descarga1La crisis económica
Las crisis económicas son los parones del sistema porque los poseedores del capital no tienen incentivos para invertir, al disminuir su expectativa de ganancia. Según el principio liberal, se resuelven con más explotación a los trabajadores. Así, dicen, se impulsa de nuevo la inversión y el ciclo de acumulación, se recupera la economía productiva, se empieza de nuevo a crear empleo y los trabajadores recuperan su poder adquisitivo.

Sin embargo, en estos años, el tratamiento liberal de la crisis no ha dado estos resultados: En nuestro país, las rentas de los grandes accionistas han crecido significativamente, se ha quintuplicado el número de personas millonarias, mientras que las de las mayorías sociales han descendido progresivamente. Desde 2008, los beneficios empresariales, han crecido un 11,3 %, los sueldos y salarios sólo un 0,08%.

Y, a pesar de todo, la economía productiva no se recupera. La austeridad impuesta a las mayorías sociales provoca la paralización del aparato productivo, ya que la demanda interna que dinamiza el crecimiento va perdiendo fuerza, por la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.

Mientras que los beneficios de los accionistas no se orientan prioritariamente para invertir en el sector productivo de la economía, sino en los sectores de mayor y más rápida rentabilidad, el sector especulativo. La inversión productiva se encuentra hoy un 30% por debajo de los niveles de 2008. En consecuencia, la actividad económica no se reactiva.

El contexto internacional tampoco se presenta muy alentador. Todos los países aplican medidas de austeridad interna y proteccionismo frente al exterior. La guerra de aranceles entre EE.UU. Y China supone la pérdida en los intercambios comerciales mundiales. Europa se desacelera y nuestros principales destinos de exportación (Alemania, Italia, Francia o Reino Unido) estén aproximándose al estancamiento económico o incluso la recesión.

A pesar de recuperaciones puntuales de las bolsas, el sentimiento que domina es de incertidumbre. La perspectiva de que se aproxima una nueva recesión se mantiene y las razones hay que buscarlas en la profunda depresión que desencadena este modelo capitalista que dura ya más de una década.

Eminentes economistas concluyen: “Las políticas de austeridad frente a la crisis fueron un engaño, un “austericidio” que dio como resultado todo lo contrario de lo que sus inspiradores decían que iban a conseguir: afirmaron que eran imprescindibles para crear empleo y disminuir el endeudamiento, pero lo que hubo después de haberse aplicado fue más deuda, menos y peor empleo y más baja actividad económica.” (1)

¿Qué se puede hacer?
Habrá que promocionar otras medidas. La ciencia económica muestra que hay otras alternativas, que no se llevan a cabo porque las élites financieras son hoy por hoy determinantes en las políticas gubernamentales. Indicamos algunas:

– Promocionar la demanda: “Quantitative easing” (Expansión cuantitativa) es el nombre de la iniciativa de préstamos al 0 % que los últimos años ha puesto en marcha el Banco Central Europeo para rescatar a los bancos: 4,4 billones de euros. Teóricamente para que los bancos lo repercutan en la economía productiva, cosa que no ha sucedido. Se han priorizado las inversiones más rentables para los beneficios de los accionistas.

Es necesaria una “expansión cuantitativa” para financiar la economía productiva. Con estos billones de euros se puede impulsar la demanda promocionando políticas redistributivas: derogando reformas laborales, adaptando las pensiones al nivel de vida, o las prestaciones de desempleo. Surgen cada vez más voces para que las inyecciones de liquidez del BCE vayan directamente al bolsillo de los ciudadanos.

– Reforma fiscal: La misma OCDE insiste en que los Estados han de recaudar los impuestos que necesitan para mantener los sistemas de bienestar y dejen de ser burlados por la ingeniería fiscal de las multinacionales.

En nuestro país, además, necesitamos una reforma progresiva que nos homologue en extensión y equidad a la contribución tributaria europea. Estamos en el 6,4% de PIB por debajo de la media de la Eurozona. Su homologación con la media europea supondría unos 60.000 millones más de ingresos anuales para financiar políticas de inversiones productivas y redistributivas.

Medidas redistributivas para un nuevo contrato social que incluya una subida generalizada de los salarios más bajos y una puesta al día de la protección social. Medidas inversoras para una modernización del aparato del Estado y la transición ecológica, creadoras de empleo.

La misma directora gerente del FMI asegura: “La economía española pasó dificultades durante los años de la crisis de la eurozona y uno de los impactos fue el aumento de la desigualdad. Entre las políticas del nuevo Gobierno español está trabajar hacia un crecimiento más inclusivo para asegurarse de que se comparten mejor los beneficios. La cuestión de los salarios debe formar parte de la agenda del Gobierno” (2)

Y el papa Francisco: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría. Esta minoría defiende la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera y niega el derecho de control de los Estados encargados de velar por el bien común… Sólo atacando estas causas estructurales de la desigualdad habrá solución duradera” (3).

NOTAS
(1) Juan Torres, Europa vuelve a equivocarse, Nueva Tribuna, 29-9-2019.
(2) Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, El País, 1-2-2020.
(3) Francisco, Evangelii Gaudium, 56 y 202

   
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