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celibatoVER: Cómo me hubiera gustado encontrar para mi reflexión un titular tan realista y explosivo como el de algunos blogueros: “La pederastia, bomba contra el celibato clerical”, “La pederastia, cáncer con metástasis”. Y es que la deflagración de la pederastia clerical le ha estallado bruscamente a Francisco y ha provocado una de las peores crisis de coherencia y de credibilidad en la Iglesia. Es atrozmente doloroso y profundamente lamentable que, desde curas a obispos y cardenales, haya tenido lugar una depravación tan grave, precisamente perpetrada contra personas inocentes e indefensas como son los niños y adolescentes.

“No se trata de una enfermedad pasajera que afecte excepcionalmente a algunos de sus miembros, sino de un cáncer con metástasis que alcanza a todo el cuerpo eclesiástico: cardenales, obispos, sacerdotes, miembros de la Curia romana, de congregaciones religiosas, educadores en seminarios, noviciados y colegios religiosos.” (J.J. Tamayo). Y no se concentra en un lugar preciso, sino que se expande por diversas poblaciones y países distintos y distantes intoxicando los cinco continentes. ¿Cómo es posible que un problema de esta índole pueda desencadenarse justo en un ambiente, como el eclesial, cuyo sentir primordial defiende exactamente lo contrario?

El último estruendo lo ha provocado la publicación del informe judicial de más de 1300 páginas sobre los abusos sexuales cometidos en seis de las ocho diócesis del estado de Pensilvania (USA). La investigación destapa una sórdida maquinaria de silencio y encubrimiento ante los excesos de los curas y revela que no solo la cúpula eclesiástica trató de encubrir los abusos sino que muchos jerarcas miraron hacia otro lado. “Los vergonzosos comportamientos sexuales de los consagrados vienen dejando, como consecuencia, miles de menores abusados, miles de hijos y madres condenados al anonimato, miles de millones de dólares pagados en indemnizaciones por la Iglesia a víctimas y centenares de investigaciones y juicios.”(Deducción del Informe)

JUZGAR: Estos escándalos de abusos sexuales han reabierto el debate sobre si existe algún factor, concretamente el celibato, que haga que sacerdotes u otros religiosos sean más proclives a la pederastia. Y muchos se preguntan si la abolición del celibato clerical contribuiría a evitar tales abusos. Los expertos coinciden en negar cualquier relación directa entre celibato y pederastia. “¿Ser sacerdote o célibe estimula per se la pederastia? Clara y rotundamente, no”. Sin embargo… Sí hay especialistas que dejan claro que la génesis de la pederastia gravita sobre dos soportes básicos: el poder y la represión sexual.

En la Iglesia, el poder se traduce por clericalismo

El clericalismo es la degeneración del poder eclesiástico. Proclama el dominio absoluto de una casta superior de célibes sobre toda la Iglesia. Se trata de la “dictadura del clero”. Por eso, el papa Francisco, arremete con frecuencia contra esta concepción: “El clericalismo es una perversión y la raíz de muchos males en la Iglesia.” (Francisco en el Sínodo de Jóvenes, 3-10-18).

El control y el poder son conceptos indefectibles del perfil de un pederasta.

El pederasta casi siempre es alguien de quien no se podría sospechar, uno que detenta un rol de autoridad o de poder. El clericalismo sitúa al sacerdote como en un “pedestal”, lo llena de privilegios, le hace sentirse por encima de la Ley y de la Moral. El clérigo abusador se vale del concepto de “hombre de Dios”, de la reverencia que se le “debe”, del respeto y consideración que se le tiene para influir en la mente de los indefensos e incautos infantes. Es cierto que abusadores también se encuentran entre casados, entre no religiosos y en las propias familias. Pero, curiosamente, donde mayormente se producen es en contextos donde los niños y adolescentes están bajo autoridad: seminarios, parroquias, colegios, centros deportivos y culturales…

La represión del instinto sexual coloca a la persona en una situación de estrés

Y como es algo anormal, puede conducir a la frustración del individuo. La mayoría de quienes ingresan a la vida religiosa lo hacen en plena juventud, ilusionados con su vocación, pero psicosexualmente inmaduros y, lo que es más grave, desconocedores del impacto que tendrá en ellos la abstinencia sexual de por vida. El resultado es que muchos llegan a ser intelectual y físicamente adultos, pero emocional, afectiva y sexualmente inmaduros, con riesgo a ser clandestinos transgresores del celibato.

¿La “consagración” ministerial suprime la sexualidad de la persona? Expertos apuntan que la soltería forzada y la abstinencia incrementan la fuerza del impulso sexual. El sexo es una fuerza natural imparable, por mucho que se quiera sublimar y sacralizar. Es cierto que no todos los célibes son abusadores de menores. Pero es también cierto que otras prácticas, al no ser delitos, no salen a la luz pública y quedan ocultas en los confesionarios, como pecados, encubiertas por el hermetismo y el secreto. Sospechamos que no todos los célibes eclesiásticos están libres de “polvo y paja”.

ACTUAR. ¿Contribuye el celibato sacerdotal obligatorio a los abusos sexuales?

El abuso sexual infantil es un fenómeno complejo que tiene distintas causas, pero no se puede excluir la sexualidad bloqueada y reprimida. El celibato es un factor de riesgo que, sumado a otros, se convierte en caldo de cultivo para los abusos. El voto de castidad ha creado un sistema de hipocresía y secretismo en cuyo contexto tiene lugar la pederastia. Son muchas las voces laicas, sacerdotales y hasta episcopales que reclaman un fin al celibato sacerdotal obligatorio. Muchos lo intentan perpetuar sacralizándolo, santificándolo y endiosándolo; no pocos sueñan con revisarlo adoptando una visión algo más real, que entienda el celibato como un problema urgente que resolver.

La Iglesia ha defendido a ultranza la disciplina de la castidad clerical como manifestación integrante del “carisma”. Sin embargo, el celibato en la inmensa mayoría de los casos no se puede considerar un carisma sino una “soltería forzosa”. El celibato no puede ser un don o carisma. Si el celibato fuese un carisma, lo sería para ser dado en beneficio de toda la comunidad de creyentes y no sólo de unos cuantos privilegiados. El célibe no está más libre para dedicarse a los demás y a Dios. Lo demuestran las vidas de tantos seglares casados y con hijos (y muchos curas casados) entregados en cuerpo y alma a una comunidad. Además, el celibato es un “gran bofetón” a la mujer por parte de una organización supermisógina tanto en su pasado y como en su presente.

Se hace preciso abolir la obligatoriedad del celibato sacerdotal. Por una parte refrenaría los abusos y por otra, resaltarían más los valores del celibato opcional.

   
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