.

Son estructuras acordes con un ámbito agrario, de pueblos chicos, que
no se compadecen con una ciudad como Buenos Aires donde hay 185
parroquias. La gente vive en la jurisdicción de una parroquia, pero el fin de semana se aleja, va a descansar a otro lugar, practica deportes en un tercero, de noche concurre a los megaeventos musicales.

Todo esto lejos de la vida barrial, como ocurría hace cien años. Este
desacople incide, y mucho, en el nivel de participación institucional.

Concluiré con una reinterpretación del título: Dios fuera de los
templos. ¿Qué entendemos por “templo” en la Iglesia? No es básicamente el edificio. El edificio se creó porque no había sitio en las casas, y era una dimensión importante de la fe cristiana formar parte de un pueblo. Y un pueblo tiene que reunirse para celebrar, al abrigo de la intemperie, de la lluvia, del sol. Por eso se construyeron las iglesias.

Pero el verdadero templo –y eso lo recordamos en la liturgia– es la comunidad eclesial formada por piedras vivas. Porque el templo somos nosotros, somos las personas, no el edificio. Y en ese sentido, puede decirse que Dios está dentro de los templos. Uno ha
tenido muchas experiencias de gente que viene a confesarse después de
años, y dice que nunca ha ido a misa, pero que no ha dejado de rezar
un solo día. En la enseñanza de Jesús, el culto no es en esta montaña
o en aquella otra, sino en espíritu y en verdad.

Y en tal sentido, uno puede decir que la religiosidad en los templos de las personas se da, pero no siempre se sintoniza, por todas estas causas que he tratado de enumerar, con lo que podríamos llamar la Institución. La Iglesia es un misterio antes de ser institución. Es una presencia salvífica de Dios en la historia. Tiene algo visible, una dimensión objetiva, pero lo más importante es lo invisible, la presencia del Espíritu Santo en las personas, no sólo de la Iglesia visible, sino de la Iglesia invisible.

Porque quien busca la verdad y el bien o practica el bien que su
conciencia le dicta, está vinculado al Salvador, a Jesucristo. Este
sería mi primer análisis de esta realidad. Hay privatización, hay
des-institucionalización en la cultura. Y eso se refleja en las
comunidades religiosas, porque me parece que las comunidades no viven
en un “ghetto”, separadas. Forman parte de la cultura: a veces, la
informan; otras, son influidas, corregidas por la cultura. Creo que
este es un momento de transición.

Bergman: Nosotros no nos reunimos previamente para preparar el tema,
pero vamos en una misma sintonía con Rafael. Parte de los conceptos
que él plantea, los veo representados en un sociólogo contemporáneo
que recomiendo leer, Zygmunt Bauman, que ahora presenta su último
libro, Vida líquida (síntesis de otros dos anteriores, Modernidad
líquida y Amor líquido), justamente con esta idea, que la palabra
“Instituciones” que nosotros utilizamos para referir a edificios o a
organizaciones, en realidad son procesos que tienen como dinámica ser
la consecuencia de la acción instituyente.

Cuando se pierde la acción constituyente, la Institución queda fosilizada y atrapada en un producto terminado que, en lugar de tener la dimensión viva de la acción de instituir, queda atrapada en su perpetuidad, en el tiempo, vacía de contenido. El problema que estamos viviendo de alguna manera ahora, es la alienación entre las Instituciones que ya no son instituyentes, y los individuos que no quieren instituir.

Hay que volver a encontrar ese lugar. Lo instituyente y lo instituido –que es muy parecido a lo que nos pasa en el país con lo constituyente– tiene que volver a formar parte de una conversación dinámica en la cual estamos involucrados, porque lo que está instituido adquiere dimensión casi como de sólido. Tiene entidad, parámetros, variables de representación y presencia. Mientras muchas veces lo fluido se nos escapa de las manos, se desintegra o toma la forma de cada contenedor, volviéndose de alguna manera irrepresentable, porque es totalmente relativo y coyuntural.

Esta tensión, creo, es parte de lo que forma o deforma nuestro tiempo contemporáneo, y nosotros tenemos involucramiento y participación. Que no es mirar a las Instituciones, sino asumir los desafíos instituyentes. Todos nosotros tenemos responsabilidad instituyente en aquellas cosas que practicamos, creemos y sostenemos. Tenemos siempre una idea no sólo mesiánica, de
que alguien va a venir a instituir todo por nosotros, y también
tenemos una idea expiatoria, que los problemas instituyentes son
institucionales, y no personales.

Hay responsabilidad personal en lo que no está instituido. Lo instituyente es muy importante, y uno lo hace cotidianamente aunque no se dé cuenta de que lo hace. Es poner los límites, afirmar los valores, sostener el valor de la palabra, ser ejemplar, no decir lo que uno no va a hacer, y decir con lo que uno hace.

Este tipo de cosas son acciones instituyentes que de alguna
manera debemos recuperar. En la Tradición Judía basamos la dimensión
de Templo en un versículo bíblico que va en la misma relación de lo
sagrado: “Hagan ustedes un santuario y yo moraré entre ustedes”.
Interpretan los sabios que dice: “moraré entre ustedes” y no, “moraré
en él”.

Tiene que ver con la explicación de lo sagrado en la Asamblea,
y no en el edificio. Pero también, es importante que lo sagrado en la
asamblea y no en el edificio, es posible a partir de la construcción
compartida. Hagamos juntos el Templo, y aunque Dios no va a estar
dentro del edificio va a estar entre nosotros, por la construcción
compartida. Ése es, justamente, un modelo a recuperar. Lo sagrado y la presencia de Dios entre nosotros porque compartimos la construcción; ahí se hace presente entre nosotros. Si cada uno se corta solo y quiere construir el templo para sí mismo, entonces Dios no está entre nosotros, porque en la soledad hay alienación, no hay presencia de lo sagrado.

Tendremos que volver a pensar cuáles son las construcciones
compartidas de los templos en la Argentina. Que no necesariamente
tienen que ver con lo confesional y con lo que nosotros creemos en
nombre de Dios, pero sí, por Dios, en lo que creemos. Construyamos el
santuario de manera compartida. El desafío es llevar la extensión de
la vivencia familiar comunitaria a la dimensión de la sociedad. Si
nosotros pudiéramos hacer que la sociedad argentina viva en espíritu
como una comunidad, estaríamos redimidos, por lo menos como
argentinos. Después podríamos seguir con el mundo, pero en principio
como argentinos.

Esa redención argentina no es posible si uno no redime su propia construcción, no averigua dónde está, uno, en esta construcción compartida. ¿Cómo llamarnos parte de la sociedad argentina si nadie quiere ser socio de nadie? Ese acto, de sociedad con el otro, es un Pacto de lo sagrado en la construcción compartida.
En consecuencia, se puede encarar la pregunta como una descripción
sociológica: ¿qué nos pasa a los argentinos que somos como somos? O la puede plantear como una utopía y un desafío místico y espiritual:

¿Qué es lo que queremos hacer juntos los argentinos? Entonces la pregunta sobre “¿Dios fuera de los Templos?” no sería tan problemática como esta realidad que vivimos que es “Dios fuera de nosotros”. Lo tenemos que volver a llamar dentro de nosotros y hacer que -cada uno- sea un templo de Dios, en construcción social, compartida y plena de sentido.

Belderrain Santa Elena y la construcción de un templo orgánico

Las “iglesias orgánicas” son grupos religiosos muchas veces inspirados por cristianos que se reúnen en capillas o comunidades de base, no pocas veces fuera de los templos, en espacios cotidianos que se van haciendo habitables por la calidad de lo que se comparte. Algunas de ellas, si se suman a espacios geográficos aptos, con la memoria de que allí suceden cosas de alto valor espiritual, tienen alta convocatoria y llegan a adquirir el nombre de “Santuarios naturales”

Se comparte en ellas la palabra y las vivencias relacionadas con la
fe, desde la experiencia propia. Si superan las propensiones fóbicas
que produce lo institucional en la cultura posmoderna y evitan
abroquelarse en ghetos o tribus urbanas, logran adquirir una imagen
de iglesia, cuerpo místico y pueblo de Dios, con la que se pensó el
pasado el presente y el futuro eclesial.

1. La Universidad de Los Ángeles indicó que la vida de comunión es
verdaderamente especial. Se descubrió que los lazos intensos
contribuyen al fortalecimiento de la identidad y protección de nuestra salud y futuro. Constituyen un REMANSO en medio del mundo real, lleno de tempestades y obstáculos.

2. La vida de comunidad intensa contribuye a llenar los vacíos
emocionales y nos ayuda a recordar quiénes somos realmente. Después de 50 años de investigación, se identificó que existen sustancias
químicas producidas por el cerebro que ayudan a crear y mantener lazos de amistad.

3. Los investigadores se sorprendieron con los resultados del
estudio:… Cuando es liberada la hormona OXITOCINA como parte de la
reacción frente al estrés, los amigos sienten la necesidad de
agruparse. Y cuando los AMIGOS se juntan, se produce una cantidad aún
mayor de oxitocina, de dopamina (estimula el amor y la ternura) y de
fenilananina (genera entusiasmo y alegría), que reducen el estrés más
agudo y más bien provocan sensaciones agradables y divertidas.

4. Paralelamente, otro estudio demostró que los LAZOS EMOCIONALES
(auténticos, sinceros y leales) contribuyen a reducir riesgos
relacionados con la presión arterial y el colesterol.

5. Se cree fehacientemente que la vida de comunión PROLONGA LA VIDA.
(Las personas que no tienen óptimas relaciones de amistad,
generalmente no gozan de buena salud).

6. Por eso, una vida intensa de comunión nos ayuda no sólo a vivir
más, sino también a vivir mejor. El estudio sobre la salud indica que
cuanto más amigos tengamos, mayores serán las probabilidades de llegar a viejos sin problemas físicos y con salud plena.

7. También se observó que la amistad ayuda a superar los momentos
críticos (como la muerte del cónyuge ó de un pariente cercano) y se
percibió que quien puede confiar en un ser muy amado, o en sus amigos, reacciona y se recupera en un lapso menor que aquéllos que no tienen nadie en quien confiar. El estudio concluyó que el “afecto societatis” constituye una excelente fuente de alegría, fuerza, salud y bienestar.

“En las iglesias orgánicas, lo que encuentra la gente es reciprocidad
real; una comunidad real en la que todos se conocen, se llaman por sus nombres y comparten con los demás todo de sí”,
Esta forma de Iglesia no es nueva ni innovadora y tiene sus
fundamentos en las páginas del Nuevo Testamento. “La Iglesia no está
supeditada al templo, ni a la presencia del cura”. Ir hacia adelante,
en estas iglesias, es ir también hacia atrás, es encontrar en la
primitiva comunidad de Jerusalén las raíces de aquel estilo de iglesia que se construye hoy.

Además, no pocos teólogos recogen de las escrituras bíblicas una
cierta antipatía de Jesús por el templo y por eso reconocen a la
Iglesia en la reunión de Él con los apóstoles, juntos, sentados en la
misma mesa. Esta tendencia a volver a los orígenes se ha vuelto muy
fuerte en los Estados Unidos y América latina y, según estimaciones de estudiosos sobre el tema, hay, al menos, 30 mil grupos de iglesias orgánicas en el país del Norte.

“Lo distintivo de estos grupos es el grado de conocimiento y
proximidad entre las personas que lo conforman; es el hábito de
encontrarse y compartir.

En la misma línea, Stan Perea, miembro de la mesa directiva de la
Asociación para la Educación Teológica Hispana (AETH) que reúne a más de 1.200 teólogos latinos en Estados Unidos, sostiene que lo atractivo de estas agrupaciones para la feligresía, reside en la restauración del sentido de pertenencia y orientación, a la vez que cuestionan si esto es una fortaleza de los fieles o una falla de la Iglesia.

Hay horizontalidad real en las actividades y no tanta dependencia de
los liders espirituales grupales“
Todos los integrantes del grupo participan públicamente de los tres
grandes momentos de la celebración religiosa. El perdón se hace
público frente a todas las personas congregadas, al igual que la
oración de los fieles. De ese modo, cada uno queda expuesto en sus
necesidades concretas y en sus dolores y arrepentimientos, al igual
que en el momento de dar gracias aparecen aquellas cosas gratificantes de la vida que se comparten con todos.”

“Muchas veces hemos agradecido por un nieto recién nacido, o por
alegrías personales que, por el nivel de conocimiento que hay entre
todos los que concurren, alegran a todos”.
En el inicio de cada mes la gente trae la ropa o los alimentos que
pueda compartir y los electrodomésticos que no usan los ponen en común con los que los necesitan. El culto así se vuelve en un medio por demás eficaz para modificar nuestros excesos y esta bueno pensar que Dios nos reúne para acotar la brecha entre los ricos y pobres.

Ayer en una misa de niños, en el abrazo de la paz, pusimos el tema de
mana bendita la luz y le dijimos a los chicos que saludaran a los que
amaban en el templo levantado los pulgares hacia el cielo y
llevándolos luego al corazón del otro que amaban, como lo hizo Messi
con Guardiola en su despedida. Muchos lloramos, porque la
inteligencia emocional, cuando comenzaron a llevar su pulgares del
cielo a los corazones, evidenciaban mucha presencia de Jesús en medio.

Para muchos este nuevo estilo de eclesiogénesis está muy alineado con
el estilo del Jesús histórico; para otros simplemente tiene que ver
con el agotamiento de las liturgias y ministros showman de los años
90, que con lo masivo sólo dieron un poco de cordialidad a tanta
necesidad de comunión.

El hombre del “pensamiento liquido”, ayer seducido por una prédica
individualista y consumista , está hoy, más hambriento que nunca del
Dios familia.

Se requiere para esto una iglesia sana, concentrada en lo esencial
(Jesús en medio de ella) y no perdida en lo no esencial. Sólo se
supera la imagen de un dios teista, que sólo baja a la realidad
cuando él quiere o cuando se le reza en situaciones difíciles,
(construyendo micromilitancias), cuando se siente esa fuerte
presencia. El Dios en medio de la comunidad desacraliza lo idolátrico
de la cultura consumista, el poder, el dinero la compulsión por lo
placentero el éxito y ayuda a construir redes de comunión y
participación con los hombres de buena voluntad.

La histeria la angustia y el miedo por la desprotección, le hace crear al hombre el dios teísta al que acude en el momento de necesidad o al que recibe en la oportunidad litúrgica correspondiente.

Hasta nuestro estadio de evolución ese dios fabricado por nosotros puede reclutar gente para servirlo.

Ese dios no existe fue creado por nuestra histeria y miedo el que se
revela en Jesucristo es evidente donde los hombres se aman se sienten
incluidos e incluyen permanente. Dice Spong “en esta comprensión de
Dios que nos dirige a la muerte del teismo, las iglesias dejaran de
ser instituciones para controlar la conducta y se volverán
instituciones dedicadas al fortalecimiento y a la expansión de la
vida. La liturgia se convertirá en una celebración del poder de Dios,
que esta presente en el corazón de la vida. La educación cristiana
será la búsqueda de la verdad en lugar de la indoctrinacion de la fe
en forma de propaganda religiosa. La vida en comunidad será importante por que nos liberara para vivir plenamente, amar sin condiciones y ser todo lo que somos capaces de ser”

Sergio Bergman Preside la sinagoga de calle Libertad. Egresado de
Farmacia y Bioquímica y cuenta con estudios de posgrado en Educación,
Ciencias Judaicas y Literatura rabínica

Rafael Braun Doctor en Filosofía y Licenciado en Teología. Fue
director de Criterio y actualmente es miembro del consejo asesor de la revista. Rector de la Iglesia de Santa Catalina y miembro de la
Academia Nacional de Periodismo

   
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