VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

HOY  ES DOMINGO 26 DE SEPTIEMBRE DE 2021

 

En 2016, el 55% de la población mundial, más de la mitad, unos 4000 millones de personas, aun no se beneficiaba de ninguna forma de protección social.

Según información del Banco Mundial la pobreza extrema se había reducido de forma más o menos sostenida desde 1990 hasta 2015, aunque aun había 750 millones de personas que solo disponían de 1,5 euros al día, y 228 millones más que no llegaban a 2,8 euros diarios,  y además  3300 millones, casi la mitad de la población mundial, que no llegaban a 4,8 euros por día. Pero a partir de esta fecha la pobreza volvió a aumentar, de manera que en 2020 el BM ya informa que a causa del Covid-19 y sobre todo del cambio climático, los empobrecidos del mundo habían aumentado en 115 millones de personas, y en 2021 ese aumento será de unos 150 millones. En consecuencia el número de personas en extrema pobreza en el mundo ya supera los 815 millones de personas.

Como contraste nunca ha habido tantos milmillonarios en el mundo, y su riqueza ha alcanzado el nivel más alto de la historia, precisamente a partir de la difusión de la pandemia, mientras que los pobres se han empobrecido aun más. Muchos gobiernos han fomentado esta desigualdad al conceder enormes beneficios fiscales a grandes empresas    y a los más ricos del mundo. Mientras que los pobres son ilegales en todo el mundo, los ricos son legales en todo el planeta.

Poner fin a la pobreza para 2030 figura en el número 1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero la pandemia y más aun el cambio climático lo están  haciendo imposible, pero no solo eso, porque gastamos millonadas en otras cosas que no son ni necesarias, ni urgentes, y aun peor, muy negativas como los caprichosos viajes de turismo espacial de Bezos; el comercio de armas; los desfiles militares; las exhibiciones aéreas de las fuerzas armadas; los coches, trenes o aviones de lujo, las millonarias desigualdades económicas, y mil etcéteras, como los gatos eclesiásticos directos o promovidos por la iglesia oficial en la restauración y conservación de monumentos que no solo no tienen nada que ver con el Evangelio sino que incluso son evidentemente contrarios a él. ¿Por qué?

Porque, mientras más de 800 millones de personas pasan hambre extrema, nacen con hambre, viven con hambre y mueren de hambre, recientemente hemos gastado 6,2 millones de euros en restaurar el pórtico de la gloria, 800.000 euros en restaurar la torre de la catedral de Toledo y ahora se van a gastar más de 980.000 en restaurar la cubierta de la misma. Esto, son solo unos ejemplos. Admiramos los monumentos, pero como gloria nuestra, no de Dios, pues la mayor gloria de Dios es que el ser humano viva dignamente, en expresión de san Ireneo.

La pregunta es evidente: ¿Dónde está Jesucristo? ¿En las piedras o en  las personas? Al final, por quién nos va a preguntar Jesucristo?

La iglesia oficial no solo no ha leído con coherencia el Evangelio, sino que lo ha olvidado y marginado abiertamente. Veamos:

Un día, al salir del templo de Jerusalén, le dijeron los discípulos a Jesús: “Maestro, mira qué piedras y qué construcciones”. Jesús contestó: “¿Veis estas grandes construcciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea destruida”. Ver Marcos 13,1-2; Lucas 21,5-7; Mateo 24,1-3. Lo dicen los tres Evangelistas, señal explícita de autenticidad. San Pablo en la carta primera a los Corintios les dice literalmente: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?. Si alguno profana el templo de Dios, Dios le destruirá. Porque el templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros”. Nada que añadir.

Pero el texto Evangélico más contundente es el que recoge Mateo en 25,31-46, donde entre otras cosas, Jesús dice literalmente: “Venid benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros… porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, preso y vinisteis a verme”.

Este mensaje debería practicarlo y enseñarlo toda la Iglesia, y dedicarse de lleno a todos los empobrecidos, maltratados y oprimidos del mundo como hambrientos, sedientos, desnudos, enfermos, emigrantes, encarcelados, marginados, despreciados, esclavizados, tanto mujeres como hombres, tanto adultos como niños, tanto jóvenes como ancianos. Al final Jesucristo no nos va a preguntar por otra cosa más que por esto. Mientras haya un solo ser humano en el mundo que necesite atención, eso tiene que ser lo primero. Por tanto esos enormes gastos en piedras y construcciones, mientras tantos millones de personas mueren de toda clase de males evitables, son una infinita blasfemia contra Dios perpetrada en los oprimidos de la tierra, y más de quienes nos decimos discípulos y seguidores de Jesucristo, y más aun de quienes constituyen la estructura de la iglesia oficial.

Este mensaje debería ser el programa mundial de la humanidad, de toda clase de gobiernos e instituciones; el programa mundial de todo ser humano, de creyentes, agnósticos, ateos…

Necesitamos una conversión muy profunda y radical hasta que todo ser humano y todo ser vivo puedan vivir una vida digna y abundante.

Faustino Vilabrille, perteneciente de las Comunidades de Base de Gijón y al Foro Gaspar García Laviana

   
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