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EleccionesEl Papa Francisco llama a tener el oído puesto en Dios y los ojos puestos en el corazón del pueblo. En estos momentos en que se acercan las elecciones municipales, autonómicas y europeas es necesario retomar esta orientación de Francisco. Que cada quien se sitúe ante sí mismo con toda sinceridad frente a la realidad que nos rodea en nuestra Región, en España y en Europa.
Se trata de conocer, en primer lugar, el proyecto sociopolítico de cada partido y la trayectoria ética de los candidatos y no tanto centrarse en sus discursos “demagógicos”. Por lo tanto, habrá que votar por partidos y candidatos que tengan una trayectoria de transparencia, de defensa de los derechos humanos, de servicio al pueblo y de lucha contra la corrupción.

Ofrezco modestamente algunas orientaciones:

Que se analice el programa de gobierno de los partidos, sobre todo su proyecto socioeconómico en materia de salud pública, educación, vivienda, trabajo, salarios, pensiones de jubilados más pobres, dependencia, discapacitados…

Que priorice el bien común por encima de intereses macroeconómicos y de las grandes empresas privadas, tal como señala la Doctrina Social de la Iglesia.

Que manifieste una opción por lo más pobres y excluidos de manera que se superen las grandes desigualdades sociales existentes.

Que implemente una reforma fiscal seria y justa, de manera que paguen más los que más tienen y no carguen el peso de los impuestos sobre el pueblo llano.

Que busque equilibrio y armonía entre libertad y justicia social, no una por encima de la otra.

Que la defensa y promoción de los Derechos Humanos sea eje transversal en la acción de gobierno.

Que tenga presente el cuidado del medio ambiente y propuestas concretas de lucha contra el cambio climático a todos los niveles.

Que promueva la igualdad de género y mantenga una actitud de respeto y tolerancia hacia la diversidad.

Que favorezca la interculturalidad como un valor que nos enriquece a todos.

Que desarrolle la solidaridad con los pueblos del mundo que sufren hambre o son víctimas de las guerras. Y que se abra a la acogida humanitaria de inmigrantes y refugiados.

Que combata el racismo y la xenofobia y todo tipo de discriminación, que son hoy una fiebre maligna que destruye los valores éticos y morales en la sociedad. El odio no se vence con más odio, ni la violencia con más violencia. Sólo las manos que se entrelazan con otras manos, sólo los hombros que se ofrecen a los debilitados, sólo el amor incondicional nos permitirá construir la paz.

Que se relativice todo nacionalismo y que la dignidad u orgullo de ser de este país no opaque la conciencia de que antes somos ciudadanos del mundo, hermanos de todos los seres humanos, más allá de toda nacionalidad, lengua, cultura, religión…

Que mantenga una firme oposición a la carrera armamentista, porque no son las bocas de los fusiles y cañones las que hay que alimentar sino las bocas de los hambrientos. Y consecuentemente, que mantenga una inclaudicable oposición a las intervenciones militares y a la guerra.

Que opte por el diálogo como medio de resolución de conflictos locales, nacionales e internacionales, nunca la represión y la violencia.

Que mantenga fidelidad y coherencia con la Declaración Universal de Derechos Humanos y con la Constitución Española.

Este es el secreto que haría de nuestro país, de la Unión Europea y de nuestro mundo un espacio de convivencia y podría ayudar a adquirir un rostro humano, jovial, alegre, hospitalario, tolerante, tierno y fraterno.

   
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