Moceop

Bautizo2.jpgAcompañados por la Gran Familia MOCEOP, junto con nuestros familiares y amigos más íntimos, el día 20 de mayo celebramos el Bautismo de nuestro hijo Pedro Gabriel.
La eucaristía final del Encuentro Estatal de MOCEOP nos pareció el momento ideal para hacerlo, porque así sería la comunidad con quien más nos identificamos la que recibiría y acogería al nuevo miembro.
El tema de este encuentro, El Camino, venía también como anillo al dedo, porque también nosotros hemos recorrido otro largo camino, con sus dificultades, hasta llegar a casa con nuestro hijo en los brazos. En el anterior encuentro, en torno al tema de la Familia, participamos con nuestra experiencia como familia sin hijos y, al final de nuestra intervención, comunicamos que ya habíamos iniciado los trámites de adopción internacional de un menor, una gran noticia y una gran decisión, la mejor de nuestra vida.

Fue muy emocionante presentar los frutos de aquella iniciativa ante la misma comunidad y ante Dios, en ese último domingo de Pascua

Los versos de Antonio Machado con música de Serrat fueron el mejor comienzo que Andrés y Tere pudieron elegir para la celebración, porque nos dieron la oportunidad de reflexionar sobre tantos caminos recorridos juntos, en diferentes momentos de nuestra vida, y especialmente estos últimos caminos sobre la mar, que nos han llevado a cruzar océanos buscando otra orilla, donde nos esperaba nuestro hijo (que nació en Santo Domingo, República Dominicana). Andrés y Tere prepararon la celebración de la eucaristía con mucho cariño, y eso también fue una gran ayuda, como la asistencia de tantos familiares y amigos, que nos acompañaron incondicionalmente, como siempre, hasta El Espinar (Segovia).

Como en todas las celebraciones de MOCEOP, el ambiente fue de verdadera fraternidad, que es lo más importante, sentirse como en casa para llamar a Dios PADRE. Para nuestro hijo, fue el mejor regalo de iniciación cristiana: la acogida de una comunidad viva, de personas entrañables, donde no hay puestos de preferencia ni privilegios, porque si todos somos iguales ante Dios, no caben distinciones de ningún tipo. El clima era de absoluta confianza, también para quienes se acercaban a MOCEOP por vez primera, porque todo el mundo se sintió muy a gusto. Para nosotros fue muy emocionante poder bautizar a nuestro hijo en ese ambiente y con nuestras propias manos, llenas de amor, ayudados por los padrinos, Javi y Raquel, y arropados por tantas personas queridas e importantes en nuestra vida. Todos soltamos alguna que otra lagrimita, emocionados por el momento y las hermosas palabras de unos y otras.

Pedro Gabriel acabó dormidito. Los asistentes encantados, hasta quienes no frecuentan las celebraciones religiosas se animaron a participar: recuerdo con cariño a algunas personas de nuestro entorno, totalmente alejadas de los ámbitos eclesiales, cantando el Credo de la Misa Campesina con verdaderas ganas (alguien comentó, incluso, que si fueran así las misas, iría todos los domingos).

En fin, un día muy feliz para nuestra familia, que nunca podremos olvidar, porque nuestro querido hijo Pedro Gabriel pasó a formar parte de la gran familia universal que formamos los amigos de Jesús.

   
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