VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Religión Digital

Andrey Kordochkin es un “pope”, un sacerdote ortodoxo ruso, responsable de las comunidades a lo largo de toda España, y párroco de la Iglesia de Madrid, que en estos momentos comienza la construcción de un nuevo templo. “Ahora celebramos en una nave que antes era un taller de muebles”, sonríe, recordando tal vez la primera casa en la que vivió Jesús, y el taller de carpintería de su padre José.

“Nuestra presencia es muy grande, porque no sólo acogemos a los ortodoxos que vienen de Rusia, sino a todos los ortodoxos”, explica Kordochkin. Además de Madrid, existen importantes comunidades ortodoxas en Barcelona, Palma de Mallorca, Alicante, Altea, en Valencia y en Costa del Sol, “y todas las comunidades, más o menos grandes están muy vivas”.

“Nunca intentamos hacer parroquia ortodoxa donde no hay nadie. Queremos que nuestra presencia sea una respuesta a las necesidades de las personas, no buscamos hacer proselitismo”, asegura. De hecho, “como la tradición religiosa principal que existe en España es la Iglesia católica romana, nuestra dinámica consiste en que todo lo que hacemos tiene que ser absolutamente transparente para la Iglesia de Roma”. Así, en cada lugar donde se dirigen misioneros o sacerdotes ortodoxos, “intentamos reunirnos con los obispos católicos antes”.

“A veces celebramos en las iglesias católicas, como en Barcelona o en Mallorca, pero más allá de eso lo importante es que los jerarcas católicos puedan saber que no existe ningún tipo de proselitismo. Sólo intentamos atender a los ortodoxos que existen ya”.
Existe un cauce de diálogo abierto entre las confesiones católica y ortodoxa rusa. “La sociedad española está cambiando -apunta el pope- y cuando hablamos con la Iglesia católica, discutimos sobre la tradición o los eventos históricos que nos separaron, pero más, de las que nos unen”

Especialmente, y en la situación actual, “la Iglesia católica hace mucho por salvaguardar los valores tradicionales, especialmente en la familia, la vida y la muerte, los asuntos del matrimonio… y en todas estas posiciones, compartimos la posición de la Iglesia católica”.

“La Iglesia católica está defendiendo los derechos de los no nacidos, no sólo defiende a los católicos, sino a todos”, explica Andrey Kordochkin. “Nosotros, que somos pocos, tenemos difícil hablar, o tener una voz ante el Estado, y por eso estamos agradecidos al esfuerzo de la Iglesia católica para preservar el Cristianismo en España”.

Un peligro de “un Estado laico que intente crear un espacio con los mismos derechos para todos, para ateos y personas de otras confesiones, pero lo que puede pasar, y lo que pasó en la URSS, es que los cristianos sean los únicos que sientan peligro”, explica. “Si miras la Constitución soviética, en teoría es muy democrática, y permite a todos confesar cualquier religión. En la práctica, el idioma religioso es diferente.

Desde la perspectiva de un Estado laico, la confesión de la fe es una cosa privada. Para nosotros, toda la vida de un cristiano es una confesión de su fe. Y si un doctor no puede hacer un aborto es por cuestión de su fe. Y si un niño lleva la cruz en el colegio, es una confesión de su fe. No te puedes dividir, y eso fue lo que pasó en la Unión Soviética, el conflicto entre los principios del Estado y la confesión de la fe en nuestra vida. Estas son las cosas más relevantes que los asuntos teológicos”.

De cara al inmediato futuro, la Iglesia Ortodoxa Rusa prevé la construcción de una iglesia en Madrid. “Es una propuesta nueva, para el futuro. Ahora tenemos 300 fieles, no podemos estar siempre en un taller de muebles”. El Ayuntamiento les ha concedido una parcela por 75 años, en la zona de Pinar del Rey. “Tenemos dos años para terminar de construirla. Estamos ahora buscando fondos, porque la verdad es que la mayor parte de nuestros fieles trabajan en puestos muy básicos, limpiando casas o en la construcción. Podemos pagar, pero para una construcción necesitamos algo más de lo que tenemos”.

Kordochkin es sacerdote, pero está casado y tiene una hija. Inevitablemente, surge la cuestión del celibato. “La cuestión del celibato para todos los clérigos en la tradición católica es importante, porque permite a una persona dedicada a su ministerio todo su tiempo y esfuerzo, pero sabemos que en la Iglesia antigua, en el primer milenio, las cosas fueron diferentes”.

De hecho, “el Apóstol Pablo dice que el obispo debe ser buen marido de su mujer. Y en la tradición ortodoxa, los obispos no son casados, pero los sacerdotes pueden casarse antes de ser ordenados como diáconos. Y en mayor parte son casados”. ¿Una experiencia buena o mala? “Tiene sus ventajas, porque permite vivir no en un mundo artificial, sino más cerca de la tierra. Permite a los fieles ver a su sacerdote como una persona normal”.

Aunque en la entrevista luce el tradicional hábito, normalmente no suele llevarlo. “Durante los años de la Unión Soviética, el sacerdote debía pagar una multa si se le veía en sotana estando en su puesto de trabajo. Hay algunos que lo hacen, pero normalmente, a mí no me gusta estar en el centro de atención. Yo tengo un respeto para los que lo hacen, pero no tenemos una ropa obligatoria. Podemos estar en sotana o en vaqueros”.

   
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