VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

descarga1El reciente referéndum celebrado el pasado 23 de junio de 2016 en el Reino Unido  sobre su permanencia o salida de la UE se inclinó  con el 52%   por la salida,  sobre un 48% de apoyos a  la permanencia.

El brexit, como popularmente se le ha llamado, está suponiendo un verdadero problema para quienes se van y para quienes nos quedamos. Con su salida, el Reino Unido rompe la tendencia a la integración en la UE que, aunque ralentizada en las últimas décadas, ha venido siendo una constante  desde sus orígenes — París 1951, fundación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero,  a  finales de la Segunda Guerra Mundial—. Con el brexit se cambia la tendencia y se abre una crisis muy profunda en el seno de la Unión. Una crisis que, bien gestionada,  podría dar origen a la trasformación radical de su actual modelo, como vienen reclamando las bases desde hace décadas, lo que sería una buena noticia para todos sus miembros; o, en caso contrario,  puede seguir la deriva de su paulatina desintegración, sacudida constantemente por la pulsión de los nacionalismos emergentes. Reasumiendo la pregunta del papa Francisco en la entrega del premio Carlo Magno, con el que fue distinguido en el presente año, también nos preguntamos: “¿Qué te ha sucedido,  Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad?”

El lado más pesimista de esta  crisis, mirada desde el punto de sus posibles salidas, está en la gestión de la misma, pues va a tener que ser administrada no por estadistas imaginativos y experimentados, sino por burócratas, carentes de liderazgo político, y sometidos a la  disciplina más ortodoxa del neoliberalismo económico.

Pero, mirando más al fondo del problema, ni las razones económicas (lo que se gana o se pierde con esta salida a uno y otro lado de la Unión),  ni  el rechazo social y político del Reino Unido a la libre circulación de las personas —como se está difundiendo machaconamente por los medios generalistas—, explica, a nuestro modo de ver, suficientemente el fenómeno (aunque ambos elementos sean parte  de la verdad). Las mayores causas y razones surgen desde el desapego que las clases populares (trabajadoras, campesinas y urbanas) de toda la UE están mostrando hacia proyecto europeo. Europa ha dejado de entusiasmar al pueblo porque ya no es una solución para sus problemas. Es más, la UE —su troika: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional—  con su brutal austericidio y sus recortes del estado del bienestar (que han disparado el desempleo y acrecentado la división de clases, la pobreza y el hambre); con su limitación de los derechos sociales y  la democracia y su despotismo con el “grexit” y los países del Sur,   se ha convertido en su mayor enemigo. En este sentido, siendo honestos, tenemos que reconocer que,  en el   desenganche de la UE,  no están solo los trabajadores y el mundo rural inglés, sino también buena parte de las clases medias y bajas del resto del continente. El actual proyecto europeo ya no enamora ni sirve al pueblo para el que fue creado, sino que se ha puesto decididamente  al servicio de una oligarquía elitista y financiera que está rentabilizando sus mayores beneficios y echando sobre los sectores laborales, urbanos y campesinos sus  cargas más pesadas.

 

Desde Redes Cristianas consideramos el brexit un rotundo fracaso no solo de la anacrónica élite política inglesa, sino también de la UE,  que debería sentirse obligada a una profunda autocrítica y a una seria reflexión sobre lo que está ocurriendo;  también, a la asunción de responsabilidades políticas  y dimisiones, pues los grandes conflictos no se resuelven mirando a otro lado y aplicando luego la implacable vara de la ley,  sino abordándolos de raíz.

Nuestra propuesta para salir del actual atolladero no puede ser más que reivindicativa y provocadora, pues la reivindicación provocativa se ha evidenciado siempre como un camino eficaz para el acercamiento a una nueva realidad. Proponemos caminar, pues,  con serenidad sí pero con decisión, hacia un proyecto alternativo en la UE en el que la democracia se imponga sobre la burocracia, la política sobre la monetarización y las finanzas, los derechos humanos, sociales, económicos y políticos de todos los pueblos sobre las oligarquías, las clases adineradas y los pueblos dominantes,  creadores del exclusivismo y las fronteras. Un proyecto, en definitiva, capaz de devolver su verdadera alma a Europa, cuna de los Derechos Humanos, lugar de acogida y patria de las libertades. Solo así podremos ir caminando hacia una ciudadanía universal y cosmopolita en la que todas las personas tengan todos los derechos en todos los lugares de la tierra.

   
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