VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

ALC

Anunciar el evangelio al aire libre, en la calle, en la plaza, es diferente de lo que es llevar la Palabra de Dios al encarcelado, afirmó el pastor Edmilson Rodrigues, de la Iglesia Presbiteriana Filadelfia, de Niteroi. Él trabaja hace más de 20 años en la pastoral carcelaria, que realiza visitas semanales a los presos en dos cadenas de la región.

Rodrigues, de 58 años, fue uno de los ministrantes del I Curso de Misiones en las Cárceles, realizado el sábado, 19 de mayo, en Río de Janeiro, con el apoyo de la Sociedad Bíblica del Brasil (SBB). El curso prepara agentes religiosos y de pastoral para trabajar en las cárceles.

Es preciso tener mucho cuidado en esa actividad, dice Rodrigues en entrevista a ALC. “Seguimos la recomendación de Jesús: sean mansos como las palomas y prudentes como las serpientes”, explicó el pastor presbiteriano. Cuando se inicia el contacto con el detenido, el agente religioso está delante de una persona que él no conoce, justificó.

Hacer misión en el presidio no es simplemente llegar y predicar el evangelio. “Tenemos que mostrar al preso que somos embajadores de Cristo, y procurar hacer lo que Jesús hace – oír a las personas”, dice Rodrigues.

El perfil del preso es uno de los temas tratados en el Curso de Misiones en Cárceles. En contacto con encarcelados luego aparecen carencias. Hay presos que son carentes de visitas, abandonados por la propia familia. Hay otro que es carente de apoyo, carente de una palabra amiga. “Es preciso, entonces, mucho cuidado. Toda palabra debe ser bien expresada, para no ofender”, expresó el pastor.

La pastoral carcelaria mantenida por las iglesias Presbiteriana Filadelfia, Iglesia Metodista y Asamblea de Dios en dos presidios en la Grande Río – Pereira Neto y Edgar Costa – tiene una contabilidad favorable. En 2005, 86 presos cambiaron la vida de delincuencia por biblias. En 2006, fueron 93 presos.

Pero el más grande problema para esos convertidos comienza el día en que salen de las prisiones después de cumplir la pena. Ellos no encuentran empleo, y los propios familiares presionan para que el ex-detenido vuelva al crimen para tener como sustentarse. Las iglesias involucradas en la pastoral carcelaria quieren construir una casa de paso, donde al egreso de la prisión pueda vivir y buscar empleo.

“Estamos en contacto con empresas para la apertura de vacantes para esas personas”, adelantó Rodrigues. Él admitió que ese es un tema complicado para tal clientela en un país que presenta alta tasa de desempleo.

   
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