REFLEXIÓN ABIERTA SOBRE LA GESTACIÓN SUBROGADA

Mariella Ferreccio
Grupo Editorial de Redes

Este escrito no refleja ninguna posición oficial de Redes Cristianas, sino que aspira únicamente a contribuir a una reflexión sobre esta cuestión y profundizar en algunos de los aspectos menos abordados en los artículos de la prensa española que se han publicado en las últimas semanas sobre este tema.
Ya es una realidad: el número de personas que cada año acude a la técnica de la gestación subrogada crece en España y en todo el mundo. La gestación subrogada ha vuelto a ser objeto de debate político en España en las últimas semanas y numerosos artículos en la prensa española han tratado esta delicada cuestión (más adelante se recoge un listado de enlaces).
Desde Redes Cristianas consideramos necesario abrir una reflexión sobre si debe regularse o no, y en caso de hacerlo, cómo regularlo. Ante un tema tan complejo, nos proponemos abordar la reflexión desde distintas perspectivas: la de la mujer gestante, la de los padres de intención y la del futuro bebé.
1. La mujer gestante: ¿se mercantiliza su cuerpo?
Muchas de las críticas que recibe la gestación subrogada se basan en la idea de que se presta a ser una nueva forma de explotación del cuerpo de la mujer, convirtiéndolo en un objeto de compraventa y vulnerando sus derechos humanos. Argumentan que, salvo que a la mujer gestante le mueva únicamente el altruismo hacia aquellas personas con dificultades para tener hijos de forma natural y no vaya a percibir ninguna compensación económica (modelos canadiense o británico, en los que la gestación subrogada está regulada en su versión altruista), en la práctica la inmensa mayoría de las mujeres dispuestas a gestar a un bebé para otros van a ser mujeres que buscan una compensación económica debido a la precariedad de su situación, como hemos visto que sucede con frecuencia en países como Ucrania o la India. Cuestionan hasta qué punto tiene una mujer libertad real para decidir sobre su cuerpo y sobre su vida cuando hay de por medio relaciones de profunda desigualdad económica (y por tanto, de poder). Es la postura, por ejemplo, de No Somos Vasijas, que denuncia en su manifiesto el control ejercido por parte de terceros sobre el cuerpo de la mujer gestante, la negación de la capacidad de decisión de la mujer durante la gestación cuando ha firmado un contrato, y la mercantilización del deseo de ser padres, entre otras cuestiones.
Sin embargo, otras posturas niegan que exista una mercantilización del cuerpo de la mujer, niegan que exista siempre un abuso de poder y consideran que la mujer plenamente informada y no coaccionada por la precariedad económica tiene libertad para tomar decisiones sobre su propio cuerpo, incluso si implica interrumpir un embarazo o donar su capacidad de gestar a terceros. Esta postura, por tanto, plantea el debate más bien sobre las condiciones que deben cumplirse para que una mujer pueda elegir libremente gestar para otras personas, ya sea de forma altruista o a cambio de compensación económica. Argumentan que una regulación estricta (como la del Estado de California, donde la práctica de la gestación subrogada se lleva a cabo desde hace más de 30 años) evita las situaciones de abuso y protege los intereses de la mujer gestante durante todo el proceso.
Entre tanto, la comunidad médica y los especialistas en bioética no llegan tampoco a un consenso sobre esta cuestión y algunos plantean si es posible regular la gestación subrogada como si se tratara de un trasplante de órganos, asumiendo que hace falta regular esta técnica de reproducción asistida por ser una necesidad social con una demanda en aumento, ya que la maternidad tardía en nuestro país (en gran parte por la falta de estabilidad económica que sufren actualmente los jóvenes) va ligada a un aumento de problemas de infertilidad. En ese debate también entra en juego la compensación económica de la gestante. Algunos opinan que debería estar permitida la compensación, al igual que se compensa económicamente a los participantes en ensayos clínicos, a los donantes de semen o a las donantes de ovocitos por las molestias ocasionadas de participar en dichos procesos. No nos consta que en algún momento se haya abierto un debate sobre si la donación de esperma supone una mercantilización del varón y de su capacidad reproductiva.
En cualquier caso, para que una mujer pueda decidir libremente si desea donar su capacidad de gestar, es fundamental que conozca en primera persona el proceso del embarazo y del parto, con todas las implicaciones y las consecuencias que conlleva. En los países que tienen regulada la gestación subrogada de forma estricta se sigue un exhaustivo proceso de selección de las candidatas a ser gestantes para minimizar los problemas que pudieran surgir. Se exige que la posible gestante cumpla una serie de requisitos médicos y psicológicos, que se encuentre en una situación de estabilidad económica y que su motivación principal sea el altruismo. No solo por motivos médicos, sino también por motivos psicológicos, se elige como candidatas a mujeres que ya tengan al menos un hijo y que estén seguras de que no desean tener más hijos.
También se requiere que hayan tenido embarazos y partos sin complicaciones. Obviamente, esto no es ninguna garantía de que un nuevo embarazo se vaya a desarrollar sin problemas, pues las complicaciones pueden surgir en cualquier momento. Para muchas mujeres, el embarazo suele ser un proceso muy duro a nivel físico y emocional, aunque por supuesto cada mujer lo vive de forma distinta e incluso una misma mujer puede vivir de forma diferente cada embarazo. Náuseas, vómitos, malestar estomacal, digestiones pesadas, acidez, aversión a ciertos olores y sabores, cansancio y somnolencia, dolor de cabeza, hinchazón, mareos, cambios de humor, etcétera, forman parte de los síntomas más frecuentes. Incluso una mujer joven y totalmente sana puede sufrir estos síntomas con tal intensidad que pueden llegar a dificultarle seriamente hacer una vida normal durante un cierto tiempo.
Por estos motivos, en caso de regular la gestación subrogada en nuestro país en su versión altruista, muchos señalan que no es en absoluto descabellado que la mujer gestante reciba una compensación económica por las molestias, pues aunque su motivación principal sea querer ayudar a las personas que no pueden gestar a sus propios hijos (y a veces se trata de una persona conocida a la que quieren ayudar), muchas mujeres –aun estando perfectamente sanas y sin tener un embarazo de riesgo– no pueden trabajar al mismo ritmo que antes de estar embarazadas, y por tanto el largo proceso del embarazo puede afectar notablemente a su vida laboral y a su situación económica. Las mujeres que trabajan por cuenta ajena no siempre pueden cuidarse durante el embarazo como necesitarían por falta de facilidades para conciliar su puesto con su nuevo estado y por miedo a sufrir un despido. Las mujeres que trabajan por cuenta propia, si bien pueden tener más facilidades para atender sus necesidades durante el embarazo, pueden perder productividad y pueden ver sus ingresos seriamente mermados durante las semanas de mayor malestar físico. El bienestar físico y emocional de la mujer gestante repercute también en el bebé que gesta.
Otra crítica contra la gestación subrogada es que produce daños psicológicos a las mujeres gestantes. Sabemos que en los países sin regulación o con una débil regulación se han presentado casos de mujeres que se han negado a entregar al bebé que gestaban a los padres de intención o que han sufrido sentimientos de angustia, tristeza o culpa tras la entrega. Sin embargo, los partidarios de la gestación subrogada –que insisten en que ni apoyan la explotación de la mujer ni se despreocupan de su bienestar durante y después del embarazo– aseguran que estos casos se deben a un inadecuado proceso de selección de la mujer gestante. Pueden surgir conflictos y quedar secuelas psicológicas en la mujer gestante con mayor frecuencia cuando la motivación principal es la económica. Afirman que en los países con una regulación estricta las gestantes cuentan con el asesoramiento de su propio abogado, además del asesoramiento de la agencia, y que la regulación de estos Estados (como California) protege sus intereses incluso en el caso de que el proceso se llevase a cabo sin una agencia de por medio. Es interesante destacar que en la regulación del Estado de California la gestante es compensada incluso si el embarazo termina con un aborto espontáneo (recordemos que por lo general el 20 % de los embarazos detectados termina de forma natural en aborto espontáneo, aunque este porcentaje aumenta con la edad de la mujer, sobre todo a partir de los 35 años).
En los procesos de selección que llevan a cabo las agencias de subrogación se rechazan a las mujeres con inestabilidad psicológica y los perfiles de mujeres que puedan sentirse muy ligadas al bebé que gestan. Además, alegan que en los países con una regulación estricta el embrión que se le implanta a la gestante mediante la técnica de la fecundación in vitro procede de los gametos de los padres de intención (o en caso de que alguno de ellos o ambos no puedan aportar sus gametos, se recurre a la donación de óvulos o de semen, pero nunca serán los de la gestante o su pareja), de modo que la gestante no posee ningún vínculo genético con el bebé que gesta, lo que no quita que sí se cree un vínculo a nivel hormonal y epigenético.
En los países con regulación estricta donde el perfil de la gestante seleccionada tiene como motivación principal el altruismo, muchas gestantes afirman que el proceso de la gestación les ha aportado un sentimiento de realización personal y autoestima al haber podido ayudar a otras personas, y que el cariño que han sentido hacia el bebé que gestaban era similar al que experimentan hacia los hijos de sus amigos, pero que en ningún momento se sintieron madres de ese bebé (algunos cuestionan si eso puede ser bueno para la criatura). Dicen también que muchas mujeres gestantes conservan una buena relación con los padres de intención, que no siempre se trata de una relación fría.
Sin embargo, hasta el momento faltan estudios concluyentes sobre este tema, pues los pocos estudios que hay han empleado un tamaño de muestra reducido. Hasta ahora no se ha podido demostrar que haya más casos de depresión postparto o secuelas psicológicas en gestaciones subrogadas en comparación con embarazos propios, pero habrá que seguir investigando.
Es un debate complejo en el que se mezclan la libertad individual y el contexto social. Muchas voces se alzan diciendo que la cuestión de la libertad individual no tiene en cuenta que vivimos en un sistema neoliberal con una estructura patriarcal en el que los mercados oprimen a las personas y por tanto la libertad real de elegir es un espejismo. Otras voces responden diciendo que en este sistema cualquier aspecto de nuestras vidas puede ser objeto de violencia o abuso, y que para eso se busca una regulación estricta con unas leyes que prohíban y castiguen el abuso, del mismo modo que no por que exista trabajo esclavo se prohíbe el trabajo, sino que se regulan las condiciones laborales para proteger al trabajador e impedir los abusos.
2. Los padres: ¿existe el derecho a ser padre o madre?
Esta pregunta es otro frente abierto. Mientras unos afirman que no todo deseo puede convertirse en un derecho –menos aún si daña los derechos de otros–, los defensores de la gestación subrogada argumentan que la lucha por los derechos se ha ido logrando a medida que surgían las necesidades y la conciencia social sobre convertir esa necesidad en derecho, y alegan que apuestan por un modelo de regulación de esta técnica que no dañe los derechos de nadie.
Para muchas personas la paternidad/maternidad no es un capricho, es una vocación de trascendencia, amor y proyección hacia otro ser, vocación en gran parte predispuesta por los mecanismos de nuestra herencia evolutiva para perpetuar la especie. Para muchas de estas personas constituye su mayor ilusión y su principal proyecto de vida. Por eso muchos que no pueden tener hijos de forma natural o que han perdido algún embarazo arrastran un enorme sufrimiento. Esta situación a menudo conlleva un proceso de duelo que toca fibras muy sensibles, pues los problemas de esterilidad e infertilidad a menudo debilitan la autoestima, cuestionan la propia identidad, el propio valor y el proyecto de vida que uno tiene. A algunas personas, las dificultades para lograr quedarse embarazadas o para que sus embarazos lleguen a término les refuerzan su deseo de ser padres. Y algunos ven en las técnicas de reproducción asistida la única esperanza de hacer realidad su proyecto de vida.
¿Pero por qué no optar entonces por la adopción? En primer lugar, porque la paternidad y la maternidad biológicas y la adopción son sencillamente vocaciones distintas que no tienen por qué tener todas las personas o parejas. Tal vez hemos asumido que la adopción es la opción que les queda a aquellas parejas o personas que no pueden tener hijos de forma natural, y tal vez no sea un planteamiento adecuado pensando en el bien del menor. La adopción es una medida de protección para los menores en situación de desamparo, es una vocación que surge con el deseo de dar un hogar, amor y protección a aquellos niños y niñas que se han visto privados de ello, independientemente de que la persona o pareja que quiera adoptar pueda tener hijos de forma natural o no.
Los menores que han sufrido el trauma del abandono o la pérdida de sus progenitores vienen con una historia difícil detrás, una historia que no empezó el día en que nacieron, sino que influye en su desarrollo cómo haya vivido la madre el embarazo: si estaba tranquila o estresada, si se alimentaba de forma adecuada o no, si estaba expuesta a sustancias nocivas…
Por tanto, debemos ser conscientes de que los niños y niñas que están a la espera de ser adoptados o acogidos de forma temporal pueden tener unas necesidades especiales y a veces también condiciones médicas específicas. Las personas que se vayan a hacer cargo de estos menores deben tener la capacitación y los medios adecuados para atender las necesidades que esto conlleva, para que puedan restablecer su capacidad de vincularse con otras personas y relacionarse de forma sana en caso de que sean menores que han pasado mucho tiempo desatendidos. Y, de hecho, los Estados lo planten así: la prioridad es la protección y bienestar del menor, no la necesidad de los posibles padres/madres de llenar un vacío afectivo.
Algunas personas que han acudido a charlas de información sobre la adopción relatan que salieron muy desanimadas de las reuniones, pues les explicaron que la adopción es un derecho de los menores, no de las personas que desean adoptar. Además, para que las personas con problemas de esterilidad e infertilidad puedan ser candidatos aptos para adoptar deben haber superado el duelo por no poder tener hijos biológicos. Tampoco se considera que una persona sea idónea para adoptar si ha pasado por una enfermedad grave (por ejemplo, un cáncer), aunque se disponga de informes médicos que indiquen que esa persona está recuperada.
También desaniman enormemente las barreras burocráticas y la espera incierta de años, tanto para la adopción nacional como la internacional (menor en este último caso, aunque empieza a ser cada vez más larga). Hay parejas que se han gastado decenas de miles de euros en un proceso internacional de adopción, han esperado varios años y se han encontrado con que la política de adopciones del país elegido (solo se puede iniciar el proceso en un país al mismo tiempo) ha cambiado y al final no han podido adoptar a ningún niño. Muchos denuncian que a menudo los procesos de adopción internacional se parecen más a un negocio que a una labor humanitaria. La adopción nacional, aunque no conlleva gastos, presenta otras dificultades, como un mayor tiempo de espera, sobre todo si se desea adoptar a un bebé. En España, hasta hace unos años, el proceso duraba 8 años de media, aunque recientemente ha bajado a 4 por el aumento de la adopción internacional (que aun así ha descendido por la crisis económica). Muchas parejas, después de estar varios años esperando, terminan siendo borradas de las listas por superar la diferencia máxima de edad exigida (no puede sobrepasar en 40 años la edad del menor).
Las parejas homosexuales o personas solteras que quieran adoptar tienen bastante restringidas sus opciones en caso de querer optar por la adopción internacional, pues muchos países de entre los que permiten adoptar a extranjeros (muchos países no lo permiten porque consideran que es perjudicial para el menor apartarlo del entorno que le es familiar) solo permiten esta posibilidad a matrimonios heterosexuales. La aprobación en España de las leyes que permiten la adopción a parejas homosexuales y personas solteras ha causado que muchos países rompan los convenios de adopción que existían con España.
Numerosas voces reclaman que se faciliten y agilicen los procesos de adopción para que no haya tantos menores sin padres y mal atendidos y al mismo tiempo tantas familias a la espera de poder adoptar a un menor. Este problema en parte está generado por el tiempo que se tarda en declarar a un menor en situación de desamparo, pues a menudo se espera a que los problemas de la familia de origen del menor se solucionen, lo que no siempre ocurre, pero mientras tanto los años pasan y esos menores tienen cada vez menos probabilidades de ser adoptados.
Al mismo tiempo, otras voces reclaman que se subvencionen los tratamientos de fertilidad e incluso la gestación subrogada. Algunos dicen que su regulación solo en la versión altruista no cubriría toda la demanda que hay. Posiblemente sea cierto, aunque de momento parece ser la opción más respetuosa con todas las partes implicadas.
La maternidad y la paternidad siempre implican un servicio y una entrega hacia otro ser humano al que dotar de herramientas para la vida, pero posiblemente haya que aceptar que la maternidad/paternidad biológicas, la adopción y la acogida temporal son sencillamente proyectos de vida distintos y vocaciones diferentes.
3. El bebé: ¿qué derechos tiene?
Otra cuestión importante, y posiblemente la menos abordada en este debate sobre la gestación subrogada, es si el bebé gestado mediante esta técnica sufre daños irreparables al ser separado de la mujer que lo ha gestado. Así lo afirma la psiquiatra infantil Ibone Olza, que recoge las palabras del neonatólogo Nils Bergman: “Lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que le separen de su madre”.
A día de hoy somos absolutamente conscientes de lo importante que es para el bebé recibir atención por parte de su principal figura de apego, que suele ser la madre puesto que acostumbra a ser quien le provee el alimento y porque han compartido el vínculo del embarazo: el bebé reconoce la voz de su madre y está familiarizado con el latido de su corazón, los sonidos de su cuerpo y su olor. Aunque más importante aún que el alimento es el contacto físico: el bebé necesita ser cogido en brazos, ser acariciado, acunado, mirado y atendido. Es fundamental para su adecuado desarrollo y bienestar, tanto a nivel físico como emocional. Influirá en su autoestima, en su autonomía y en la calidad de los vínculos que establezca con otras personas a lo largo de su vida.
Se sabe también que el parto es un momento que genera un enorme estrés para el bebé, pues abandona el único entorno que conocía hasta el momento y se enfrenta a un mundo nuevo lleno de estímulos desconocidos. Por eso ahora se insiste tanto en la importancia del contacto piel con piel entre el bebé y la madre (o el padre cuando la madre no puede) nada más nacer (y la separación solo se justifica en casos de necesidad médica), pues contribuye al adecuado desarrollo cerebral del bebé y a comenzar a establecer este vínculo de apego que le permitirá sentirse seguro, confiado y protegido (además de que facilita el inicio de la lactancia, evita que el bebé sufra hipotermia, reduce el riesgo de muerte súbita del recién nacido y otros innumerables beneficios).
Los investigadores que continúan estudiando la teoría del apego afirman que el padre u otro cuidador que establezca con el bebé el vínculo de ser su cuidador principal (y que por tanto esté atento y disponible para satisfacer las necesidades del bebé) puede tener un vínculo de apego tan fuerte como el que surge entre la madre y el bebé.
Muchos padres que han tenido a sus hijos mediante la técnica de la gestación subrogada afirman que son conscientes de todo esto y que por eso hacen piel con piel con el bebé en cuanto nace. Defienden que ese bebé, después de todo el esfuerzo que han hecho por tenerlo, llega a una familia donde es profundamente deseado y amado, donde se van a preocupar de él/ella y de su bienestar. Posiblemente regular la gestación subrogada en nuestro país permitiría también que los padres de intención pudieran tener un mayor vínculo con la mujer que gesta a su bebé, acompañarla a los controles médicos, estar presentes en el parto y velar por el bienestar de la gestante también después del parto.
Aunque no podemos negar que la evolución ha dispuesto una serie de mecanismos que facilitan que un recién nacido reciba de sus padres biológicos la atención y los cuidados que necesita, tampoco son mecanismos infalibles, o de lo contrario no veríamos a tantos padres y madres que no se ocupan de sus hijos biológicos de forma adecuada o que directamente se desentienden de ellos.

Más información para profundizar sobre el tema:
– Gestación subrogada a nivel internacional: ¿Dónde es legal? Babygest.
– Las técnicas de reproducción asistida y su uso en gestación subrogada. Babygest.
– Documental: Vientres de alquiler: ¿dilema moral? RT en Español.
– Documental: Madres de alquiler. RT en Español.
– Surrogacy: the experiences of surrogate mothers. Human Reproduction. Oxford Academic. October 2003.
– Libro blanco sociosanitario. La infertilidad en España: situación actual y perspectivas.
– Estado actual de la teoría del apego. Oliva Delgado, A. Revista de Psiquiatría y Psicología del Niño y del Adolescente, 2004, 4 (1); 65-81.
– Documental: Educación emocional desde el útero materno. Redes.
– El apego. ¿Por qué es importante y cuáles son las consecuencias de no tenerlo? Omicrono.
Enlaces a artículos:
– La gestación subrogada es violencia. Blog de Ibone Olza. 29/03/2017.
– ¿Puede regularse la gestación subrogada cual si fuera un trasplante de órganos? Doctor Neyro, 27/03/2017.
– Argumentos contra la gestación subrogada en su versión “altruista”. eldiario.es, 08/03/2017.
– Debate subrogado. El País, 28/02/2017.
– Por qué California es la meca de la gestación subrogada. El País, 23/02/2017.
– Canadá y los vientres altruistas. El País, 21/02/2017.
– “Mamá, ¿vengo de tu tripita?” El País, 21/02/2017.
– Gestación subrogada, el dilema de gestar al hijo de otros. El País, 19/02/2017.
– La gestación subrogada enfrenta a feministas y grupos LGTB. El País, 19/02/2017.
– Vota: ¿Se debe legislar sobre la gestación subrogada? El País, 18/02/2017.
– Guía para tomar partido en la gestación subrogada (o en los vientres de alquiler). Verne, El País, 13/02/2017.
– La necesaria maternidad subrogada. El Mundo, 11/02/2017.
– No somos ovejas. El País, 09/02/2017.
– El debate de la gestación subrogada tensa a los partidos. El País, 07/02/2017.
– Mujeres horno. El País, 2/02/2017.
– La gestación subrogada, un contrato nulo para España. El País, 29/11/2016.
– En respuesta a la intervención de Alicia Miyares en la mesa redonda sobre gestación subrogada, por Noelia Oses Fernández. Femimagazine, 06/11/2016.
– Las solicitudes de adopción nacional e internacional se desploman en España. El País, 12/09/2016.
– ¿Me financias mi bebé? El País, 29/03/2016.
– En defensa de la gestación subrogada. Juan Ramón Rallo, 25/03/2016.
– Vientres de alquiler en India: abstenerse extranjeros. Público, 20/11/2015.
El debate sobre los vientres de alquiler se aviva en España: ¿mujeres vasija o altruistas? eldiario.es, 18/07/2015.
– Mercado, vientres de alquiler, prostitución, aborto… El mismo debate. eldiario.es, 30/06/2015.
– ¿Mi útero, mi decisión? Maternidad subrogada, prostitución y aborto. eldiario.es, 26/06/2015.
– Las familias española buscan vientres de alquiler ‘baratos’. El País, 01/05/2014.
– “El 40% de nuestros clientes son españoles; antes eran el 50%”. El País, 01/05/2014.
– Por qué adoptar es cada vez más difícil. eldiario.es, 28/03/2014.
– La gestación subrogada reclama su legalización en el Orgullo LGTB. eldiario.es, 08/07/2013.
– La tasa de infertilidad llega al 17% de la población y seguirá creciendo. La Vanguardia, 05/04/2013.

 

 

 

 

 

La gestación subrogada es una práctica que crece a nivel mundial y que enfrenta a personas con distintos intereses, por lo que no es fácil llegar a una solución que satisfaga a todas las partes. Desde Redes Cristianas nos preocupa especialmente la salud y el bienestar de la mujer gestante y del menor, y por ello nos proponemos discernir si es una práctica que puede ser éticamente aceptable o si bien conviene rechazarla (en otro artículo se expondrán ciertos argumentos con mayor profundidad). Cualquier persona que investigue sobre este tema descubre que las circunstancias en las que se lleva a cabo pueden ser sumamente variadas en función de la regulación de cada país y la protección que dicha legislación brinda a la mujer gestante. A menudo se critica que la gestación subrogada supone una nueva forma de explotación del cuerpo de la mujer y su capacidad reproductiva, ya que se aprovecha la situación desfavorecida y precaria de muchas mujeres –situación que limita su capacidad de elección– para obtener a cambio un bebé que se convierte en producto de una transacción económica. Si observamos cómo se lleva a cabo la práctica de la gestación subrogada en ciertos países donde existe un vacío legal que regule esta práctica o bien donde la regulación no es muy estricta, encontramos numerosos casos en los que no hay duda de que se ha producido una clara vulneración de los derechos de muchas mujeres. Encontramos casos de mujeres que se han prestado a alquilar su vientre por necesidad económica y han sufrido secuelas psicológicas tras entregar al bebé, casos de mujeres que han firmado contratos de subrogación sin garantías de haber recibido información fiable sobre el proceso y sus riesgos (por ejemplo, en la India muchas mujeres pobres y con escasa formación firmaban contratos redactados en inglés sin ser esta su lengua materna), casos de mujeres que no han recibido una atención médica y psicológica adecuada tras entregar al bebé, casos de mujeres que no han recibido compensación económica si el embarazo no llegaba a término (recordemos que los abortos espontáneos son frecuentes)… Y como estas se han producido muchas otras situaciones de abuso de poder. En el extremo opuesto encontramos los casos de numerosas mujeres que, libre y voluntariamente, sin estar coaccionadas por la falta de recursos económicos y estando plenamente informadas, han accedido a gestar a los hijos de otros (a veces una hermana, una amiga o una persona cercana) motivadas principalmente por el deseo de ayudar. Es el caso, por ejemplo, de la mujer británica Carole Horlock, que tras tener a sus dos hijos ha sido gestante subrogada en trece ocasiones y ha afirmado que no le cuesta entregar a los bebés y que «ayudar a tener un hijo a una pareja que a lo mejor lleva 15 o 20 años intentándolo es apasionante, incluso más apasionante que tener tus propios hijos». Si consideramos que la donación de la capacidad de gestar no necesariamente se produce en un contexto de abuso de poder y puede ser equiparable a la donación de órganos en vivo, como plantean algunos profesionales sanitarios, ¿no estaríamos cayendo en una actitud paternalista al impedir que una mujer plenamente informada (que cumple todos los requisitos de idoneidad, física y psicológicamente) pueda gestar libremente al hijo de otros, ya sea de forma altruista o incluso con una compensación económica por las molestias sufridas durante todo el proceso? No queremos dejar de mencionar, como dato relevante para esta reflexión, que muy recientemente, tras ocho meses de trabajo, el Comité de Bioética de España (CBE) ha elaborado un Informe sobre los aspectos éticos y jurídicos de la maternidad subrogada. En él recomienda prohibir a nivel internacional los contratos de gestación por sustitución, ya sea de forma lucrativa o altruista, puesto que considera que siempre implica “una explotación de la mujer y un daño a los intereses superiores del menor” y que, por tanto, “no puede aceptarse por principio”. Desde Redes Cristianas nos posicionamos en contra de las malas prácticas en gestación subrogada que no velan adecuadamente por los derechos de la mujer gestante durante todo el proceso. Por otro lado, consideramos que puede ser legítimo que una mujer decida donar libre y voluntariamente su capacidad de gestar a terceros, al menos en la modalidad altruista.

   
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