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El domingo 8 de enero de 2017, día en que la Iglesia Católica celebraba el bautismo de Jesús, después de mucho tiempo sin asistir a una misa dominical, fui a la Iglesia de S. Sebastián de Almería. Viví la Eucaristía intensamente aunque apenas participé de forma activa pues apenas abrí la boca.
Acudieron a mi mente muchos pensamientos de mi infancia y adolescencia. Por ejemplo, cuando mi padre se declaraba ateo, veía alguna estampa que representaba a Jesucristo y exclamaba: “En este hombre sí creo”. Me pregunté muchas veces, cómo siendo ateo cree en Jesús si no va a misa y no ha leído nada de Él… Mi padre repetía muchas veces que no creía en los curas, pensamiento que tenían muchos hombres, no así las mujeres. Pienso yo que tendría malas experiencias de ellos porque con sus conductas no le habían mostrado al Dios de Jesús. ¿Y por qué creía en Jesús, el hijo de José y María, el llamado Nazareno, entre otros muchos nombres como es conocido? Pienso que creía en Él porque le había llegado la Buena Noticia, porque sabía que fue un hombre que pasó haciendo el bien a todas las personas que necesitaron curación y alimentos y ¡cómo no! espiritualidad para relacionarse con las demás personas. Porque si no era así no se puede entender.

También ese día me hice muchas preguntas: ¿Cómo si Jesús era adulto cuando acudió a ser bautizado por Juan Bautista en el río Jordán y conversan como dos adultos, bautizan ahora a los niños cuando apenas tienen unos días de vida? Y esto ocurre en muchos casos sin ser creyentes ni practicantes sus padres y padrinos. ¿No deberían dejar los mayores que decidieran los niños cuando fueran mayores, tal como hizo Jesús? ¿O es que seguimos pensando en que los niños no bautizados si se mueren irán al infierno? ¿Es que aún creemos en ese infierno que nos contaron cuando éramos niños? ¿O seguimos creyendo en el pecado original? ¿Tenemos un Dios tan cruel que nos castiga desde que nacemos porque nuestros antecesores lo hicieron mal y con el BAUTISMO quedamos limpios de pecado? ¿Aún seguimos creyendo eso? ¿Y la conversión, pues eso debería ser el bautismo, dónde está? Bien, esas preguntas y muchas más me hice. Podéis estar de acuerdo o no pero es parte de lo que viví ese domingo reseñado.
Para finalizar quiero deciros que os quiero. Un abrazo.
Salva.

   
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