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Benjamín Forcano1Teología Política en el hoy de nuestra sociedad
Las reflexiones aquí expresadas, de tiempo atrás ,tienen validez plena para el momento actual
La religión cristiana es una religión pública
Los que se profesan cristianos, tiene razones para afirmar que la religión cristiana es una religión pública y que, por lo mismo, y sin pretender monopolizar ni imponer nada, obrando de acuerdo con los principios y valores de esa religión, su conducta reflejará la marca, inspiración y medida de esos valores. Sencillamente porque la persona es unidad y unitariedad, y si la religión la inspira e impregna en su totalidad, debe impregnarla en lo que es la amalgama de esa totalidad: convicciones, actitudes, sentimientos y opciones.

Cada persona elige un estilo de vivir. Y, para los creyentes, la religión es parte importante y hasta esencial de ese estilo. Un estilo que no hay que presuponerlo extraño o peligroso, pues la fe, al menos la cristiana, comienza por ser fe humana, es decir, fe en el hombre, en su dignidad y derechos. Ese es el primer artículo de la fe cristiana y sin él la fe se toma sospechosa, vacía o falsa. Y, desde esa fe en lo humano, el cristiano expresa su identidad y comunión con todos aquellos que -ateos o no- viven con el sueño de hacer una ciudad humana universal: fraterna, igualitaria, libre. Hay, pues, un caminar común, porque hay un terreno y fe común.

El estilo de vida del cristiano
Pero, ¿cuál es el estilo, si lo hay que, junto a esos elementos comunes, debe configurar al cristiano? El estilo es el de Jesús de Nazaret.

Cualquier otra coartada, que aspire a definir el cristianismo sin pasar por ahí, es cuestionable. Se es cristiano porque se elige con libertad personal vivir la vida como Jesús de Nazaret. Y Jesús de Nazaret es todo un estilo: en el pensar, en el sentir y en el obrar; en relación con Dios, con uno mismo y con los hombres; en relación con la justicia y con el culto; en relación con los ricos y con los pobres; en relación con el poder religioso y con el poder político; en relación con la interioridad y la exterioridad; en relación con lo que es vicio y lo que es virtud; en relación con la vida material y espiritual, personal e institucional, histórica y escatológica.

Puesto a describir el estilo de Jesús, me gustaría destacar algunos de los trazos más salientes:
1. El mesianismo teocrático
Inmerso en su pueblo, participa de todo lo que constituye su historia. Sabe que la expectación sobre el Mesías es grande y varias las maneras de interpretarlo y acogerlo. Resulta predominante la de un mesianismo teocrático, nacionalista, excluyente que restaurará la gloria de Israel con fuerza y esplendor. No se concibe un Mesías que no vaya asociado al poder, al éxito, la gloria.

El mesianismo de Jesús es de muy distinta naturaleza: “Sin hacer alarde de ser igual a Dios, se vacía de sí mismo y toma la condición de esclavo haciéndose uno de tantos” (Fp 2,6-8).
Escribe Rafael Díaz Salazar:“La forma de Dios como esclavo entregándose a la liberación de los esclavizados con una radicalización que le lleva a la muerte con la doble acusación de subversivo y blasfemo es única en la historia de las religiones.” (1)

Tan única que este mesianismo cambia de raíz las relaciones de Dios con la política en el sentido de que no habrá otra forma de hacer política divina sino aquellas que, de verdad, sirvan al servicio y liberación de los empobrecidos desde los valores propios del Evangelio.
2. El mesianismo jesuánico se centra en el anuncio y realización del Reino de Dios.

Este Reino es la utopía del Nazareno, a la que consagra por entero su vida:- Él, como profeta, se enfrenta a las autoridades religiosas y políticas de su pueblo para desenmascarar sus errores y contradicciones. Ningún sistema político puede instrumentalizar la divinidad para el encubramiento de unos y la dominación de otros, y ningún sistema religioso puede erigirse como dueño de Dios y utilizarlo con alienación y detrimento de las personas: “Es muy significativo que la persona que se presenta como el enviado de Dios sea condenada por subversivo y blasfemo. La revelación jesuánica de Dios es captada como suprema negación de la divinidad tal como ésta era concebida por la mayoría de los judíos y romanos. Desde ésta óptica no hemos de extrañamos que los primeros cristianos fueran considerados ateos” (ídem, p. 338).

– Dios es Padre de todos, sin exclusión de nadie, en una patria y familia universal, sin fronteras ni discriminaciones, en la que la todos son hermanos. Aquí, el parentesco es de otro rango y sobrepasa el simple de la sangre y de la raza, y se incrusta en la ley primigenia del amor, única que libera, que enlaza culto y justicia y que hace presente a Dios mismo en la liberación de los empobrecidos (Cfr. Mt 25, 31-46).

– Para hacer efectiva esta patria. Dios no va a suplir a nadie. Él cuenta con la responsabilidad humana y, sobre todo, con las disposiciones y actitudes de cada uno, alejadas del orgullo, de la avaricia y del egoísmo. Se trata de echar abajo una serie de ídolos (el dinero, el poder, el dominio) que alimentan la deshumanización e impiden que la convivencia y las relaciones entre los humanos sean justas y fraternales.
– El mensaje de Jesús no se centra en el diseño de una política específica. Las políticas son necesarias y ellas deben ocupar la entrega y compromiso de los hombres pero, en tanto que políticas, son coyunturales y evolutivas, mientras los valores del Evangelio son esenciales, suprapolíticos, válidos para guiar la política y reconducirla cuando haga falta.

¿Qué aporta el cristianismo a la solución de nuestros problemas de hoy?
Si tenemos claro cuáles son los problemas que mayormente afectan a la sociedad, claro que la izquierda pretende ofrecer las mejores propuestas para la solución de esos problemas, claro que no hay un sistema económico-sociopolítico que pueda sobrevivir sin ideología , pues todo proceso económico-político resulta indisociable de un determinado tipo de filosofía y ética. ¿La izquierda de hoy adolece de un vacío de espiritualidad y de valores que la propulsen?

Está claro que el neoliberalismo constituye un determinado sistema dominante desde el que organizar la economía y también las conciencias, entonces, la pregunta clave es ésta: en la marcha de este proceso, ¿con qué energías y valores morales contamos? ¿podemos seguir abrigando la duda o el escepticismo de la validez del cristianismo para acometer con garantía la solución de esos problemas? En todo caso, y de ser afirmativo, ¿qué tareas o contribuciones puede aportar el cristianismo a la solución de tan ingentes problemas?
Aportaciones del cristianismo para una política de igualdad, justicia. fraternidad y paz

1. Organizar la sociedad desde los últimos
Tener como criterio de organización sociopolítica y de educación el criterio de que todos los hombres son hermanos y, si hermanos, hay que luchar para que las relaciones sean de igualdad y desaparezcan los obstáculos que más la imposibilitan: el dinero y el poder.

Hay que establecer como prioridad que tantos y tantos como se encuentran en la miseria y exclusión (los últimos) sean los primeros, de modo que sea desde las carencias de sus derechos y necesidades como comience a organizarse la sociedad. Si Jesús llama a los pobres bienaventurados es porque les asegura que su situación va a cambiar y para ello es preciso crear un movimiento que sea capaz de lograrlo, devolviéndoles la dignidad y la esperanza. Hay que dar la primacía de los últimos:
“El cristianismo originario se enfrenta al reinado del dinero y del poder como mecanismo de dominación e introduce una pasión en la historia: que los últimos dejen de serlo, que se adopten comportamientos y se organicen políticas y economías que les den la primacía para construir una sociedad sin últimos ni primeros o, al menos, con la menor desigualdad entre los seres humanos convocados a ser hermanos.” (2)

2. Combatir las causas de la desigualdad
De acuerdo con esta pasión por los últimos, tener sensibilidad y criterio para saber detectar dónde se encuentran en nuestro mundo las causas y mecanismos que producen los primeros y mayores problemas de desigualdad e injusticia.

3. Convertir la pasión por los últimos en fuerza moral y voluntad coleciva movilizadoras
Crear una voluntad colectiva que sea capaz de anteponer las necesidades de los últimos y que articule políticas y comportamientos sociales solidarios, con la consiguiente adopción de esfuerzos y renuncias comunes. Si la pasión por los últimos se convierte en idea y fuerza moral movilizadora, tendremos entonces la posibilidad de políticas internacionales de solidaridad, de democracia económica, de asunción de la pobreza evangélica, llegando a crear nuevos sujetos sociales, con una nueva escala de valores antropológicos y una nueva finalidad para la vida personal y colectiva.
4. Sentir como propio el dolor de los oprimidos
Hacer propia la cultura del samaritano ante el prójimo necesitado: sentir como propio el dolor de los oprimidos, aproximarse a ellos y liberarlos.

Sin este compromiso, toda la religiosidad es falsa:
“El cristianismo originario presenta unos valores de fondo que vistos en su conjunto configuran un determinado espíritu o fuerza socio-vital muy importante para la izquierda. La primacía de los últimos, la pasión por su liberación, la crítica de las riquezas, la cercanía a las víctimas de la explotación, el anhelo por construir la fraternidad desde la justicia y más allá de éste, la apuesta por un estilo de vida centrado en la desposesión y comunión de bienes, la unión entre el cambio de la interioridad del hombre y la transformación de la historia, etc. son propuestas vitales muy valiosas para la cultura socialista.” (3)
NOTAS
(1) R.DIAZ SALAZAR, La izquierda y el cristianismo, Taurus, 1998, p. 342.
(2) Idem, p. 354.
(3) Idem, p. 399

   
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